Si observamos un recipiente que contenga agua y haya quedado a la intemperie durante unos días, veremos que en la superficie el agua está limpia y en el fondo hay sedimento. Al agitarlo el sedimento subirá, se mezclará con el agua y se pondrá turbio. Ya no se distinguirá con claridad.
Lo mismo sucede cuando algo agita nuestro interior, los sentimientos se mezclan y no se ve nada.
Cundo un hecho nos conmueve profundamente de cualquier índole, ya sea una noticia, una muerte, un accidente; en fin, un descubrimiento que nos sacude, generalmente nos paraliza. Se agitó el recipiente de las emociones, se mezclaron y no sabemos que hacer.
Un pensador dijo: la vida es un 10 por ciento lo que me sucede y un 90 por ciento como reacciono frente a eso. El caso es que ese 90 por ciento es un todo que nos impide a veces encontrar la respuesta. Es tan grande la confusión de ideas, pensamientos y emociones que hacen un cóctel increíble. Solo nosotros somos capaces de descifrarlo, nadie puede tomar una decisión por nosotros, podemos pedir ayuda, un consejo, una opinión o una guía, pero en definitiva somos nosotros mismos los que decidiremos que hacer.
Somos seres inteligentes, intuitivos, creo que es mejor esperar a que el caudal de emociones se asiente y podamos ver la solución, que invariablemente está delante de nosotros. Ella quedará flotando allí, por encima de todo, pero sólo podremos verla si esperamos a calmarnos. En algunos casos tomará un instante, en otros una semana, un mes, o quizá la vida entera; pero la respuesta nos espera, no tiene apuro, espera nuestro tiempo para aparecer, que estemos listos para recibirla.
Es muy bueno ejercitar la paciencia, algo que casi no se ve pues el mundo vive apurado. Transitar con serenidad nos ayudará a tener una capacidad de reacción más sana para nosotros y para los demás; ya vemos lo que pasa en el mundo cuando alguien navega en un mar de confusiones: vive agrediendo, atacando, todos somos vistos como enemigos, hasta nos atacan por las dudas. También el miedo hace que las personas ataquen y eso es otra reacción.
Tengamos en cuenta antes de reaccionar que la violencia genera más violencia.
La autora es alumna de Periodismo y Comunicación del Taller Escuela Mariano Moreno (TEMM).



