La influencia de la imagen en nuestros días es innegable. El bombardeo publicitario constante con mensajes explícitos y subliminales que nos dicen que el éxito es de los bellos, vestidos con marcas caras y el celular más moderno, dio sus frutos.
Pretender brindar una buena imagen no es malo. Lo peligroso es cuando esa imagen deseada se basa en un prototipo inalcanzable. Así, este culto se instaló con efectos colaterales, como la bulimia, la anorexia, la adicción a las cirugías plásticas, la depresión crónica por autoestima baja, etc.
Es innegable que todos exigimos cierta presencia de las personas que nos rodean y viceversa. Según dicen algunos expertos, la persona que nos ve por primera vez, nos percibe de la siguiente forma: en un 55% recibe una imagen visual, compuesta de nuestro atuendo, aspecto general, aseo, lenguaje corporal o no verbal y porte, o lo que se suele llamar presencia. Un 38% de la percepción es auditiva, en el sentido del tono, la cadencia y el timbre de voz. Y solo un 7% corresponde al discurso, a lo que decimos.
El problema es que esto no deja de ser una mirada extremadamente subjetiva y condicionada por la carga cultural del que mira. Lo cual convierte, muchas veces, un tema de frívola imagen en uno de discriminación.
Esto se ve mucho en nuestra ciudad. Es alarmantemente común, entrar en un negocio y que los empleados (especialmente mujeres) traten mal, con desgano y negligencia al potencial cliente que ingresa.
Contrariamente a los dueños que suelen ser muy cordiales.
Con la autoestima herida uno se pregunta que hizo mal. Nos revisamos. Nos decimos: "Me bañé, la ropa esta limpia y sin agüeros. No soy linda pero llevo el pelo lo más prolijo posible, dados el 98% de humedad y el "frizz" que me está matando". ¿Entonces que será? ¿Puedo solucionarlo? Si el problema es la falta de belleza, supongo que no, porque yo soy así y la cirugía plástica esta lejos de mi presupuesto. Si es por el exceso de peso… ¿acaso las "gorditas" no pueden hacer compras para sí mismas o para otros?... Si es por la falta de ojos claros y pelo rubio… podemos intentar hacer una inversión para provocar cambios pero quedaría grotesco con la tez mate, o al menos no estaba en los planes cambiarlo. Y así seguimos testeando cual fue la señal que le indicó a esa vendedora que no teníamos el poder adquisitivo para ser clientes de su local y la empujó a expresiones como: "eso es caro" ante la pregunta ¿Tenés más talles? O que atienda a todos los que llegan después ignorándonos alevosamente.
Uno deduce que quizás no trabajan a comisión por venta y les da igual. O que interrumpimos una charla interesantísima. O que cuando nos miró como un rastreador de metales de arriba abajo algo no combinaba e hirió su vista y su buen gusto.
Ninguneados, buscaremos otro comercio, aunque nos gustaba ESE modelo. Los más orgullosos, no volveremos al local que nos maltrató. Otros, con la autoestima hecha jirones volverán una y otra vez hasta sentir que fueron aceptados y sentirse gozosos por pertenecer. Porque todo se puede comprar… pero la mirada del otro no tiene precio…



