Buenos Aires, (NA)- En un masivo acto tras una caótica jornada el gobernante cubano Fidel Castro suspendió una charla en uno de los claustros de la Facultad de Derecho y se dirigió a una multitud de militantes de partidos de izquierda y público en general subrayando que el resultado de las recientes elecciones en la Argentina le asestó «un durísimo golpe al neoliberalismo».
Castro habló durante más de dos horas en un discurso que fue transmitido en directo por canales de cable de la Argentina y vía satélite a Cuba.
El gobernante, en su discurso pareció dirigirse más hacia su propio pueblo que a quienes lo escuchaban ya que hizo un pormenorizado detalle de lo que considera los logros de su gobierno.
Durante su discurso, Castro, quien sin mencionarlo criticó duramente la dolarización, casi no hizo referencia a la realidad Argentina salvó en lo referente a los comicios del 27 de abril y se dirigió con su discurso a eterno enfrentamiento con los Estados Unidos.
En este marco puntualizó que su país «no produce armas químicas sino médicos», lo que despertó el aplauso de las miles de personas que concurrieron al lugar, gran parte de ellos movilizados en micros fletados por los partidos de izquierda.
El acto estaba previsto para realizarse en uno de los claustros de la Facultad de Derecho, pero ante el caos generalizado que se registró, finalmente los organizadores, entre los que estaba la embajada cubana, decidieron trasladarlo a las escalinatas de la Facultad.
Anteriormente la custodia armada de Castro había virtualmente copado la Facultad y decidía quien entraba y quien no al lugar originario de la charla.
Finalmente, frente a una pantalla gigante de televisión y con casi dos horas de demora, lo que permitió que mucha gente se acercara al lugar, el presidente de Cuba pudo concretar su discurso.
Tampoco hizo mención a las recientes medidas que dictó y que culminaron con 75 personas presas por difundir ideas contrarias al régimen y con otras tres fusiladas también por ser opositores.
Castro, quien anoche abordó un avión de regreso a su país, habló durante dos horas y 37 minutos ante la multitud en una fría noche de Buenos Aires y se retiró en un automóvil oficial apenas finalizó el discurso.



