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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 16/jul/2006 de La Auténtica Defensa.

Entre la espada y la pared
por Martín Hermida




Buenos Aires (Especial de NA por Martín Hermida) –- Había un cierto clima que presagiaba un posible fallo adverso del Tribunal Internacional de La Haya en torno a la disputa con Uruguay por las papeleras. Pero la contundencia de la resolución dada a conocer por la Corte cayó mal entre más de un funcionario argentino.

Es que en algunos pasillos del poder reconocían que si bien era difícil que se aceptara lisa y llanamente la suspensión de las obras en las dos plantas de pasta de celulosa –pedido que había formulado la delegación argentina-, al menos abrigaban la esperanza de una solución intermedia.

Por ejemplo, que se impusiera la obligación de hacer un estudio de impacto ambiental conjunto o bien que se dispusiera un plazo breve de suspensión de las obras, mientras se seguía estudiando el caso.

En términos futboleros, el hecho de que la decisión de la Corte haya sido adoptada casi por unanimidad, por 14 votos contra apenas 1 (éste último el de un miembro "ad hoc" argentino), dejó el sabor amargo de una "goleada", de esas que humillan.

La única carta a favor que salió a mostrar el Gobierno (de manera sobreactuada) fue el punto 78 de la resolución dada a conocer en La Haya, que deja abierta la puerta para que, en caso de que se demuestre al final del proceso un daño al medio ambiente, se pudiera disponer el "desmantelamiento" de las plantas. Sin dudas, celebrar eso, deja gusto a poco.

Desde el lado uruguayo, uno de los primeros en hablar públicamente, el canciller Reinaldo Gargano, dijo que no había que tomar esto como una cuestión de vencedores y vencidos, e insistió con la instancia del diálogo. La misma que había quedado prácticamente clausurada por la intransigencia de los dos presidentes y por la falta de soluciones alternativas en el horizonte.

Pero al mismo tiempo, desde el Gobierno de Tabaré Vázquez se encargaron de dejar bien en claro que este fallo les daba la razón en cuanto a que las plantas –supuestamente- no deberían provocar un alto nivel de contaminación, al tiempo que era necesario garantizar seguridad a los inversores extranjeros.

Aquí, mientras tanto, las primeras líneas del Gobierno optaron el primer día por el "silenzio stampa" y dejaron que la voz cantante la llevaran la Cancillería (por los canales oficiales) y la flamante secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti, que dicho sea de paso arribó a ese cargo a partir de su intervención en este tema junto a los asambleístas de Gualeguaychú.

Recién un día después el Gobierno reaccionó y salió con un comunicado firmado por el Presidente, en el que ratificó que continuará adelante con el juicio en La Haya a pesar del primer fallo adverso y adelantó que planteará seguramente nuevas medidas "provisionales" en el futuro.

Y también dejó en claro que las obras de las pasteras no son "compatibles" con la preservación del medio ambiente, por lo cual aseguró que seguirá insistiendo ante los inversores extranjeros para que no pongan dinero en esos emprendimientos.

En tanto, Picolotti, entre otras frases, dijo que el fallo tiene "cosas buenas para la Argentina", no hay que "vivirlo como una derrota" y no implica que la construcción de las plantas de pasta de celulosa sea "un hecho consumado".

Esto casi suena a un discurso en el que se califica a una derrota como "digna", como si se tratara de la definición por penales ante Alemania que dejó afuera al Seleccionado en el Mundial de fútbol.

¿Alguien puede considerar en serio que un fallo de estas características sea "positivo" o "esperanzador". Por lo pronto, la Cancillería, que señaló: "El Gobierno argentino toma nota con satisfacción de que la Corte contempla expresamente la garantía de disponer el desmantelamiento de las plantas si, durante la sustanciación del caso se demostrara que ellas causan daño ambiental irreparable".

Si bien el Tribunal dejó en claro que por el momento "no existe ningún elemento que demuestre que la construcción de las plantas signifique un peligro inminente de daño irreparable al medio ambiente", para la Cancillería también debe entenderse que "la construcción de las obras en su emplazamiento actual no puede ser considerado como un hecho consumado".

¿Cuál es el escenario ahora? Por lo pronto, la semana próxima la ciudad de Córdoba albergará a los mandatarios que participarán de la Cumbre del Mercosur. Allí es probable –como se adelantó desde aquí-que Kirchner y Tabaré mantengan un encuentro bilateral donde este tema sea el eje y el protagonista casi excluyente.

Claro que el Gobierno aparece ahora entre la espada y la pared: debe acatar un fallo que es –desde el vamos- inapelable; tiene que tratar de conciliar un discurso de fuerte tono "medioambiental" (como el que hizo el Presidente en el recordado acto en Gualeguaychú) con la necesidad de dialogar con un país vecino; y finalmente tiene que enfrentar a toda una población que advirtió que no se bajará de la lucha contra la instalación de las plantas en Fray Bentos.

A priori, el día después aparece muy complejo. Todos los flancos no van a poder ser atendidos. Y entonces habrá que elegir una opción sobre la cual recostarse.


 
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