Buenos Aires, (Especial para NA por Luis A. Gramuglia)- El próximo gobierno ha dispuesto la creación de un Ministerio de Infraestructura que prevé la construcción de viviendas y de obras públicas.
Entre éstas, esperemos que figuren aquellas hídricas y viales que sirvan para atenuar los efectos de cíclicas y devastadoras inundaciones.
Lo que ocurrió en Santa Fe, con el desborde del río Salado y las catastróficas consecuencias que ello acarreó, debe servir definitivamente de ejemplo.
Obras que no se hicieron en tiempo y forma se paga de un modo inaceptable, con muertos y destrucción por doquier. Las pérdidas, según el gobernador Carlos Reutemann, estarían en el orden de los 800 millones de dólares.
Alrededor de 600 millones de dólares se perdieron en el 2001 por las inundaciones ocurridas en la provincia de Buenos Aires.
Aún hoy siguen bajo el agua vastas regiones de tierras productivas. En dos años, entonces, por efecto del avance indetenible del agua y la ausencia de obras de infraestructura, el país perdió unos 1.400 Millones de dólares. Esto se traduce en la existencia de campos anegados, vedados a la producción, productores a la deriva, comercios e industrias que languidecen, pueblos y ciudades golpeados por la crisis.
Qué hay que esperar para que las obras proyectadas se ejecuten? Cuánto más se pierde por no hacerlas? Allí aparecen los canales clandestinos que sólo atienden el interés personal de algún productor o incluso de algún distrito que transfiere su problema al partido vecino.
La construcción de obras hídricas y viales debe ser asumida como una política de Estado, del mismo modo que otros trabajos vinculados con la comercialización de granos. No hace mucho se denunció que había caminos de acceso a los puertos santafesinos sobre el Paraná absolutamente intransitables para los camiones que transportan millones de toneladas de granos.
Todo esto requiere inversión y una visión estratégica que el Estado debe asumir. Dejar todo en manos del mercado generó muchos de los problemas que hoy padecemos como sociedad. Hay que hacer obras. El Plan Maestro de la Cuenca del Salado es una de ellas. Alguna vez hemos señalado en esta misma columna que si el proyecto no satisface plenamente pues, se puede modificar.
Es cierto que demanda recursos importantes y un tiempo largo para su construcción, pero si no empieza en algún momento no se terminará nunca. Vamos con un ejemplo si se quiere menor. El puente sobre la ruta nacional 7 en el acceso a Junín, en el noroeste bonaerense, fue destruído por la inundación de fines de 2001. Se instaló, para superar la emergencia, un puente Bailey.
Por poco tiempo, se dijo. Hace 17 meses que esa estructura precaria sigue en el lugar. La obra para construir un puente nuevo está proyectada y presupuestada, dijo el titular de la Sociedad Rural de esa ciudad, Alejandro Borchex.
Falta, agregó, una decisión del gobierno para ejecutarla. Por allí pasan camiones cerealeros y los que transportan hacienda, micros de larga distancia y vehículos en general.
A veces deben pasar en un solo sentido y del otro lado se forman largas colas con la pérdida de tiempo que esto supone. No creemos que sea una obra que demande una fortuna, pero al paso que vamos el Bailey puede convertirse en un ejemplo de la lentitud de la burocracia. Todas estas cuestiones deberían figurar en la agenda del gobierno que viene.
Las obras que no se hagan ahora se pagará muy caro en el futuro. Los gobernantes no pueden repetir los errores en forma sistemática como si fueran automátas.
Cuántos millones de has. Hay bajo el agua? Cinco, seis? Si esa superficie se volcara a la producción, cuál sería, por ejemplo, el excedente granario que obtendríamos? Cuánto más ganado pastaría en esos campos? La Argentina, en las condiciones en que está, no puede darse el lujo de tirar manteca al techo.
La tierra que está anegada sufre procesos erosivos inquietantes. Es tierra que pierde su capa de humus por el efecto de arrastre del agua cuando se retira. Preservar el recurso es una obligación de cualquier gobernante, sea cual sea el gobierno al que pertenezca.



