La Plata (Especial para NA, por Marisa Alvarez) -- El dinamismo y las tensiones que va ganando el proceso electoral porteño, acuciado por el calendario, parece tener un efecto inversamente proporcional en el escenario político-electoral bonaerense, donde todas las definiciones importantes -desde las alianzas hasta las candidaturas, salvo unas pocas ya lanzadas- quedarían congeladas hasta fines de junio, cuando se haya resuelto la pulseada por la jefatura de gobierno de la capital federal.
Sin embargo, por debajo de la superficie, y contrariando las apariencias, no han perdido ritmo los aprestos orientados a tomar posiciones para cuando llegue la hora de la verdad en la Provincia.
LA BATALLA CENTRAL
Y aunque en un tono marcadamente más reservado que el de hace algunas semanas, esos movimientos son especialmente fluidos en el heterogéneo universo del oficialismo, que, entre tanta controversia interna, se encamina hacia una batalla central: la que desplegarán los impulsores de un esquema de "unidad" -que en su criterio debería traducirse en listas únicas para todos los niveles (legisladores provinciales e intendentes)- y los que sostienen el sistema de las "colectoras" en "todos lados" en una reedición del conocido recurso del justicialismo de ser algo así como oficialismo y oposición a la vez.
Todos saben -vale aclarar- que esa batalla será definida por el presidente Néstor Kirchner y todos -con las eventuales posibles excepciones- están dispuestos a aceptar su veredicto. Pero también todos se muestran dispuestos a trabajar sin descanso para que, a la hora de las definiciones, su propuesta aparezca como la más conveniente a los ojos del jefe.
EL PODER Y EL ACCESO A EL
La dirigencia nucleada formalmente en el PJ que conduce el diputado nacional José María Díaz Bancalari constituye el núcleo duro de impulso y defensa de la estrategia de "la unidad". Es entendible. Conforman esa estructura intendentes y fuertes referentes territoriales, en especial en el electoralmente poderoso Conurbano, que aspiran a ser reelectos o a consolidar su poder; un objetivo que podría verse seriamente amenazado si la competencia en las urnas de octubre adquiere el formato de candidaturas que puedan llevar, como las propias, la boleta de un Kirchner a la Presidencia y de Scioli a la Gobernación.
Bastante más dispersas, ambiguas y cambiantes son las posturas en el seno de la dirigencia, peronista o no, que ya para los comicios del 2005 se inscribió en el Frente para la Victoria.
La falta de homogeneidad -y de una jefatura operativa por debajo del liderazgo indiscutido del Presidente- a lo largo de estos dos años parece haber decantado, no ya en las diferencias "ideológicas" que algunos sectores sostuvieron inicialmente, sino en una divisoria, aunque difusa, entre quienes tienen el poder distrital -devenido de los votos de elecciones anteriores- y quienes buscan, precisamente, acceder a él.
Lo cierto es que esa "dispersión" pesa en estos tiempos de definición de la estrategia electoral que el sector se dará para octubre. Y, en principio, coloca a los intendentes y referentes fuertes del FpV, casi todos peronistas, en especial a los del Conurbano, más cerca de la postura de los dirigentes del PJ que de más de uno de su propio espacio. Es entendible. Ellos también aspiran a consolidar su poder y las colectoras significarían un peligro para esa pretensión.
Tan entendible como la defensa de las colectoras que, por no tenerlo, ejercen "contra el poder constituido" otros sectores del FpV, entre los que sobresalen las organizaciones sociales ex piqueteras y, por razones más complejas, el felipismo, sin reparar demasiado si enfrente hay dirigentes del PJ o del propio FpV.
LOS INDECISOS
Ese clima ambiguo se tradujo hace algunas semanas en la participación fervorosa de varias figuras destacadas del FpV, como el diputado Alberto Balestrini y el senador José Pampuro, entre otros diputados del sector "fundadores" del espacio, de un plenario del PJ que contó con la asistencia de Scioli y en el que se planteó sin vueltas "la unidad"; camino que algunas de esas figuras desandaron luego con paso firme.
