Querido Beto: En algunas de mis notas de la serie cartas al cielo, tuve palabras y reconocimiento para entrañables amigos del alma (vos conociste a alguno de ellos) de sorprendente sentido humanístico. Cité, en una oportunidad, al "pintor de París", Enrique Ahil, inolvidable cofrade de lides teatrales y soñador, creador de obras que pinacotecas del mundo muestran con orgullo su incomparable talento. En otra a Raúl Eduardo Russell, polifacético pintor y dibujante, titiritero y escenógrafo, realizador de los mascarones de los corsos de carnaval en una época imborrable en nuestra memoria, dicharachero y poseedor de un humor contagioso que ponía la impronta necesaria en cualquier reunión.
Recuerdo, Beto, (como también quería Raúl, el pintor), que pretendían me interesara por el fútbol, no porque yo fuera antifútbol, sino porque jamás me había metido con alma y vida, como vos o el artista, en las disputas en canchas donde alguna vez se enfrentaban San Lorenzo o River contra el club de los amores de mi niñez: Boca Juniors. Días previos al Mundial del 78, me dijiste: ¡Esta es tu oportunidad! ¡El Mundial se juega en la Argentina: ahora o nunca! Y seguí las alternativas del torneo, con entusiasmo.
Hace pocos días, si vieras como sufrí cuando la selección nacional tuvo que abandonar Alemania, con caras compungidas y ahora Beto, miro, disfruto y me angustio con el más popular de los deportes, verdadera "pasión de multitudes", como alguien dijo.
Pero fundamentalmente esta carta no está escrita para comentar el Mundial de Fútbol 2006, ya que quiero memorar tus desvelos junto a Jorge Modarelli, allá por el 74, los que lograron que la fiesta popular más importante de la ciudad sea la entrega anual de La Orden de la Campana, cuya 32° edición se cumplió el sábado 1° de julio en el Club Esso, repleto de ansioso público. (¡Cómo pasan los años, Beto!)
Con Elida y Alberto, ¿te acordás del esposo de Graciela?, asistimos al acto. Fui en mi silla de ruedas, ya que ella, (como camino poco), me da seguridad para los traslados. Vos seguramente recordaras la vieja debilidad muscular de mis piernas, desde hace largos años. Además, seamos realistas, ¡los años no vienen solos!
Estuvieron en el Acto Académico lo más representativo de la ciudad, en el más completo orden transversal: autoridades provinciales, municipales, instituciones sociales y culturales, representantes de federaciones comerciales e industriales de la provincia, etcétera.
El presidente de la Cámara Unión del Comercio y la Industria (CUCEI), Héctor Andrés Ghione, pronunció el discurso de apertura, previa entonación del Himno Nacional. Poseedor de poco común capacidad retórica, con improvisadas palabras, supo conmover al auditorio, con vocablos directos al corazón- como pretendían Aristóteles y Quintiliano- . ¡Que sensibilidad la del presidente, Beto, si lo hubieras visto y oído! Te recordó como fundador del lauro, junto a Jorge Modarelli, citando mi apoyo a la feliz iniciativa.
Con posterioridad a las emotivas palabras del titular de la CUCEI, llegó el turno de la entrega de los galardones, los diplomas y las "campanitas", conformando todo una ´sagrada´ y tradicional ceremonia.
Este año recibieron las distinciones Ana Dragone, por Acción Artística y Cultural; la Asociación de Diabéticos de Campana (ADIACA) por Acción Comunitaria; los hermanos Bucks, de la Despensa Don Samuel, por Acción Laboral y Comercial (¿te acordás Beto de Rubén y Alberto? Y mi entrañable discípula, amiga y mejor colega Marta Chaile, por Acción Periodística.
En el cierre actuó Marta Daniele, una de las más destacadas voces hoy, de la canción internacional, después de deleitarnos con obras del folklore y el tango, quien nos emocionó con su canto acompañada por el excelente conjunto musical que lidera Alfredo Zandri.
Beto: lo que ahora te cuento "es para alquilar balcones". En especial momento, precisamente cuando el actual Ministro de Desarrollo Social de la provincia y ex intendente de Campana Jorge Rubén Varela, encargado de la entrega del trofeo a Marta, la periodista, le dijo: ¡No puedo hablar de la emoción que tengo, siempre me pasa lo mismo!
Emoción que todos los presentes compartieron. En otra te contaré, más detalles en apostillas de la fiesta. Solo me queda, por ahora, despedirme con "un abrazo rompe costillas", como dicen los radioaficionados.
Cordialmente, porque la palabra etimológicamente, viene del corazón, tu amigo:
Ismael Garzón



