Buenos Aires (especial de NA, por Gabriel Profiti) –- La política exterior del Gobierno de Néstor Kirchner tomó en cuatro años un rumbo netamente latinoamericanista y muchas veces entró en fricción con los postulados del mundo desarrollado.
Su gestión acumuló roces de mayor o menor envergadura con Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón, Chile, Uruguay, Cuba e Irán, mientras que sintonizó, más allá de algunas divergencias, con Brasil y Venezuela.
Pero hay ciertos atenuantes para un Kirchner que debió enfrentarse con algunos países centrales –Estados Unidos, Italia y Japón- por una decisión que luego le fue reconocida: la reestructuración de la deuda externa en default que había declarado Adolfo Rodríguez Saá en su semana presidencial.
Además, el endurecimiento de la posición argentina en torno a la soberanía de las Islas Malvinas, obviamente sin llegar al conflicto bélico con Gran Bretaña, es otra medida que tuvo y tiene aceptación en la sociedad.
El resto de las determinaciones que depararon disputas en el frente externo causaron polémica, como el pago de la deuda al FMI o el enfrentamiento con Francia por la salida del Grupo Suez de Aguas Argentinas.
El conflicto con Uruguay obedece a una sucesión de errores inconcebibles tanto de Buenos Aires como de Montevideo; y los vaivenes con Chile por los recortes energéticos pueden atribuirse a la falta de inversiones en el sector que comenzó antes de la llegada del patagónico a la Casa Rosada.
Además, los cruces con Irán por el impulso a la causa AMIA están en línea con las decisiones de la Justicia argentina; y con Cuba los problemas surgieron por una gestión del gobierno nacional para que la médica disidente Hilda Molina pudiera visitar a sus nietos en Buenos Aires.
Con todo, quizá lo más reprobable de la dirección otorgada a la política exterior argentina durante este Gobierno no es la confrontación sino los modales utilizados o la elección de algunos gestos que podrían haberse evitado.
.Estados Unidos
La relación con la Casa Blanca tuvo vaivenes, pero este gobierno se diferenció radicalmente de sus antecesores, quienes desde Carlos Menem en adelante buscaron el alineamiento automático con la primera potencia mundial.
El cruce más recordado fue por la oposición de Kirchner y del resto de los mandatarios del Mercosur al ALCA en la Cumbre de Mar del Plata, pero antes y después hubo otros momentos tensos con la administración de George W. Bush.
Inicialmente se produjo un fuerte intercambio entre el ex canciller Rafael Bielsa y el ex secretario para Asuntos Hemisféricos Roger Noriega, quien llegó a definir a Kirchner como "populista".
La definición de Noriega fue compartida a lo largo de estos años por varios funcionarios de países centrales, como el ex embajador francés en el país Francis Lott, quien lo calificó de "setenta y ochista" y recibió una dura respuesta de la primera dama Cristina Kirchner en 2005.
Sólo en este año se registraron tres roces con el gobierno norteamericano. El más importante fue por un acto que Hugo Chávez protagonizó en Ferro, donde llamó "cadáver político" al mandatario estadounidense que en simultáneo visitaba Uruguay.
También hubo fricción por un lobby encabezado por el embajador Earl Wayne para que capitales de ese país pudieran adquirir a la distribuidora eléctrica Transener; y ahora por los consejos del Gobierno norteamericano a quienes visitan la Argentina.
Hubo un momento el año pasado en el que pareció que Kirchner daba un giro moderado. Fue cuando el matrimonio presidencial accionó la campana de inicio de operaciones bursátiles en Wall Street en medio de una gira destinada a atraer inversiones.
Pero el encanto duró poco y aún hoy, a punto de terminar su mandato, muchos analistas internacionales prefieren ubicar al patagónico más cerca de Chávez, Evo Morales (Bolivia) o Rafael Correa (Ecuador) que de otros líderes de la región que tienen mejores relaciones con Europa y América del Norte.
Como consecuencia, la Argentina aún no pudo reestructurar su deuda con el Club de París y todos los mandatarios de países centrales que visitaron la región evitaron hacer escala aquí.
En cambio, Kirchner consolidó una relación estratégica con el Brasil de Luiz Lula Da Silva. Ambos mandatarios superaron pujas iniciales por el comercio y el liderazgo regional y dieron un impulso político importante al Mercosur.
Y otro socio cada vez más importante es Venezuela. Según estimaciones de Caracas, el comercio bilateral llegará en 2007 a mil millones de dólares, un aumento geométrico si se tiene en cuenta que el intercambio fue de cien millones en 2003.
Sin embargo, eso no significa que el país esté aislado del primer mundo. El comercio creció y con Estados Unidos hubo avances importantes en materia de cooperación contra el lavado de dinero y el terrorismo, algo que desvela a la Casa Blanca.
Además, Kirchner sumó un gran aliado en el escenario internacional en 2004 cuando el socialista José Luis Rodríguez Zapatero llegó al poder en España postergando al Partido Popular del entonces presidente José María Aznar.
A pocos meses del final de su mandato, Kirchner dio en las últimas horas un fuerte impulso a la posibilidad de que su esposa compita para asumir en su reemplazo en diciembre.
Más predispuesta a las relaciones internacionales, la llegada de la primera dama a la Casa Rosada podría saldar o morigerar la deuda externa kirchnerista.



