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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 17/sep/2006 de La Auténtica Defensa.

9º Festival de Jazz y Blues en Blanco Y Negro
Organiza: Municipalidad de Campana. Secretaría de Cultura y Educación. Auspician: Tenaris Siderca, Esso, Instituto de Cultura de la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires, Bonesi, Club Ciudad de Campana.
Viernes 29 de septiembre - 20 horas - Gimnasio Club Ciudad de Campana - Walter Malosetti Trío





 Walter Malosetti: un monstruo sagrado de la guitarra, maestro e inspirador de los mejores músicos de las nuevas generaciones

La guitarra sincera

"Me entusiasma estar en el grupo con que iremos al Festival de Jazz en Blanco y Negro, donde ya estuve con mi hijo Javier y Pepi Taveira y volví con Jorge Navarro en piano. Con Pepi los temas salen sin mirarnos y fijate que tendremos a uno de los mejores contrabajistas de la nueva camada, Mariano Otero, cuya big band es una utopía realiza-da, el sueño de cualquier músico. Además contaremos con Enrique Va-rela, una gloria del saxo tenor, que también anduvo por el Festival con la orquesta de Navarro. El repertorio es de lo más variado, desde los standards conocidos hasta piezas mías. Para todos los gustos, como me gusta"

Walter Malosetti habla con tranquilidad en tono bajo pero sin pausas, tiene la fluidez de aquellos que han pensado los temas de la conversación.Hace sentir cómodo al interlocutor. Maneja el lenguaje con destreza, apoya cada concepto mirando fijamente a quien lo interroga. Uno siente que le interesa la charla, que se compromete con sus ideas, algo poco habitual.

"Estudié con Irma Constanzo, una gran docente que me enseñó toda la teoría necesaria y después me eduqué escuchando dis-cos y oyendo tocar a otros. De cada uno aprendí algo, fuera bueno o malo.

Mis referentes en la guitarra son tres gigantes: Uno es Os-car Alemán, porque aunque en nuestro país no lo consideren demasia-do, hay que ver cómo lo respetan en Europa y Estados Unidos. Otro es Django Reinhardt, al que empecé a escuchar en discos de pasta con el Quinteto del Hot Club de Francia. El tercero es el guitarrista de la or-questa de Benny Goodman, que no era un virtuoso pero tocaba muy bien la guitarra eléctrica. Me refiero a Charlie Christian. Todos los que tocamos ese instrumento, absolutamente todos, venimos de Christian, porque tenía una musicalidad, un swing, un scat, que nadie había de-mostrado hasta allí con la eléctrica.

De chico deliraba con Oscar Alemán, soñaba con él, dibu-jaba su figura, lo imitaba. Y allá por 1950 pude tocar en su cuarteto, cuando actuó en el Hot Club de Bs As. Estaba Oscar en guitarra, Her-nán Oliva en violín, el Nene Nicolini en contrabajo y yo en la guitarra rítmica. Volví a tocar con él en 1972 para el sello Redondel en un long play que se llamó precisamente Alemán 72".

Alumnos

Lejos de regodearse en las nostalgias llorosas, el músico busca permanentes referencias al porvenir. La enseñanza ha sido desde siempre su obra mayor. En la calle Cevallos, en Flores, donde sea que esté su casa, Malosetti abre la puerta de "La Escuelita" como la llaman y apuesta su tiempo al futuro.

"El principal capital que tengo son mis alumnos y la her-mosa relación que queda con ellos aunque no se dediquen en forma profesional a la música. Trato de no influir en los chicos, les hago es-cuchar a todos los que dejaron su estilo, su huella: Alemán, Christian, Reinhardt, Wes Montgomery, en el jazz. Abel Fleury, Eduardo Falú dentro del folklore. Las obras clásicas de Tárrega, Sor, las transcrip-ciones de Bach que hizo Andrés Segovia. Hay un guitarrista argentino llamado Héctor Ayala, a quien el gran Narciso Yepes le grabó un disco entero con su música, prácticamente desconocido, que cuando los que aprenden conmigo leen y tocan su música, se enloquecen. Hay que verles las caritas cuando escuchan lo modernos que suenan estos vie-jos que ellos jamás tuvieron oportunidad de disfrutar"

Si algo aprendí

Toca la guitarra porque no puede hacer otra cosa. Busca hermandades con otros colegas capaces de jugar su mismo juego con idéntica pasión, escapa a las rutinas. Cambia de propuestas constante-mente porque, según recuerda, ya el tramo largo lo hizo con Swing 39 y se cansó de recorrer siempre el mismo repertorio.

