Caminar de forma sagrada es hacer de la vida un arte, vivir cada momento cómo si fuera el último, dar cada paso como si fuera el primero.
Inspirar amor y conciencia en este frágil cuerpo nuestro y entrar en el cuerpo mayor que todos compartimos. Ver que cada paso debe ser dado con ligereza,
sin forzar nada, sin crear más ego.
Caminar de manera sagrada es liberarnos de nuestro sufrimiento y permitir que la brillante esencia del momento dirija nuestro siguiente paso.
Cuando caminamos de manera sagrada, nada nos desequilibra, pues nada se identifica con el ego – como el que camina- sino que todo se experimenta como sagrado, como un proceso que se despliega, como el momento divino preciso para nuestra sanación.
En un cuerpo abierto, en una mente abierta, en un corazón abierto, las posibilidades son ilimitadas.
La sanación se encuentra por doquier... Cada paso es precioso; cada paso es una nueva sanación.



