Buenos Aires (Especial de NA, por Mariano Spezzapria) -- El inicio de la ronda de diálogo entre la Argentina y Uruguay en torno al conflicto por las papeleras no puede sino tomarse como una acción auspiciosa, puesto que sin diálogo no podría haber entendimiento, pero el contacto en Madrid también refleja cierto grado de inmadurez y presenta una paradoja histórica.
En primer lugar, son los gobiernos -tanto el argentino como el uruguayo- los que tienen una enorme cuota de responsabilidad porque no pudieron hallar una fórmula que diera un cauce al conflicto. En algunos momentos reinó la imprevisión y en otros la desconfianza, pero sobre todo lo que no abundó fue la capacidad.
Por eso el Gobierno argentino apostó a involucrar a España en el conflicto, habida cuenta de que una de las papeleras -Ence- tiene su origen en ese país. Fue entonces cuando el rey Juan Carlos se comprometió a iniciar una mediación -aunque no lo haya llamado de esa manera- que ya tuvo varias idas y vueltas.
Y se abrió, por cierto, una paradoja de la historia: justamente Argentina y Uruguay, que en sus momentos fundacionales tuvieron a España como su opresor, recurren ahora a la "facilitación" de la diplomacia ibérica.
Una frase escrita por José de San Martín en una carta que envió en 1819 a José Gervasio Artigas puede servir para comprender esta paradoja: "creo que debemos cortar toda diferencia y dedicarnos a la destrucción de nuestros crueles enemigos los españoles, quedándonos tiempo para transar nuestras desaveniencias como nos acomode, sin que haya un tercero en discordia que pueda aprovecharse de estas críticas circunstancias".
San Martín se encontraba entonces en Chile preparando su campaña libertadora hacia Lima (Perú) y hasta Santiago le habían llegado malas noticias: España se disponía a enviar a Buenos Aires una expedición de 16.000 nombres y para colmo el Gobierno porteño estaba enfrentado con la alianza entre Artigas y Santa Fe.
Claro que España ya no es enemiga de la Argentina ni tampoco de Uruguay, pero está claro que más allá de la hermandad de los pueblos, los gobiernos de Buenos Aires y Montevideo siempre se miraron con desconfianza. Aún cuando tenían enemigos comunes, no pudieron unirse para transitar un mismo camino.
Y menos cuando aparece un "tercero en discordia", como lo hizo notar San Martín en su carta a Artigas. Ese tercero en discordia es en la actualidad, claramente, la papelera Botnia, de capitales finlandeses. Porque hay que destacar que la española Ence entendió las raíces del conflicto y decidió abandonar Fray Bentos.
Pero la actitud de Botnia y del Gobierno de Finlandia -que mira para otro lado, haciéndose el distraído- es a todas luces distinta, en buena medida porque la planta ya está prácticamente terminada y podría comenzar a producir a principios de septiembre.
Del otro lado del Río Uruguay, también hacen lo suyo los ambientalistas de Gualeguaychú. Mantienen cortada la ruta a Fray Bentos desde hace un buen tiempo y comenzó a reinar entre ellos un clima de angustia ante la política de hechos consumados exhibida por Botnia. Y queda claro que la angustia no es buena consejera.
Todo esto cargan sobre sus espaldas los funcionarios que hoy tomaron contacto en Madrid por primera vez en 14 meses. Es paradójico -y positivo, entiéndase bien- que España haya armado el escenario del diálogo, pero es a la vez una demostración más de los desencuentros históricos entre la Argentina y Uruguay.