"Mi corazón está en el jazz y en el blues. En público no to-co tango ni folklore porque no sería sincero. Cada ritmo, cada música tiene sus convenciones, su sabor especial y si algo aprendí en esta vida es a reconocer a los que tocan con los gestos, estudian qué cara poner en una parte o en otra. Es decir, tocan sólo por plata. Basta encender el televisor o verlos en las fotos de las revistas para descubrirlos.

Las nuevas generaciones son de una amplitud mental te-rrible. Pese a la influencia deformante de lo que se difunde por radio, por tevé, reconocen a quienes pueden darles algo útil y buscan a los que pueda contarles la historia musical con pasión, para ayudarles a crecer"

Hablemos de otra cosa

Le disgusta hablar de si mismo. El tiempo pasado lo consi-dera un capital invertido en llegar al presente. Acepta regresar al princi-pio como si mirara sus zapatos, pero enseguida vuelve la vista al cielo. Dice que le gustó el documental dedicado a su persona, que lo vio una sola vez, que ya conoce la trama, y se rie con todo el cuerpo, feliz de po-der salir con humor hacia otra parte.

"En mis comienzos toqué la batería y cuando puse mi ins-tituto compré un piano, pero no me atrae como la guitarra. El sonido del bandoneón me fascina, creo que es el más lindo de la música. No tengo tanto tiempo como para escuchar lo que no me gusta. A esta al-tura de la existencia se entorna la apertura de la ventana total, esa que como decía, tiene la juventud. Voy a ver tocar a mis conocidos, a algu-nos alumnos, a conciertos de jazz -me volvió loco Oscar Peterson la última vez que vino- voy a escuchar tango. Ahí se termina"

Cada uno en lo suyo

Recela un poco de las mixturas de géneros, no por extrañas o fallidas sino por considerar que prefiere caminar sobre seguro, respe-tando lo de los demás.

"Soy tímido, nunca me animé a decirle a Piazzolla si podía tocar con él porque sabía la fama de chinchudo y exigente que tenía. Pero en los camarines de Michelángelo me reuní a veces con el violinis-ta Antonio Agri y nos alegramos haciendo versiones de Las Hojas Muertas, por ejemplo.

Para tocar conciertos clásicos basta con encerrarse cinco o seis años y estudiar con maestros, pero para tocar música popular hay que tener boliche, reunirse con otros, equivocarse, ir obteniendo lo que llamamos la puta experiencia que no está en los libros de teoría. Yo puedo juntarme con un trompetista, Américo Belloto si quieren un nombre, y hacemos jazz sin ensayar demasiado, pero se debe a que tenemos treinta años o más de rebusques, yeites, fattos, que embelle-cen lo que hacemos".

Relax

Se exalta al mencionar Relax, su disco compacto más re-ciente. Se muestra satisfecho con la gráfica, con el sonido, la ecualiza-ción, las armonías. Sin embargo asegura que el próximo, que ya está planeado, será mejor.

"Así me gustan los discos, variados y llenos de amigos. Cada vez me doy más gustos en las salas de grabación y en los álbu-mes que hago. En este hay dos versiones del mismo tema con distintas formaciones, por ejemplo. Hay jazz tradicional, hay arreglos especiales, hay jóvenes y consagrados. Solamente incluí un track de guitarra solis-ta. Estoy en un tramo de la vida en que el egoísmo baja, valoro cada vez más los afectos y la soledad empieza a asustarme un poco"


 
P U B L I C I D A D






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