Buenos Aires (Especial de NA, por Mariano Spezzapria) -- El presidente Néstor Kirchner se prepara para protagonizar una cumbre del Mercosur en un ambiente político tenso, puesto que las relaciones con Uruguay y Chile no pasan por su mejor momento pese a que se trata de gobiernos de similar sentido ideológico que el argentino.
Tampoco la Casa Rosada colmó las expectativas del Gobierno paraguayo en la reciente visita de Kirchner a Asunción, donde Nicanor Duarte Frutos aspiraba a cerrar un acuerdo para que se le condonara a su país al menos una parte de la millonaria deuda que tiene con la Argentina por la represa de Yacyretá.
Pero a todas luces el conflicto más complicado que afronta por estos días la Casa Rosada lo tiene con Uruguay: el fallo adverso de la Corte Internacional de La Haya puso contra las cuerdas a la diplomacia argentina y a duras penas se pudo contener desde Buenos Aires el descontento de los asambleístas de Gualeguaychú.
Por eso el Gobierno salió a emitir un duro comunicado en el que exhortó a los bancos a no financiar la construcción de las papeleras. Esa reacción cayó muy mal en Montevideo, justo cuando Tabaré Vázquez comenzaba a blandir la idea de retomar el diálogo y hasta había conseguido el aval de la oposición a la inciativa.
Sin embargo, el Gobierno privilegió quedar bien parado ante la opinión pública local, que hizo de la cruzada de Gualeguaychú una causa nacional, sobre el retorno de la armonía con Uruguay.
Se trata de una administración, la de Kirchner, que actúa exactamente a la inversa de lo que hicieron los últimos gobiernos argentinos (sobre todo el que encabezó Carlos Menem), que privilegiaron la obtención de una buena imagen en el exterior pese a que ello les insumió un alto costo político interno.
Pero esa actitud, que pone siempre en primer plano a la opinión pública nacional, le genera al Gobierno duros conflictos diplomáticos, como los que tuvo en el pasado con Francia e Italia, por mencionar sólo dos casos, o el que afronta por estos días con Chile por el precio del gas que Buenos Aires vende a Santiago.
La socialista Michelle Bachelet, al igual que Tabaré Vázquez, estará en la ciudad de Córdoba, participando de la cumbre del Mercosur, puesto que Chile es un Estado asociado del bloque regional. La presidenta ya anticipó que buscará dejar de depender del gas argentino en un plazo de dos años.
A estos elementos que generan tensión en las relaciones regionales se agrega por estos días la presencia en el país de líderes que acaparan las miradas de todo el mundo, como el venezolano Hugo Chávez y el boliviano Evo Morales. A ellos podría sumarse nada menos que el cubano Fidel Castro.
Otro hecho, muy discutido en las últimas horas, corroboró la marcada tendencia del Gobierno a cuidar obsesivamente su imagen ante la opinión pública. Kirchner y su esposa Cristina no asistieron al acto por la AMIA, muy posiblemente a sabiendas de que serían blanco de críticas de parte de la comunidad judía.
El jefe de Estado viajó a Paraguay para reunirse con Duarte Frutos y la primera dama se quedó en Río Gallegos -donde había pasado el fin de semana- aquejada por una gripe, según informó el Gobierno.
Lo cierto es que el matrimonio presidencial no asistió al acto al que nunca había faltado desde su llegada al poder, en mayo de 2003. Pero las críticas llegaron igual y el Presidente decidió responderlas, en otro capítulo de la batalla por el favor de la opinión pública.
Dick Morris, el famoso colaborador de Bill Clinton en los Estados Unidos, escribió en "El nuevo Príncipe" que se trata de una "campaña permanente" en la que los gobiernos deben obtener una "mayoría diaria".
"Todos los días los gobiernos tienen en el fondo una elección virtual en la que un porcentaje de la población los apoya y otra porción se opone a ellos", asegura Dick Morris.
La administración kirchnerista respeta esta regla cotidianamente, porque gracias a ella pudo engrosar al poder del Presidente aún cuando había llegado al poder con sólo el 22 por ciento de los votos.
MS.



