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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 20/may/2007 de La Auténtica Defensa.

CARA O CECA
Lic. Patricia Katz - Lic. Sebastián Terrizzano.




Nos mandaron esta historia, queremos compartirla:

"Érase una vez un hombre como todos los demás. Un hombre normal. Tenía cualidades positivas y negativas. No era diferente.

Una noche, repentinamente, llamaron a su puerta. Cuando abrió, se encontró a sus enemigos. Eran varios y habían venido juntos.

Sus enemigos le ataron las manos.

Después le dijeron que así era mejor, que así, con sus manos atadas, no podría hacer nada mal. Olvidaron decirle que tampoco podría hacer nada bueno.

Y se fueron dejando a un guardián a la puerta para que nadie pudiera desatarle.

Al principio se desesperó y trató de romper las ataduras. Cuando se convenció de lo inútil de sus esfuerzos, intentó poco a poco acomodarse a su nueva situación.

Poco a poco consiguió valerse para seguir subsistiendo con las manos atadas. Inicialmente le costaba hasta quitarse los zapatos. Hubo un día en que consiguió liar y encender un cigarrillo. Y empezó a olvidarse de que antes tenía las manos libres.

Mientras tanto, su guardián le comunicaba, día tras día, las cosas malas que hacían en el exterior los hombres con las manos libres. Se le olvidaba decirle las cosas buenas que hacían esos mismos y otros hombres con las manos libres.

Pasaron muchos años. El hombre llegó a acostumbrarse a sus manos atadas. Y cuando su guardián le señalaba que gracias a aquella noche en que entraron a atarle, él, el hombre de las manos atadas, no podía hacer nada malo no le señalaban que tampoco podía hacer nada bueno, el hombre empezó a creer que era mejor vivir con las manos atadas.

Además estaba tan acostumbrado a las ligaduras ...

Pasaron muchos, muchísimos años...

Un día, sus amigos sorprendieron al guardián, entraron en la casa y rompieron las ligaduras que ataban las manos del hombre.

"Ya eres libre", le dijeron.

Pero habían llegado demasiado tarde. Las manos del hombre estaban totalmente atrofiadas."

Siempre preguntamos vuestro parecer, aquí va el nuestro: la historia nos presenta a un sujeto totalmente pasivo; recibe lo que le dan y como no se lo dicen él no piensa nada y deja que la vida vaya...

Es un claro ejemplo de quién no se hace cargo...los otros se lo hicieron y él no tiene nada que ver, es una pobre víctima de las circunstancias.

La verdad es que no sabemos si ante semejantes ataduras podría haber encontrado una forma de enfrentarse y modificar la situación, pero aceptar que uno se resigna y sigue así la vida, parece otra cosa...

Nosotros estamos convencidos que hasta el último de nuestros días podemos hacer algo, eso si el primer paso es reflexionar acerca de la responsabilidad que nos cabe en lo que nos pasa en la vida y desconfiamos mucho cuando se nos dice: esto me lo hicieron los demás; porque la verdad tiene dos caras una que es apariencia y la otra muchas veces no se ve y lleva en si aspectos esenciales que podrían pasar desapercibidos, pero a un buen observador sugerir indicios para proponerse a investigar...

Lic. Patricia Katz. Lic. Sebastián Terrizzano.

Para comentarios y sugerencias escribir a : caraoceca@hotmail.com


 
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