Más un toque de atención, Villa Dálmine le propuso a Huracán un toque de Campana. Porque el 3 a 0 con que los «violetas» bajaron de la punta al «Globo» llevaron a los de Parque Patricios la «tricota» coronada por Bustos de cabeza, Labonia, también de cabeza y Cieri de emboquillada al recibir un pase de su arquero, indicó un serio traspié en un equipo con pretensiones al título de campeón y por lógica consecuencia al retorno a la primera división.
El Nacional «B», se ponía en marcha en su segunda rueda aquel sábado 21 de enero del 90. Previo al partido en la cancha un emotivo reencuentro de un ex jugador campanense, con la institución visitante, me refiero a Juan B. Romano, quien además de defender la divisa de Atlanta, también lo hizo en la de Huracán. Este nombre ligado a la historia antigua de nuestro fútbol, vivió con lógica pena esta derrota. Por eso el silencio del vestuario, las caras sorprendidas de sus hinchas, la desazón por algo más que una derrota. Se puede perder, ganar, empatar, son las circunstancias del juego. Huracán en ese encuentro careció primero de poder para ganar el mediocampo, quedando quebrado en su comunicación , después fue perdiendo su firmeza defensiva hasta terminar siendo un tembladeral por el que los «violetas» entraron con relativa facilidad. Y en ataque por esos misterios que tiene el fútbol, Huracán alcanzó a meter un par de jugadas con peligro (cabezazo de Saturno, derechazo de Quiroz en el travesaño) aisladas, sin establecer supremacías. La supremacía que se le podía pedir a un puntero, con el resultado 0-0. Villa Dálmine, cerquita de la tabla. Simplemente tuvo temperamento, voluntad e ideas. Eso, a Huracán no le salió por ninguna parte.
El equipo del debutante Jorge Dominichi, tuvo durante el primer tiempo a Labonia como pieza fundamental. El «Tano» le dió movilidad al juego y ese mejor trato de la pelota, esa mayor prolijidad tuvo premio en el cabezazo que metió Bustos ante un tiro de esquina de Cieri (fue al primer poste, el izquierdo, anticipó a todos 1 a 0).
En la etapa final no apareció el puntero y entonces Bustos combinó con Céliz por derecha, con total libertad, el centro lo aprovechó Labonia, sin compañia y el 2 a 0 pinchó el globo que ya volaba a muy baja altura. Ni siquiera Saturno (que había sido borrado por Franco), supo «tirarse a la pileta» tanto que Biscay no le creyó su «penal». Luego Cieri recibió de Tallarico y tocó por arriba de Puentedura. Tricota con 35 grados de calor y una tabla que cambió de dueño.
Campanazo y fiesta de las lindas en nuestra ciudad.
VILLA DALMINE: Tallarico: Céliz, Benicelli, Barrios y Franco; Bustos, Balugano y Labonia (32 m ST: Irazoqui); Cieri, Galván y Bartolucci (25 m. ST. Pereyra) DT: Dominichi.
HURACAN: Puentedura; Monti, Cuper, Wiktor y Luque; Wolheim, Quiroz y Carrió (27 m ST: Delgado); Saturno, Herrero y Mohamed. DT: Carlos Babington.
Gol PT: 42 m Bustos (VD).
Goles ST: 27 m Labonia (VD) y 37 m (VD).
Cancha: Villa Dálmine. Juez: Biscay. Recaudación: Australes 9.469.500.
Como lo fue ante Racing, aquel halago para los dalministas fue realmente importante ante el glorioso Huracán. Como muy bien lo señalara Julián Centeya: Campeón inolvidable, cuando Chiesa jugaba por capaz el «Futbol-scope» Onzari la llevaba corta y presa: salía Huracán y aquello era un galope! Stábile. El Filtrador, picaba y era el gol que se cantaba en la tribuna. La pelota ya estaba en la «guevera» y la cuestión era sacar de a una. Que Huracán. Huracán; aquel de Tucho, del Turco Simes, de Salvini, Unzúe. Me queda este consuelo de encender el pucho del recuerdo que me habla de aquel cuadro que fue. Y entrevero los nombres tan capaces sin orden y sin fechas....como sé, las cuarenta del mazo y todos eran ases! Los guapos de aquel tiempo venían siempre al pié. Cualquiera sea la suerte que a tus colores salga -las buenas y las malas son cosas que se dan- de frente a aquel que talle, por más que pese y valga, elevarás el «globo» al grito de «Huracán»!!!



