Buenos Aires, (Especial para Noticias Argentinas, por Daniel Casal)- La urgencia de los temas a resolver y la inmediatez de cruciales elecciones para discutir espacios de poder no le permitirán a Néstor Kirchner disfrutar la habitual «luna de miel» de la que gozan los nuevos gobiernos.
Sólo basta con mencionar que ningún candidato derrotado en las elecciones del 27 de abril último se comunicó con el presidente electo, se quejó el santacruceño. Nada más lejos que el famoso Pacto de la Moncloa, que selló la etapa posfranquista en España, y ni siquiera el mínimo acuerdo partidario, como sucedió en Brasil para unificar una postura frente al Fondo Monetario Internacional.
No hay que olvidar que el 24 de agosto serán elegidas las autoridades porteñas y el 14 de septiembre en las provincias de Buenos Aires y a partir de ahí en la mayoría de los distritos del país. Por este motivo, la nueva administración deberá ganar en fortalezas durante los primeros cien días de gestón, cuando habitualmente, se suele decir, termina el período de gracia para un nuevo gobierno.
Como muestra de que el camino no será fácil de transitar vale apuntar el endurecimiento del FMI, organismo que a través de su vocero, Thomas Dawson, transmitió la inquietud por la prórroga de las suspensiones de los remates y la demora en las compensaciones a los bancos por la pesificación asimátrica. Estas palabras ya pusieron algunos límites precisos a la próxima gestión que encabezará el santacruceño.
Sin embargo, ni Kirchner ni el ministro Roberto Lavagna parecen dispuestos a entrar en zonas de conflicto, sino más bien a adoptar una solución parecida a la «brasileña» de conciliación, pero partiendo de la posición de más fuerza. Lula da Silva aceptó una meta de mayor superávit fiscal y de inmmediato bajó el riesgo país y abrió las puertas de los capitales externos.
Tampoco hubo allí disposiciones que permitieran una baja en las tasas de interés ni un freno a los capitales golondrina, porque así lo prefiere el Fondo Monetario. No obstante, este camino de amplio superávit fiscal le pone corset a los planes sociales de Lula a raíz de la restricción en su financiamiento.
El presidente de Brasil tiene ya serios problemas en el frente interno de su Partido de los Trabajadores. Lavagna siempre admitió como un problema el canto de sirena que conforman los capitales golondrina, y dijo que las medidas preventivas contra estos hay que tomarlas mientras están en el país y no cuando se retiraron dejando su secuela de desfinanciamiento.
Sin embargo, ahora, aclaró que no habrá restricciones al ingreso de capitales externos, aunque si se podrían aplicar mayores controles.
El contexto mundial favorece el ingreso de estos fondos en América Latina, ante las bajas tasas de interés que se pagan en Estados Unidos, el incipiente proceso recesivo que comenzó a gestarse en Europa, el clima de conflicto en Oriente Medio y hasta el problema de la neumomía atipica en China y el sudeste asiático. Ante esto, los inversores comenzaron a buscar nuevos horizontes y bancos de inversión comenzaron a recomendar el posicionamiento en papeles de la región. -
Los primeros pasos
Con la intención de ganar fortalezas en los primeros tiempos de gestión, Lavagna y su gente preparan el lanzamiento de una reforma reforma tributaria, con un espíritu menos regresivo que la rige en el país.
Además, se preparan las baterías de un nueva lucha contra la evasión, un proyecto siempre anunciado por los gobiernos pero que al final chocaron contra los intereses sectoriales.
Por el lado de la obra pública, un área que no dependerá de Lavagna, el futuro ministro de Planeamiento, Julio de Vido, está terminando los trazos de un plan que abarcará viviendas, obras hídricas y caminos. De Vido es un hombre de extrema confianza del presidente y antes de ingresar a la función pública en Santa Cruz desempeño tarea en importantes empresas constructoras.
Sobre las tarifas, ya es una decisión tomada aceptar el incremento, aunque se abrirá previamente una etapa de negociaciones con las empresas por los térmimos de los contratos.
En realidad, el anticipo realizado por de Vido de que serán abiertos los contratos para examinar sus términos, fue más que nada el puntapie inicial de la negociación por las tarifas.
Tanto Kirchner como su ministro tratan de neutralizar desde el vamos la suma de presiones sectoriales. Así se puede interpretar la extensa permanencia en la provincia patágonica del futuro presidente y el duro discurso de Lavagna en el almuerzo de la Cámara de la Construcción.
Allí les dijo a los constructores, a los que no se les puede calificar como hostiles, que piensen en invertir antes que en cobrar una deuda con Vialidad Nacional, la cual, según anticipó será pagada en bonos. Por su lado, De Vido criticó a las empresas que concesionan rutas mediante el sistema de peaje y «solo concretan gastos de mantenimiento y cortan el pastito».
También fueron duras las referencias hacia la nueva cámara bancaria, Adeba —que reúne a la banca privada nacioanl— ante la sospecha, acuñada en tiempos elctorales, de que respondía al ex presidente Carlos Menem.
Sin embargo, el titular de esta entidad, Jorge Brito, nunca abandonó su tono conciliador, ni el momento más duro de las críticas hacia esta cámara constituida hace solo un par de meses.
Por el lado de la Bolsa de Comercio, el tesorero de la institución, Guido Tavelli, instó a Kirchner a que regrese al país los 500 millones de dólares que depositó en cuenta suizas. Desde el campo también partieron voces disonantes. «No fue una buena noticia para el campo la continuida de Lavagna», disparó Manuel Cabanellas, presidente de Confederaciones Rurales Argentinas.
El agro no le perdona el alto nivel de retenciones a las exportaciones que, según dicen, les licuó los beneficios de la devaluación. Sobre este tema, trascendió que Economía tenderá a rebajar esas retenciones, en la medida que se consolide el aumento de la recaudación y comience a dar frutos la reforma tributaria.
A pesar de los buenos augurios y los votos de confianza que le otorgaron al nuevo gobierno, ni los empresarios ni la oposición política parecen dispuestos a otorgarle un tiempo de concesiones.



