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» Este artículo corresponde a la Edición del jueves, 13/jul/2006 de La Auténtica Defensa.

Una fábula para Rincón Infantil
El dilema del más pequeño
Por Nora Basualdo Esteban




En la selva, como todos los años, se organizaban competencias deportivas para demostrar quién era el más veloz e inteligente de todos los animales. Para competir debían inscribirse grupos compuestos por tres integrantes y como premio sus contrincantes deberían abastecer de comida suficiente para pasar todo el invierno.

Todos hacían fila para anotarse, incentivados por el premio. Una ardilla que en la mayoría de los casos no la dejaban competir por ser pequeña, observaba los preparativos y luego se dirigió hacía donde estaba la cebra presumida y la jirafa arrogante; la ardilla le pidió integrar su grupo y las dos se negaron, contestándole que era muy pequeña y no querían perder por culpa de ella.

Me merezco una oportunidad, le dijo enojada la ardilla y las dos, entonces, esbozaron una sonrisa irónica, proponiéndole un trato: ¡Te dejaremos integrar nuestro grupo, pero si perdemos por tu culpa, te ocuparás de buscar nuestro alimento no sólo para el invierno sino para todo el año!

Contenta aceptó la ardilla, diciéndoles: ¡Si yo las ayudo a ganar, ustedes se ocuparan de atenderme y de enseñarles a todos los animales de la selva que se han burlado y que no deben discriminar a los demás por su tamaño! Las dos, burlándose, le contestaron: ¡Trato hecho!

Al día siguiente comenzaron las competencias y luego de algunas horas, varios grupos habían sido eliminados, quedando solo dos en carrera, el representado por la ardilla y el otro por tres elefantes pequeños.

Y llegó la última prueba; como la cebra y la jirafa se habían puesto de acuerdo para perder y darle un escarmiento a la ardilla, realizaron las últimas pruebas con pocas ganas, a propósito y solo ganarían si ella superaba el ensayo que le habían señalado.

Consistía en memorizar diez clases diferentes de hojas y recoger una rama de cada una.

La ardilla y el elefante estaban atentos a la señal para iniciar la competencia y luego de cumplido el tiempo estipulado, todos los animales estaban asombrados ante la inteligencia y agilidad de la pequeña competidora.

Mientras el elefante estaba desorientado y sin lograr recordar por lo menos cuantas ramas le faltaban, la ardilla no solamente había superado la prueba, sino que también había ayudado al elefante a quitar una pequeña rama que se le había trabado en un árbol. Este le dio las gracias, le pidió disculpas por las bromas pesadas que le había hecho, diciéndole que la defendería cuando alguien la molestara por su tamaño.

Fue la gran triunfadora. Todos los animales la ovacionaban, pasando a ser la ardilla más respetada de la selva, porque no solo había ganado sino que también les había demostrado que cada uno posee una capacidad especial, sin importar su tamaño.

La cebra y la jirafa le pidieron perdón y durante todo el año le consiguieron el alimento, cumpliendo con mucho respeto el trato que había pactado con ella.

Moraleja: "El tamaño no importa. Lo que uno debe tener en cuenta, son las diferentes capacidades que el otro posee para ofrecer".


La autora es alumna de Periodismo y Comunicación del Taller Escuela Mariano Moreno (TEMM).


 
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