En la actualidad, el sistema tributario argentino basa su recaudación principalmente en los impuestos indirectos que gravan la capacidad contributiva del consumo (IVA, internos, combustibles) trasladables al consumidor final. No toma en cuenta a los impuestos directos que gravan las capacidades contributivas de rentas y patrimonio (ganancias y bienes personales). Esta composición de la recaudación impositiva, determina que nuestro sistema tributario sea REGRESIVO, es decir impacta en mayor medida en los sectores de menores recursos, debido a que los consumidores de menores ingresos destinan el total al consumo en bienes que están gravados con IVA y las personas de altos ingresos, para los cuales entra en juego la variable ahorro, el impacto de los impuestos a los consumos sobre sus ingresos es menor.
Parte del gasto público social, en Argentina, ha mostrado ser procíclico, es decir que ha evolucionado en la misma dirección que el PBI, por consiguiente no se cumple el principal objetivo de estas erogaciones, que es proteger a la sociedad de las fluctuaciones en el ingreso como consecuencia de las recesiones.
Por otra parte, entendemos que la protección social no debe considerar al empleo como el mecanismo exclusivo de ingreso al sistema. Por lo tanto habría que redefinir la fuentes de financiamiento (contributivo y no contributivo) en procura de la solidaridad necesaria para universalizar la protección social.
En América Latina el contraste entre las elites y los desamparados es gigantesca. La brecha, que separa a los integrantes de la punta de la pirámide de la base es impresionante.
En Argentina, pese al extraordinario crecimiento económico, la distribución del ingreso ha mejorado muy poco. En nuestro país las políticas liberales de los 90 han producido el empeoramiento en la distribución de la riqueza.
La crisis de 2001 depositó a la Argentina en el mismo rango que Brasil en la categoría de desigualdad (brecha de 57 veces). Otra era la distribución en nuestro país anteriormente, ya que en 1974 registraba una brecha de ingresos de 12 veces.
El desafío actual pasa por detectar si con un tipo de cambio alto reubica al país en la senda de relativa equidad que lo distinguió en la región. En estos años ha demostrado que la estrategia del dólar alto fue útil para salir con celeridad del pozo y regresar de pésimos a malísimos indicadores de reparto de la riqueza. No ha revelado por el momento, en cambio, cualidad para alterar con intensidad la matriz distributiva.
Por vía del derrame de crecimiento no se alterará el patrón distributivo y tampoco focalizando la tarea exclusivamente en el gasto social, como propone el Banco Mundial; tomar por separado el gasto social y la política tributaria es una falacia de origen que busca sacar esa última cuestión de la agenda de reformas y evitar -por consiguiente- la aplicación de un nuevo menú impositivo tendiente a la progresividad del sistema.
En búsqueda de la equidad distributiva es necesario una política integral de mejoras, tanto a corto plazo, con estrategias públicas focalizadas (gasto social, impuestos e infraestructura), y en largo plazo por medio de la educación.
En nuestro país, en los 90, la ortodoxia liberal concebía que el Estado debía limitar sus funciones a cuestiones a lo meramente administrativas de funciones indelegables y dejar las cuestiones económicas como tema exclusivo del mercado. La precariedad, flexibilidad laboral y el empleo en negro en Argentina han sido consecuencia de ese pensamiento ortodoxo y esto ha configurado una sociedad desigual, con responsabilidad tanto del Estado como del sector empresario. Por consiguiente el rol del Estado en la economía y el comportamiento del sector empresario son las cuestiones que de ahora en más deberán estar en debate, a fin de achicar la brecha distributiva.
En nuestro país, con posterioridad a la crisis de 2001/2002 se le asigna en espacio relevante a la capacidad del Estado, por lo que se debe maximizar el tamaño y el papel del sector público.
A modo de conclusión;
1) Debe realizarse un giro a nuestra estructura tributaria, pensando en un nuevo menú de impuestos. Buscando la progresividad del modo de recaudación, a fin de ser utilizado como herramienta de crecimiento y bienestar económico, donde las variables de ajuste dejen de girar en torno a los sectores mas desprotegidos, procurando achicar la gigantesca brecha entre los sectores sociales.
2) Es necesario que el gasto público social de Argentina, pase a ser antiocíclico, por lo cual los fondos para cubrir dichas medidas deben destinarse a proteger a la sociedad de las fluctuaciones en el ingreso como consecuencia de las recesiones.
3) Es un error tomar por separado el gasto social (progresivo) y la política tributaria (regresiva), pensando que el primero puede corregir al segundo. Los ingresos y los egresos públicos deben coordinarse para la progresividad del sistema, en procura de la justicia distributiva .
4) Procurar una política integral de mejoras en busca de la equidad distributiva, tanto en corto como en mediano y en largo plazo.
5) Para alcanzar los objetivos antedichos, se debe redefinir el rol del Estado en la estructura socioeconómica de nuestro país.
ESPERAMOS ABRIR EL DEBATE.....
POR AMPARARTE Ong en defensa de los Derechos Humanos y en contra de la Discriminación
Dra. ELIANA D. MATKO
Dr. RUBEN L. CASTEJON



