Buenos Aires (Por Gabriel Profiti, especial para NA) -- El Gobierno aglutinó en una semana toda la complejidad de su política exterior, equidistante de Estados Unidos y Venezuela, durante una visita a Nueva York que le deparó varias satisfacciones y algunos sinsabores.
Hugo Chávez exacerbó su antagonismo con George W. Bush en momentos en que la Argentina tuvo que justificar su voto favorable a Venezuela para ocupar un sillón en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a partir de 2007.
Y coincidió con una política de seducción, la más directa desde que Néstor Kirchner asumió el poder hace tres años y medio, al capital extranjero, conformado en buena parte por empresas de la primera economía mundial.
A la comitiva argentina le pareció un exceso que Chávez invocara a Dios contra "el diablo" en la tribuna de la ONU, pero algunos miembros argumentaron que el vínculo con Caracas forma parte de una política de relaciones exteriores "adulta".
"Una cosa es la relación con la región, donde Venezuela es un socio muy importante, y otra es la relación que la Argentina tiene con el resto del mundo, que no debe por qué estar atada a Venezuela", justificó una fuente diplomática.
El Gobierno también buscó el lado positivo de su llegada a Chávez: dijo que el encargado de Asuntos Hemisféricos de Estados Unidos, Tom Shannon, destacó el papel de equilibrio de la Argentina frente a Venezuela y Bolivia, en una reunión con Julio De Vido y Alberto Fernández.
Pero más allá de eso, la relación con Washington sigue fría desde el naufragio del ALCA en Mar del Plata. Kirchner criticó a Estados Unidos por su unilateralismo internacional y no asistió a la recepción que brindó el texano a los jefes de Estado.
El discurso del mandatario argentino ante la ONU fue mucho menos enérgico que en las tres oportunidades previas y, en lo gestual, hasta pareció acompañar su acercamiento a las multinacionales.
"La visita de Kirchner a New York, lo mostró dando algunos gestos hacia los inversores para compensar su acercamiento a Chávez, pero sin cambiar la línea básica del gobierno argentino", sintetizó Rosendo Fraga.
El analista político agregó que "estas señales hacia Wall Street no son un cambio de rumbo, sino que sólo buscaron compensar las actitudes de los últimos meses que pusieron a la Argentina más cerca del eje Castro-Chávez-Morales, que de presidentes moderados como Lula y Bachelet".
Y achacó el hecho de que la única reunión bilateral que Kirchner mantuvo con un timonel del G7 fue con el primer ministro italiano Romano Prodi.
Lo cierto es que el Gobierno mostraba por estas horas un blasón de su paso por la capital del comercio mundial tanto en sentido económico como político.
"La Argentina levantó el perfil con este viaje. Fue multilateral. Además del tema de las inversiones, se abordó la crisis en Medio Oriente, con Israel y El Líbano, hubo un gesto conjunto con Francia por el tema de derechos humanos y la reunión con Prodi fue muy importante para la relación con Italia", contrapuso la fuente del Palacio San Martín. .
Wall Street
El timbrazo de Kirchner en la Bolsa de Valores de Nueva York, donde operan más de 2.600 compañías, que representan un mercado global de 21.000 millones de dólares, fue semiología pura.
Y contribuyó para que el Gobierno desplegara su acostumbrado apego por los anuncios, en este caso de inversiones de empresas extranjeras y el canje de deuda por energía con Paraguay, entre otros, que deben ser ratificados.
"Argentina está dando una visión distinta frente al mundo de la que dio en los últimos años", afirmó el jefe de Gabinete Alberto Fernández, reconociendo dos cosas: que la visión no era buena y el giro en la política exterior.
Es el mismo Presidente que, gustan recordar sus adversarios de derecha, dejó plantada a la máxima autoridad de HP, Carly Fiorina, en la Casa Rosada.
El establishment no fue precisamente generoso: el editorial de uno de los diarios que suelen leer los inversores, The Wall Street Journal, fue muy duro con la política de control de precios y de fijación de tarifas. Y ligó a Kirchner con Chávez.
Además, se colaron críticas sobre la exagerada comitiva presidencial y a vuelo de pájaro no faltaron comparaciones con Carlos Menem. Por ahora en materia de política exterior hay un abismo: las relaciones con los Estados Unidos y la política hacia los kelpers son dos muestras de ello.
El acercamiento con Prodi fue provechoso. Il Professore reclamó por los bonistas que no entraron al canje de la deuda en default, pero también habilitó el carril de las relaciones bilaterales mucho más amplias.
Habrá que ver si la cuestión de los bonistas no sigue afectando los vínculos con Roma como hizo Suez entre Buenos Aires y París, independientemente de la nueva aproximación con Francia en el aspecto mejor compartido: los derechos humanos.
El conflicto con la ex operadora de Aguas Argentinas excluyó a la Argentina de la visita que el presidente Jacques Chirac hizo en mayo pasado a Brasil y Chile. Ahora se anunció como una posibilidad que Prodi venga a Buenos Aires.
Kirchner no dejó de lado al Mercosur, pese al intento de diferenciarse de Chávez. El bloque deambula entre su fortalecimiento institucional y las quejas de sus socios menores que podrían amenazar precisamente ese primer objetivo.
Al menos en Nueva York el Presidente pareció bajar el tono de la disputa directa con Uruguay, buscó traer agua para sus necesidades hidroeléctricas con Paraguay y le deseó un triunfo a Lula Da Silva para las elecciones del domingo 1 de octubre.
El brasileño es un pilar de la integración y antes que Kirchner comenzó a transitar entre Dios y el diablo.



