Buenos Aires (Especial de NA, por Mariano Spezzapria) -– Cuando el calendario político empieza a marcar el tiempo de las primeras decisiones estratégicas de cara a 2007, las principales fuerzas opositoras se encuentran sumidas en una nebulosa que no les permite vislumbrar la manera de enfrentar a un Gobierno que, aprovechando la situación, no duda en avanzar sobre terreno adversario.
El problema más grave lo afronta el radicalismo: el partido centenario se encamina a convocar a su Convención nacional, que se realizará en Rosario los próximos 25 y 26 de agosto, en medio de una fuerte discusión interna que podría llevarlo a hacer añicos aquel viejo principio del "se dobla pero no se rompe".
El enfrentamiento entre los dirigentes que apoyan la posible candidatura presidencial de Roberto Lavagna y los que –desde funciones ejecutivas- decidieron sumarse a la "concertación" de Néstor Kirchner desnuda la precariedad radical: la segunda fuerza política nacional no tiene un candidato propio para 2007.
En este escenario, los cinco gobernadores y la veintena de intendentes radicales alineados con el oficialismo se reunirán el sábado en Vicente López para unificar una postura de cara a la Convención de Rosario. Lo más probable es que allí reclamen que el año próximo el partido consienta una "libertad de acción".
El argumento será (palabras más, palabras menos) el siguiente: nadie puede forzarlos a renunciar al partido con la excusa de que no apoyarán al candidato presidencial radical sino a Néstor Kirchner, ya que también Lavagna es un extrapartidario que no competiría en una eventual elección interna de la UCR.
En la otra vereda, los seguidores de Raúl Alfonsín –que cuentan con un sólido apoyo de diputados y senadores- empezaron a sacar cuentas en vísperas del encuentro de Rosario y estiman que la postura de los "radicales K" no contará con más del 20 por ciento de adhesión en la Convención nacional partidaria.
Una tercera posición en la UCR ofrece por estos días la bonaerense Margarita Stolbizer, quien sintió como una traición el desembarco del titular del partido, Roberto Iglesias, en el proyecto lavagnista. La dirigente enfiló ahora hacia el polo de centroizquierda que confluye en el denominado "Grupo Rosario". Allí militan Víctor De Genaro (CTA), Hermes Binner (Partido Socialista) y Carlos Heller (cooperativista del Banco Credicoop), en la búsqueda de construir una alternativa progresista al kirchnerismo, que sin embargo hasta el momento mantiene firme el apoyo de ese sector del electorado.
Si bien los problemas internos del radicalismo son los más evidentes y se discuten públicamente, tampoco atraviesan un buen momento las otras dos fuerzas políticas que podrían hacer un papel destacado en 2007: el PRO referenciado en Mauricio Macri y el ARI, que ya no cuenta con Elisa Carrió en su conducción.
En el macrismo hay cierto nerviosismo porque todavía no está definido el rumbo político de su líder. Y hay sectores internos con intereses contrapuestos para que Macri sea candidato a presidente o a jefe de Gobierno porteño, por lo cual las discusiones –más veladas que en la UCR- están a la orden del día.
Uno de los principales impulsores de la candidatura presidencial de Macri es Horacio Rodríguez Larreta. El vicepresidente de Compromiso para el Cambio aspira a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y sabe que la fuerza de centroderecha llegará con grandes posibilidades el año próximo.
Pero también están los que le piden a Macri que compita "sobre seguro" en la Capital –para intentar el salto a la Presidencia en 2011- y que a nivel nacional intente una poco probable alianza con Lavagna o bien impulse postulaciones de Jorge Sobisch (gobernador de Neuquén) o Ricardo López Murphy.
Como si fuera poca la indefinición, a este cuadro se agregó en los últimos días la posibilidad de que Juan Carlos Blumberg se convierta en el candidato del PRO a la Gobernación de Buenos Aires en 2007.
El empresario mide bien en las encuestas, pero ahora está concentrado en el juicio por el secuestro y asesinato de su hijo Axel y sobre el final de agosto encabezará una marcha por seguridad hacia la Plaza de Mayo. No tiene un discurso netamente opositor, pero tarde o temprano enfrentará al Gobierno.
La situación del ARI es más confusa: Elisa Carrió viene de dar un paso al costado de la fuerza que ella misma fundó para ganar margen de maniobra política, pero al mismo tiempo mantiene la candidatura presidencial por el mismo partido del que se apartó.
En el ARI ensayan una y mil explicaciones al respecto, pero ninguna suena convincente. ¿No será que la más dura opositora al Gobierno está preparando el terreno para una alianza futura que la militancia de su partido no recibiría de buen grado?
Habría que recordar su acercamiento a Enrique Olivera en 2005 y proyectar esa dirección política a nivel nacional para tratar de comprender el incierto futuro político de Carrió.



