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En otros momentos de la trajinada, dolorosa y angustiante realidad socioeconómica de la Argentina los recuperos salariales por los incrementos en el costo de vida abundaron en las llamadas "sumas fijas" y de carácter universal.
Era habitual y común pensar en $50.- o $100.- para todas las categorías. La suma fija tenía como ventaja que repercutía mejor en términos porcentuales en las categorías e ingresos más bajos, pero lentamente iba erosionando la pirámide salarial, beneficiando mucho menos a las categorías y salarios medios y altos. En esos tiempos se veía con preocupación la continuación de incrementos por sumas fijas, ya que de continuar con las mismas en forma permanente, el desincentivo para el empleo calificado podía ser peligroso y el achatamiento de la pirámide salarial atentaba contra la productividad del trabajo.
Pero en el presente se volvió claramente al porcentaje. Los propios asalariados, probablemente por la altísima repercusión mediática de las noticias referentes al tema, hablan del 10%, del 20% o hasta del 30% tal como lo demanda el líder de la CGT Hugo Moyano por estos días.
Ahora bien, tanto en el caso de las sumas fijas como en el de los porcentajes, no pueden observarse aislados de la realidad integral de la política socioeconómica, máxime en un contexto de alta inflación dónde también sobreabundan los porcentajes pero poco se dice de la composición de la misma.
Si la inflación del año 2006 estuvo alrededor del 10%, dato oficial proporcionado por el INDEC, no completamos el análisis si no observamos el comportamiento de los precios por rubro y sector de la economía. La expansión de los precios en los rubros de alimentación y salud repercuten mucho más fuertemente en la base de la pirámide que en el ápice.
Vamos a poner un ejemplo para comprender mejor lo que estamos diciendo:
Supongamos dos ingresos bien diferentes:
A) Jubilado/a que percibe un haber neto mensual de $400.-
B) Trabajador industrial calificado que percibe un haber neto mensual de $2.200.
Si hubiera un incremento general del 15% en términos netos el Jubilado/a percibe $60.- y el Trabajador industrial $330.-. La pregunta es: ¿en cuánto satisface los mayores costos de la canasta familiar en un caso y en otro?. No hay que ser muy ducho en estos temas para comprender que el efecto erosión que se produce en el poder de compra de los que menos tienen por el proceso inflacionario es muy alto.
Sin embargo, la ilusión del aumento nominal es un detalle que no todos lo perciben con precisión.
Todos estamos mucho mas felices cuando se retocan hacia arriba nuestras remuneraciones, pero con claridad la distribución del ingreso es cada vez más regresiva.
Una mejor distribución de los ingresos, pero también de los nuevos e incesantes costos producto de la inflación, debe observarse con detenimiento e incluso debe publicitarse con mayor claridad para que nadie se sorprenda que cada día es mas pobre aunque se retoque su ingreso nominal.
Es imprescindible que nos demos cuenta que cada vez es mas difícil que las familias superen las líneas de indigencia y pobreza y que la inflación -aún reprimida por las políticas activas de controles que se llevan a cabo- constituye un verdadero flagelo para los ingresos más bajos.
Las políticas de incrementos de sueldos y salarios deben ser consistentes y combinadas entre sumas fijas en pesos y porcentajes, no se puede seguir un camino u otro sin analizar en profundidad el fenómeno.



