• La comunidad, y entre ella varias empresas, entienden la trascendencia de todo esto y se suman, sin medir el rédito inmediato. Por ejemplo, dicen que el catering ofrecido a los integrantes del coro de gospel fue no sólo de gran calidad, sino especialmente complejo, ya que más de la mitad de las Grandes Voces son vegetarianos, y sabemos lo que nos cuesta a los argentinos cocinar sin carne. Bien por el Plaza Hotel.
• Se oyó a varios músicos agradecer a Oscar Papalardo, encargado de las contrataciones. "Pero él cobra por eso", dirán algunos. Claro, así como cobran los sonidistas, los iluminadores, la agencia de publicidad, el fotógrafo, el personal de limpieza y todos los que trabajan en esta movida. Más allá de eso, Oscar, con su verborragia, su vehemencia y su estilo frontal fue un fogonero incansable para que los motores de este memorable 9º Festival funcionaran a pleno.
• Alguna nota discordante. Los viejitos piolas de "Blues Oil" se aprestaban a hacer su bis, ovacionados por el público, y alguien de la organización los paró en seco. Días después, se comprende el episodio: el cuidado por los horarios, la presión, los nervios. Pero en el momento más de uno lo buscaba para estrangularlo.
• Fue una pequeña odisea hacerse de una cervecita, un café o un pancho en los entreactos, y muchos directamente abandonaban la cola del buffet con las manos vacías. Las reglas del capitalismo indican que si hay cientos de personas con hambre y sed uno puede ganar dinero vendiéndoles comida y bebida. Y rápido, para que no se pierdan el siguiente show.
• Por pura maldad, recabamos la opinión del Dr. E. R. -reconocido como un insobornable paladar negro del jazz-, apenas finalizado el espectáculo de las Voces de Harlem. Esperábamos alguna sutil resistencia, un matiz apenas ácido (Por ejemplo, había dicho que Ligia Piro tiene un hermoso timbre y una técnica impecable, pero le faltó entrega). Su observación fue: "Escuché más de la mitad de los temas con los ojos llenos de lágrimas. Todavía me tiemblan las piernas". Touché.
• En las FM de Campana y Zárate hay tres -sí, tres- programas que se dedican con diversos enfoques al jazz. Hay una librería que organiza otro excelente ciclo, "Jazz a Libro Abierto". Y está el rito anual que representa el Festival en Blanco y Negro. ¿Alguien será capaz de unir los puntos y ver qué figura aparece?
• El tradicional conductor Osvaldo Croce, en tren de desacartonar las presentaciones, dialogó intempestivamente con los músicos mientras probaban sus instrumentos. En ocasiones le siguieron la corriente: "Otero, usted me parecía más alto" "Si, durante la semana mido 10 o 15 cms más". En otras, como cuando dialogó con Paula Shocron -visiblemente nerviosa ante la gran cantidad de público- se sintió alguna incomodidad. Pero sus mejores chistes fueron dignos de Jerry Seinfeld: "En otro Festival usted vino con una mujer distinta, ¿o me equivoco?"
• Tanto organizadores como auspiciantes se autoimpusieron terminar cada edición bien arriba, con el público desbordando el gimnasio. Y como se supone que en el "núcleo duro" del jazz no hay tantos grupos que arrastren multitudes, se buscan los artistas en sus vecindades. Así, los cierres de Pedro Aznar, el Negro Rada y ahora Las Grandes Voces de Harlem. Más allá de cuestiones de género, pocos discuten su alta calidad. De todas formas, las más de ochocientas personas -mayoritariamente jóvenes- del viernes y otras tantas del sábado permitirían repensar este concepto.
Roberto A. De Paoli



