Buenos Aires (Especial de NA, por Daniel Casal) -- Las grises postales santacruceñas vistas durante los últimos días mostraron un conflicto irresuelto por severos errores políticos, pero también agitaron el debate por la sucesión presidencial.
Los hechos de violencia en la comarca de los Kirchner demostraron un cierto hartazgo de la sociedad de una forma de hacer política de matriz feudal, similar a la que se ve en diversos puntos de la geografía nacional.
Más aún cuando esa política pretende hacerse a 3.000 kilómetros de distancia, que separan a Río Gallegos de la Casa Rosada, con gente que no ha acumulado mayores quilates políticos.
Así pasó con el gobernador renunciante Carlos Sancho, un empresario cercano al Presidente pero que no veía la hora de alejarse del cargo.
El antecesor, Sergio Acevedo, también salió presuroso de la gobernación cuando vio su poder acotado y con un manejo de obra pública en el que no teía ni voz ni voto.
Ahora, al nuevo mandatario, Daniel Peralta, se le reconoce cintura política para momentos de conflicto y, precisamente por ello, fue convocado a pacificar la provincia.
Su designación encierra una paradoja, porque es un dirigente de extracción sindical que convocará a paritarias en la provincia, algo que Kirchner no avaló allí pero sí lo hizo a nivel nacional.
Del otro lado de la línea de fuego tampoco hay política menuda, ya que la protesta de docente y municipales tuvo su fogoneo extra con activistas radicales y trostkistas que apuestan al fin de la "era kirchner" en la provincia.
Las imágenes de la violencia y las acusaciones de "patoreros" y "cobardes" a los docentes por parte del jefe de Estado dejaron helados a todos, porque desde que asumió tuvo una actitud contemporizadora con cada conflicto social. Pero, claro, ahora los incidentes de produjeron en su pago chico. Ni que hablar del desconcierto que dejó en descubierto la frase del ministro del Interior, Aníbal Fernández, que los ensagrentados en las refriegas en esta "Patagonia Rebelde" se "autohirieron".
Estos hechos, junto con otros conflictos que presumen las perennes asimetrías sociales, abrieron un debate aún en sordina sobre la sucesión presidencial en diciembre.
Están los defensores de la continuidad de Néstor Kirchner por un nuevo período ante el convencimiento que se necesitará más mano firme en los tiempos por venir.
Con un trazo grueso se puede decir que aquí se ubican los cuadros históricos del PJ; como el aparato bonaerense o las estructuras sindicales de siempre.
La candidatura de la primera dama genera resistencias en amplios dirigentes del PJ bonaerense, y tal vez por eso un hombre salido de esas filas, el ex ministro de Defensa y actual presidente provisional del Senado, José Pampuro, prevé salir en los próximos días a hacer público su apoyo a una eventual postulación de Cristina.
Para sus detractores, la primera dama constituye un verdadero misterio y supuestamente llegará al gobierno con su perfil refinado y profesional, lejos de los usos y costumbres justicialistas.
Siempre fue muy crítica del aparato político bonaerense y de las pirámides históricas de la CGT tradicional. El interrogante será, entonces, como hará para gobernar sin esos sectores.
No en vano, el viejo olfato de los gremialistas de la central obrera los lleva, ahora, a unir fuerzas, por las dudas, para curarse de espanto.
En el Gobierno también están los otros, es decir, los que creen en la alternancia frente a la necesidad de oxigenar el poder.
Estos son los que proyectan un horizonte de otros diez años del apellido Kirchner en la Rosada, aunque de asumir Cristina llevará sólo el de Fernández.
En esta franja se ubican el jefe de Gabinete y el secretario general de la Presidencia, Carlos Zannini, entre otros, aunque Alberto Fernández haya salido a aclarar en las últimas horas que aún no hay definición sobre el tema.
Por ahora, el mayor impulsor de esta candidatura es el propio jefe de Estado, a quien le entusiasma la idea de encargarse del armado de una edificio político "amplio y trascendente" que exceda al Justicialismo.
