Luego de la seguidilla de libertades a Los Horneros y a los policías de la costa involucrados en el asesinato de nuestro compañero José Luis Cabezas, le tocó el turno a Gregorio Ríos, el instigador del crimen, como fue probado durante el proceso judicial que lo condenó.
Sin embargo, alcanza su inmerecida libertad por la demora de la Cámara de Casación de la Provincia de Buenos Aires en tratar la apelación de esa sentencia que debería haber quedado firme hace muchos años. Sólo una deliberada opción por otorgarle la libertad por este medio explica que el tribunal de casación no se haya expedido antes. No existe razón alguna, ni procesal ni material, para esta inexplicada demora.
Caiga sobre la conciencia de cada integrante de la Cámara la dimensión moral de la opción elegida, y no olvidemos quiénes abrieron la puerta de la cárcel al asesino de nuestro compañero.
La Justicia de la provincia de Buenos Aires es otra vez complaciente con los verdugos, y sorda ante el reclamo de las víctimas.
Por esto, los reporteros gráficos seguimos firmando lo que juramentamos en los ya lejanos días de enero de 1997:
No hay democracia sin justicia
No hay justicia sin verdad
No hay verdad sin memoria
Comisión Directiva ARGRA
9 de noviembre de 2006



