Buenos Aires (Especial para NA por Luis Torres) -- La Argentina inicia con el mandato de Néstor Kirchner una nueva etapa emergente de la más grave crisis económica y social de los últimos 20 años, sólo comparable a los terribles años del último gobierno militar y más aún a los enfrentamientos intestinos entre sectores de las Fuerzas Armadas.
La fragilidad, lentitud y desconfianza que generó la administración de la Alianza sumió al país en enfrentamientos sangrientos, en fracturas aún no restituidas del orden jurídico, de la propiedad privada y otras calamidades que afectaron tanto a los jubilados como a los empleados públicos.
De la mano de Eduardo Duhalde, que contaba con el respaldo parlamentario casi unánime esta Argentina salvaje y turbulenta fue tranquilizándose.
Si uno pudiera enumerar algunos aspectos salientes del gobierno de un año y medio que ejerció Duhalde, estos son los siguientes:
* Amplia distribución de planes sociales, para mitigar el desempleo.
* Revitalización de algunos sectores exportadores.
* Solución del "corralito" y del "corralón".
* Acuerdo, aunque precario, con el Fondo Monetario Internacional.
* Dominio, sobre la base de acuerdos sectoriales, de la inflación.
Duhalde le entrega a Néstor Kirchner un país con una economía que crece al ritmo del 4 ó 5 por ciento anual, aunque al flamante presidente no le faltarán problemas para resolver.
Sin embargo, cuenta con un aliado inestimable que es la
esperanza de la gente, aunque los créditos que la ciudadanía entrega a sus gobernantes son cada vez más restringidos.
El segundo aliado con que cuenta el nuevo presidente es sin duda el indisimulado poder del PJ bonaerense. Dicho de otro modo, del respaldo evidente que le dará Eduardo Duhalde, tal vez desde una lejanía no muy lejana.
La prueba más palmaria de este poder bonaerense se encuentra en un análisis que se puede hacer de la configuración del Parlamento.
En la Cámara de Senadores estará conduciendo al cuerpo Daniel Scioli, que a juicio de Duhalde "es un ganador" y no permitirá que le avasallen sus poderes.
Scioli, hay que recordarlo, fue propuesto por Duhalde como número 2 de la fórmula no sólo por su carisma y su capacidad de gestión en la secretaría de Turismo, sino porque la ciudadanía lo reconocía fácilmente desde La Quiaca hasta Tierra del Fuego.
Según las encuestas, Scioli le sumó a Kirchner cerca de 8 puntos al momento de su incorporación a las filas del santacruceño.
El vicepresidente, a nadie le caben dudas, tiene una deuda política muy clara con Eduardo Duhalde y seguramente hará lo Imposible por no defraudarlo en su gestión al frente de la Cámara de Senadores.
El recinto, que ha sido castigado durante meses por el desprestigio se renovará a fin de año y ahí se verá la cintura política, primero de Duhalde, después de Kirchner y finalmente de Daniel Scioli.
En la Cámara de Diputados ejerce una silenciosa presidencia hasta diciembre Eduardo Camaño, un dirigente político duhaldista de paladar negro, que se ha ocupado secretamente de las tareas más difíciles que le ha encargado el líder bonaerense, como por ejemplo tratar de convencer al gobernador Juan Carlos Romero para que fuera en soledad al ballottage. Es obvio que Romero declinó el sagaz ofrecimiento.
Pero lo más llamativo de las últimas horas es el ascenso del diputado José María Díaz Bancalari, otro duhaldista de paladar negro, a la conducción del bloque.
Debe recordarse que por una cuestión de ética política, si los bonaerenses ocupaban la presidencia de la Cámara, la presidencia del bloque quedaba en manos de los cordobeses.
En los últimos tiempos, para evitar fricciones y cuando renunció a ese cargo Humberto Roggero, la conducción quedó en manos de un triunvirato. Ahora será Díaz Bancalari quien haciendo un enorme esfuerzo político, aglutinará las 119 voluntades justicialistas, dentro de las cuales coexisten menemistas, delasotistas, romeristas, etcétera.
Visto desde el ángulo de la negociación para la sanción de las distintas leyes, la tarea que se le presenta a Díaz Bancalari es poco menos que titánica.
Pero las cosas van a tender a suavizarse a partir de diciembre, cuando se renueven ambas cámaras.
Ha sido tan profunda la crisis del radicalismo que se considera más que probable que el justicialismo consiga un número de diputados suficiente como para tener quorum propio (129). Habrá que ver si para las navidades Camaño y Díaz Bancalari retienen esos estratégicos cargos.
El gobierno de Kirchner tendrá un hijo preferido: las obras públicas. Ya anunció Roberto Lavagna un total de 6.000 Millones de pesos para encarar una serie de obras públicas, con lo cual Kirchner planea bajar drásticamente la desocupación y mejorar el consumo interno.
El segundo aspecto prioritario será la seguridad. Para eso lo ha convocado a Gustavo Beliz, un hombre que conoce el tema en profundidad, que lo ha estudiado con expertos norteamericanos y que seguramente aplicará sin demora distintas medidas tendientes a bajar el índice de delitos.
Aníbal Fernández en el Ministerio del Interior fue una designación calurosamente aplaudida por diversos dirigentes del interior del país que ven en el joven ministro un hombre capaz de sortear las mayores dificultades políticas y con un alto poder de convencimiento entre propios y opositores.
Fernández tiene una larga carrera política cuyos mayores cimas fueron la intendencia de Quilmes, un distrito que congrega más de medio millón de personas, el Ministerio de Trabajo bonaerense, la secretaría General de la Presidencia, el ministerio de la Producción y ahora la cartera clave de Interior.
José Pampuro, en tanto, se dedicará a los temas de Defensa. Cuando Duhalde advirtió que venía el recambio y que ganaba Kirchner, rapidamente le encargó a Pampuro que se encargara de hablar con las Fuerzas Armadas porque sabía que Horacio Jaunarena no permanecería en esa cartera. La figura de Pampuro es altamente respetada en los circulos militares porque todos saben que su voz refleja con claridad el pensamiento del justicialismo bonaerense, principal sustento del gobierno de Kirchner.
Daniel Filmus en Educación fue tal vez otro de los grandes aciertos de Kirchner, ya que su gestión al frente de la cartera de Educación en la ciudad de Buenos Aires ha sido más que sobresaliente, aunque ahora deberá confrontar con la extrema pobreza del interior del país. En la ciudad de Buenos Aires el ingreso per cápita promedia los 3.500 Pesos anuales, cifra que dista mucho de lo que sucede en el resto del país. Hasta la combativa Marta Maffei aplaudió la designación de Filmus.
En Acción Social fue designada Alicia Kirchner, hermana del presidente, de quien se dice que cuenta con suficientes títulos y honores y alta preparación para conducir una cartera de esas dimensiones, mientras que Julio de Vido se encargará de cuidar a la niña preferida de Kirchner: las obras públicas.
En donde se presagian algunas tormentas es en la Cancillería donde Rafael Bielsa, un intelectual y especialista en derecho constitucional, prefiere un estilo más de choque que de suavidades diplomáticas.
Está probada la eficacia de Ginés González García en el Ministerio de Salud y es por eso que ha sido ratificado por el presidente.
Una mirada desapasionada sobre el equipo de gobierno muestra que está integrado por sureños, bonaerenses y capitalinos. Brillan por su ausencia las figuras del centro y del norte del país.