En los próximos días habrá algunas demostraciones públicas que podrían apuntalar esta última posibilidad cuando el 19 de mayo, Cristina participe de una caravana desde Pompeya a Lugano, en la Capital, en apoyo de los candidatos Daniel Filmus y Carlos Heller.
El Presidente no decidió aún si estará en la caravana, por ser un distrito bastante hostil para su gestión, pero sí pronunciará el discurso de cierre de la marcha. En tanto que el 25 de mayo, el matrimonio estará en Mendoza --siempre se alejó de Buenos Aires el día del tradicional tedeum por la fecha patria-- y allí, en el acto central, se buscará la foto de Cristina con el gobernador radical Julio Cobos, una potencial fórmula del oficialismo para las elecciones de octubre.
Más allá de las fricciones en las provincias y las disputas de palacio, nada parece perturbar la marcha del kircherismo hacia una victoria acomodada en octubre.
Mucho tiene que ver en esto la economía, primero con la salida del abismo y luego gracias a los cuatro años de crecimiento sostenido.
Quizá, en otros comicios, la demanda del voto será la ética y la calidad institucional, pero esa será otra historia.
También la oposición tiene su gran cuota de responsabildidad en el dibujo de este cuadro político monocolor, porque nadie puede recomponer tejidos de tal manera de conformar otra opción válida para el electorado.
Elisa Carrió ha ganado voluntades en las últimas semanas gracias a un modelo de construcción terrenal, como es la Coalición Cívica, abandonando esa actitud mística, inentendible para muchos.
En el marco del armado de este edificio, Elisa pretende ahora sumar a dirigentes como Margarita Stolbizer y Ricardo López Murphy, con lo que quedaría conformado lo que algunos ya llaman el "panradicalismo", con los desilusionados de la UCR.
La tarea no es fácil porque a López Murphy se lo ve muy embalado con su candidatura presidencial que, según dice, debe tomar mayor cuerpo luego de los comicios porteños si el vencedor es Mauricio Macri.
En tanto que Stolbizer fortalece su posición por las diversas propuestas que recibe, como la de acompañar a Roberto Lavagna en la fórmula presidencial o, en su defecto ser candidata a gobernadora de UNA, la agrupación liderada por el ex ministro.
Carrió también mantuvo amistosas conversaciones con el intendente de Córdoba, Luis Juez, y sin éste bien colmó de elogios a la dirigente, al mismo tiempo dio muestras de su vocación de fe hacia Néstor Kirchner.
Su odio hacia el gobernador José Manuel de la Sota y la posición que tomará el gobierno nacional en la elección de Córdoba le terminará de marcar el rumbo al verborrágico intendente.
n el lanzamiento de su candidatura presidencial, en un teatro porteño, Lavagna criticó tanto al gobierno como a Carrió, lo que demuestra la realidad de las encuestas que ya no está en el segundo lugar en las preferencias del electorado.
Una de ellas que maneja el Gobierno, pero que se encuentra en sintonía con otras, dan cuenta que Carrió puede arañar desde un 12 hasta un 15 por ciento de voluntades, contra el 8 o el 10 por ciento del ex ministro.
Más allá de los resultados de octubre, el gobierno que asuma el 10 de diciembre tendrá ante sí el desafío histórico de llevar al país a otro plano institucional.
Un país donde no haya que llevar los problemas al punto de conflicto extremo para que se repare en ellos, como pasó con los casos de los docentes en Neuquén y Santa Cruz o las papeleras frente a las costas de Gualeguaychú.
Con un diseño de una plataforma productiva, para que no se discuta en interminables reuniones, el precio del kilo de lomo o del asado, en lugar del futuro del agro y la industria para las próximas décadas.
Y sobre todo que se disipen las graves asimetrías sociales, poniendo el acento en un proyecto de educación inclusivo y duradero.
En síntesis, el próximo gobierno deberá definir un verdadero proyecto de país, un concepto que por propia definición choca de frente contra el clientelismo que desde hace décadas invade el escenario político argentino.