LA PIPA DE LA PAZ
En ese tren, las novedades de los últimos días las aportó el gabinete del gobernador Felipe Solá, donde el espíritu de reconciliación que propone la Semana Santa parece haber calado fuerte esta vez. O más precisamente en el seno del felipismo, en la medida que se trata más de una cuestión más político-electoral que institucional.
La paz firmada entre el ministro de Gobierno, Florencio Randazzo, y el vicejefe de Gabinete del Gobernador, Emilio Pérsico, y más aún, la decisión de "trabajar juntos", se ha convertido, en efecto, en el dato saliente de estos tiempos de despachos cerrados "por fin de semana largo" y teléfonos atendidos por el contestador.
No podría decirse que Randazzo, en busca de conducir al felipismo -y algo más- en esta etapa electoral, y Pérsico, jefe del Movimiento Evita, han sido enemigos en el marco del gabinete de Solá. Pero la genética inclinación de ambos a extender y consolidar su inserción en la dilatada estructura del gobierno provincial, y a influir en el perfil y el sesgo integral tanto de la gestión como del rumbo político de ese equipo, sumada a sus notorias diferencias en casi todos los planos imaginables, los habían llevado hasta ahora a, por lo menos, disentir, competir y resistirse mutuamente.
De hecho, en las reuniones de reorganización y reinstalación que el felipismo realizó en las últimas semanas había sido notoria la ausencia de Pérsico y los dirigentes del M-Evita. "No estamos ahí", respondían además, cuando se los consultaba.
OBJETIVO DE SUPERFICIE
"Vamos a trabajar juntos", dicen, en cambio, por estas horas voceros del uno y del otro, sugiriendo la existencia de alguna señal de la Casa Rosada en la base del flamante acuerdo. Sus efectos no serían inocuos en el plano institucional, en la medida que ambos funcionarios tienen sobre primeras y segundas líneas de varios ministerios y organismos públicos más ascendiente del que parece. Pero el objetivo de esta reconciliación pasa, esencialmente, por el armado electoral del oficialismo.
"Queremos tener candidatos municipales en los 134 distritos", exageran para dar dimensión de la ambición del objetivo, y dejando en claro, de paso, a partir de la lógica más básica, que en algunos lugares competirían con la boleta "oficial-oficial" pero en otros con "las colectoras".
Se ríen cuando se les pregunta si en ese caso presentarán candidato propio en Tres de Febrero, la patria chica del pejotista Hugo Curto. Vuelven a aludir a señales de la Rosada, y dicen "nos pidieron que ahí no armemos". Pero aseguran que la idea, genérica claro, es "pelear en todos lados".
OBJETIVO DE FONDO
El objetivo, en rigor, es más fino y más profundo. En verdad, desde la Gobernación se apunta a "organizar el FpV en la Provincia", a conducirlo, más que a constituir un sector dentro de ese espacio. Declaran, por eso, que encararán la tarea "junto con Balestrini y Pampuro". Pero desestiman el rol de otros dirigentes del FpV, como el de los intendentes del Conurbano, y el de algunos diputados nacionales de línea directa con la Rosada que alguna vez funcionaron como "armadores". Afirman que, "simplemente", formarán parte del espacio.
Aparece, en ese esquema, una "dificultad" para los hombres de la Gobernación. Definidos por razones más que obvias como el "felipismo", ahora aspiran a que ese vocablo caiga súbitamente en desuso. "No va a ser felipismo, va a ser el FpV mismo", explican con referencia al objetivo propuesto, mientras juran que el Gobernador "está de acuerdo".
En el fragor, claro, todas las partes suelen olvidar a veces -sólo a veces- que en el oficialismo bonaerense no habrá lista, única o colectora, que no sea evaluada y definida en la Casa Rosada.



