Pensando en mi soledad reciente; pensé por primera vez con dolor de ausencia en los que han pasado el mismo momento de incertidumbre.
Y si bien había leído en La Palabra de Dios cuando Jesucristo lloró frente a la tumba de su amigo Lázaro, y que decir en el Getsemaní cuando llegó a ser sangre su sudor y lágrimas.
¿Qué podía yo decir al ver que mi amado Manuel, se iba con Él?
Se que seguiré derramando lagrimas por la separación, pero se también que cuando ello ocurre; el consolador, el Espíritu Santo prometido esta sobre mí.
Extraño cada día mas, a mi esposo, amigo y compañero fiel, al que en su camino sembró amor y amistad, por un lado esta el gozo de saber que sembró todo lo que Cristo le mandó, y por el otro lado la ausencia duele. Llegará el día que disponga Dios para reunirme con él, porque al final de mi camino será junto a él.
¿Qué puedo decir? Una vez mas Jesús me mostró el verdadero camino que debemos tomar para llegar fielmente al Padre, y al pasar este valle de sombra le veré nuevamente, porque así me lo prometió Jesús.
Cuando se fue, pensé en un ¡hasta luego!, porque así será, ¡no termina todo aquí!.
Juntos un día elegimos con Manolo el camino de la eternidad y confiamos en la promesa que nos dejó Jesús cuando dijo "Yo soy el camino, la verdad y la vida" "si crees en mi, tendrás vida eterna". Espero ese día. Gracias Jesús.
Francisca S. de Figueiras



