Buenos Aires (Especial para NA, por Daniel Casal) -- De nuevo, en la Argentina se ha pagado con sangre un tema que la política no pudo resolver.
El profesor neuquino Carlos Alberto Fuentealba fue en este caso la víctima en el marco de un conflicto docente que se extendió durante todo este año.
Los punzantes cruces verbales y la falta de un acuerdo entre el gobierno de Jorge Sobisch y los profesores, de igual tenor al que se había firmado ya con los maestros de grado, hacía presumir que todo iba a terminar en un enfrentamiento.
Y sobrevino la protesta, el corte de rutas y la decisión de un gobernador, que aspiraba a la Presidencia, de mostrar "mano dura" frente un corte de ruta, como una manera de diferenciarse claramente de la política de "persuasión" que el gobierno nacional toma en estos casos.
Ante la necesidad de marcar esa diferencia se instaló la sospecha de que la rápida represión se dio por una orden directa del gobernador.
Y, cuando se desata el monstruo de la violencia, difícilmente los políticos lo puedan volver a sujetar con sencillez. Es más, esa especie de código interno que maneja la propia violencia señala que siempre debe haber un accionar que amedrente futuras acciones similares.
No es casual, entonces, que todo termine al menos con un muerto, llámese Teresa Rodríguez o Carlos Fuentealba, que debe pagar la afrenta de desafiar el poder.
Las puntadas de un largo entramado de decisiones políticas terminaron cortándose por el hilo más delgado. Primero, porque siempre se habla de una educación mejor pero luego todo se traba desde el principio, con el reclamo primario de un sueldo adecuado para maestros y profesores.
El propio Sistema Federal de Educación pone trabas directas a una política nacional conjunta.
Es así que una decisión que tome un ministro como Daniel Filmus choca contra las que adopten las administraciones provinciales, a veces de otras corrientes ideológicas, como en este caso Neuquén, y también Salta, cuyos docentes se encuentran en conflicto.
También se debe tener en cuenta el delicado equilibriopresupuestario de las provincias, producto de desmanejos locales conjugada con una política muy centralista de distribución de ingresos nacional.
Debido a esto, varios distritos tiene sus cuentas en un claro estado de anemia.
No es el caso precisamente de Neuquén, que guarda cierta independencia del poder central gracias a los beneficios de las regalías petroleras desde que hace más de una década se provincializaron los recursos naturales.
Sin embargo, y a pesar de éstas, la provincia también se encamina hacia la frontera del desfinanciamiento.
La Ley Federal de Educación estipuló para este año que los recursos para el sector alcancen al 5 por ciento del PBI.
Por lo tanto, se imponía para el 2007 el piso de 1.040 pesos para los docentes de todo el país.
El problema fue que Filmus enmarcó el anunció en su campaña electoral en la Ciudad de Buenos Aires y se embarró la cancha.
Algunas provincias alineadas con el gobierno nacional aceptaron con rapidez, como el caso de Buenos Aires, donde un gobernador en retirada le dejará un agujero fiscal a la próxima administración.
Otras aceptaron porque una medida de esta naturaleza es dificil de rechazar en un año electoral, mientras que en donde fue resistida comenzaron conflictos de diverso calibre.
Hasta en la propia provincia del Presidente, Santa Cruz, se animó la protesta, en este caso liderada por el obispo de Río Gallegos, Juan Carlos Romanín, y allí se escribió otro capítulo más de las divergencias entre la Iglesia y la Casa Rosada.
La carrera presidencial de Jorge Sobisch, por supuesto ha llegado a su fin, y ya sus aliados han tomado rápida distancia.
El mayor de ellos, Mauricio Macri, repudió lo sucedido en la provincia del ahora ex aliado.
A todo esto, Néstor Kirchner se ha mantenido en su refugio del sur sin mayor capacidad de respuesta a lo que ha sucedido en los últimos días en el sur argentino.
Tanto la conmemoración de los 25 años de Malvinas, los conflictos docentes en su provincia, Santa Cruz, y los sucesos en Neuquén no han tenido una presencia activa del jefe de Estado.
Es lógico que alguien de su gobierno sea su propía voz, pero tampoco hay que olvidar que por decisión propia, Kirchner ha convertido a sus apariciones públicas como las letras únicas y definitivas en cada cuestión.
Esta actitud ha devaluado en parte la voz de sus hombres de mayor confianza y que sus ausencias tenga un doble significado Y, precisamente, durante los conflictos más crueles, serecluye en El Calafate con el fin de evitar un desgaste para su figura.
Así sucedió luego de la tragedia de Cromagnon, con la crisis con la Corte, los actos de Malvinas y ahora el grave problema docente.
Con respecto a Malvinas, Kirchner tuvo siempre un accionar de firmeza, lejos de los ositos seductores de ex canciller Guido de Tella, por ser precisamente un hombre del sur que vivió de cerca la guerra.
Entonces, los organizadores del acto central de conmemoración, realizado en Ushuaia, sintieron su faltazo como una frustración, como así también que haya sido tibiamente reemplazado por elvicepresidente Daniel Scioli.
El jefe de Estado tendrá que evaluar si este gris de ausencia le evita un desgaste, o, por el contrario, va minando su fortaleza ante una sociedad que siempre valora la omnipresencia.
Para colmo, algunas decisiones terminan haciendo mella en la credibilidad del Gobierno, como es el caso, del manoseo en el INDEC.
Por estas horas se está por sellar un golpe definitivo al organismo si es que al final, y por primera vez en la historia, es cambiada la cifra de incremento de la canasta básica de alimentos porque el 3,6 por ciento alarmó a todo el gobierno.
Se argumentó que esta canasta no contempló algunas bajas de último momento, pero todos los meses pueden existir cambios hacia arriba o abajo y quedan como arrastre estadístico para el período siguiente.
Todo estos enjuagues generan también puntos negros en la formación de precios y salarios y por ende agrega incertidumbre a la economía.
Justo en el momento en que el gobierno debe determinar si solo cambió el plan económico o realmente tiene intenciones de modificar el modelo.
Es que ahora la distribución de ingresos se encuentra en el mismo nivel que en el mejor momento de la Convertibilidad, como así también las reservas de Banco Central.
Según datos del INDEC, el sector más rico de la población tiene ingresos 31 veces mayores que el más pobre, casi sin cambios en el último año.
En cifras, el 10 por ciento de la población más pobre gana entre 0 y 110 pesos, mientras que el más rico tiene ingresos de hasta 154.367 pesos.
En tanto que el Barómetro Social que calcula la Universidad Católica Argentina (UCA) puntualizó que el 48 por ciento de los 2.557.000 niños de hasta 9 años que habitan la Argentina, es decir, 1.230.000, vive en hogares pobres.
El 67,5 por ciento de ellos vive en hogares vulnerables en términos socioeconómicos y el 50,8 en hogares con bajo nivel educativo.
Con estos datos en la mano, no es descabellado pensar que de no ser resuelta esta brecha, serán recurrentes los conflictos sociales y, luego, la impericia política se encargará de que aparezcan otros Carlos Alberto Fuentealba



