Mi nombre es Claudia, soy la esposa de Gabriel Velardez, quien tuvo un gravísimo accidente hace unos días. En nombre de mi marido, de mis hijos, familiares y mío, quiero agradecerles a todos los que lo tuvieron en oración. Sé que muchísima gente estuvo pendiente de su situación, rezando por él haciendo cadenas de oración, haciendo fuerzas por él, brindándonos su hospitalidad y su tiempo. Quisiera poder nombrar a cada uno de ustedes que pusieron su fe a nuestra necesidad, pero seguramente me voy a olvidar de muchos y también sé que hay mucha gente que no conozco y ni siquiera nos conoce, que estuvo rezando por él. Pero quisiera agradecerle a Dios por sobre todas las cosas, al personal de la guardia y en especial al Doctor Jorge Paredes que lo atendieron en el Hospital de Campana; a los Bomberos Voluntarios de Campana y a todos los médicos y enfermeros que lo atendieron en la Clínica Basterrica de Bs. As., porque no solo encontramos muy buenos profesionales, sino una calidad humana increíble. (personas que supieron esucharnos y entendernos en estos momentos difíciles). También quiero agradecerles a todos nuestros familiares que estuvieron siempre pendientes; a nuestros vecinos, sacerdotes, a la comunidad de la Iglesia del carmen y a la de todas las Iglesias donde se estuvo pidiendo por las salud de mi marido; al Colegio y al Jardín Padre Aníbal, a sus directivos, maestrass, señoritas, alumnos y a toda la comunidad rogacionista; a los padres de los compañeritos de mis hijos, compañeros de la aduana, alumnas de gimnasia, amigos, conocidos...En esos puntos suspensivos quiero hacer entrar a todas aquellas personas que sin querer puedo llegar a olvidar, pero a las que no quiero dejar de agradecerles. Durante todo este tiempo, muchas personas se acercaron a mis familiares y a mí, preguntándonos en qué podían ayudarnos y lo único que les pedíamos era que por favor rezaran, que hicieran fuerzas desde donde estuvieran, porque sabíamos que Gaby lo iba a sentir y Dios nos iba a escuchar. A pesar de todo, de los partes médicos tan terribles que escuchábamos, nunca bajamos los brazos, siempre seguimos teniendo fe y cada vez nos aferrábamos más a Dios. Y esa fe (la de todos ustedes y la nuestra) fue la que hizo que hoy Gaby está en casa recuperándose de a poco, porque: "donde hay vida, hay esperanza". Cuando Gaby mejoró todos los médicos (hasta los que no lo habían atendido), nos decían: -"Esto es un milagro". -Nosotros no creíamos que iba a salir adelante" -Agradezcan a Dios por este milagro de vida". Por eso quiero decirles: gracias, mil gracias nunca voy a poder dejar de agradecérselos y por favor: "nunca se dejen vencer, aún en los momentos más terribles y triste de la vida. Aférrense a Dios que es nuestra esperanza. Que Dios los bendiga:
Flía. Velardez



