InicioFarmacias#DifusiónArchivoBúsquedaSesiones HCD
  Ir a la edicion del dia
MEDIO DIGITAL DE CAMPANA
BUENOS AIRES, ARGENTINA
sábado, 29/ago/2026 - 01:20
 
Parcialmente nuboso
9ºC Viento del Suroeste a 0Km/h
Parcialmente nuboso
Política y EconomíaInfo GeneralPolicialesEspectáculosDeportesNacionales
Twitter Facebook Instagram
» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 15/jun/2003 de La Auténtica Defensa.

La asombrosa normalidad  
Especial para NA. Por: Pepe Eliaschev




Desconcierta por su particular mezcla de contundencia y civilidad.

No irrita con ambigüedades, pero consigue infiltrarse en los intersticios de la espesa urdimbre argentina, arrinconando en sus rincones de penumbra a figuras paradigmáticas del pasado vituperable.

Confrontado con lo que son y con lo que denotan seres como Luis Barrionuevo y Julio Nazareno, el presidente Néstor Kirchner completa tres semanas de gobierno que han sido solo aparentemente pura velocidad. Hasta ahora lo que ha generado es, en verdad, un ritmo acompasado y fuerte hechos de velocidades diversas pero marcados por una singular unidad de urgencias, necesidades y metas impostergables.

En sus primeras tres semanas este gobierno atendió los dos únicos frentes internacionales que verdaderamente le importan a la Argentina (Brasil y los Estados Unidos, en ese orden), pasó con energía el plumero por las crestas de las Fuerzas Armadas y la Policía Federal, rumbeó de punta contra el núcleo de acero de la Corte Suprema de Justicia que Carlos Menem dejó en pie al irse en 1999 y acaba de declararle la batalla sin cuartel al sistema nefasto de corruptelas que acompaña al PAMI como la sombra al cuerpo.

Todo debe ser puntualizado: en esencia, la podredumbre argentina de las últimas dos décadas, las de la democracia, se concentra en el robo.

Las diferentes oligarquías que una y otra vez han plagado y siguen enchastrando a este país, se derivan de estructuras de latrocinio y aprovechamiento desmedido de los recursos públicos.

En último análisis, lejos de los galimatías ideológicos y de las finezas programáticas, el tema en la Argentina es el saqueo sistémico. Solo en segundo lugar se perfilan las cuestiones civilizadas.

Kirchner ha invertido una fortuna política antes de concluir el primer tercio de sus 100 días de luna de miel con la sociedad. Le soplan vientos muy favorables, es cierto, y la suerte no es una partiquina menor en la fiesta de la vida, como tampoco lo es en los grandes desenlaces de la historia política de las naciones. Si no, ver lo que le sucedió a Alfonsín entre 1985 y 1987.

El Gobierno se mueve en una arquitectura que entreteje de manera indiscernible el adentro y el afuera, el hoy y el mañana.

Es decisivo estrechar al máximo con el Brasil de Lula, evitar conflictos menores con los Estados Unidos y -a la vez- subrayar sin flaquezas los intereses nacionales, tanto en Mercosur como en el traumático vínculo con Washington.

En esta área, Kirchner ha sido rápido y ha sido afortunado. A Eduardo Duhalde no lo toleraban los norteamericanos y los europeos lo miraban de costado, no necesariamente por culpa exclusiva del ahora ex presidente, sino porque el predicamento de la Argentina era peor que terrible hace apenas 12 meses. Números de hierro: la tasa de riesgo país que confeccionan en Nueva York los regularmente cuestionados consultores financieros era hacia julio de 2002 un 35 por ciento más alta que hoy, y sin embargo la

Argentina está en default tanto ahora como hace un año. ¿Cómo no marearse?

La Bolsa de Buenos Aires acumula 72 por ciento de incremento en el precio en dólares de los valores de su panel principal (el índice Merval) en la primera mitad de 2003. Hay una fluidez notable de inversiones de riesgo que desembarcan en la Argentina alentadas por los márgenes de rentabilidad que ofrece el mercado bursátil, pero ese movimiento de compagina con una llamativa liquidez en pesos argentinos, a la vez que la Argentina se desdolariza firmemente. ÉStas son las bases de una recomposición que Kirchner afrontará inexorablemente a finales de año, cuando la ronda de elecciones provinciales concluya y el Presidente haya consolidado su hegemonía en un justicialismo relativamente homogéneo en casi todo el país.

El crecimiento del producto bruto se estima para este año en un piso del 5 por ciento, aunque haya analistas que se atreven a pronosticar un aumento de hasta el 6.5 Por ciento. Claro, no hay crédito y el que hay es tomado poco y nada, desde luego, pero los bancos retienen en sus bóvedas 80.000 Millones de pesos en depósitos, mientras que el Central sigue engordando sus reservas en dólares, que ya se van aproximando a los 12.000 Millones.

Pero luego viene lo más duro, la renegociación de la deuda pública argentina en un acuerdo de largo plazo. Para eso viene a la Argentina en 10 días el director general del Fondo Monetario Internacional, Horst Koehler.

Los Estados Unidos operan a través del Fondo. Lo ha dicho esta semana Colin Powell en su visita de tres horas a Buenos Aires, y lo volvió a formular, con esa delicadeza que la caracteriza, la emisario norteamericana en el FMI, Anne Krueguer. Nada nuevo.

Vienen diciendo más o menos lo mismo desde hace un año y medio: aumentar las tarifas de los servicios públicos, pagar los bonos que representan el dinero colocado en papeles nacionales por no menos de 700.000 Tenedores de todo el mundo y, como siempre, lo que denominan la "reestructuración del sistema bancario", un comodín al que resulta imposible no traducirlo como liquidación del Banco Nación y del Banco Provincia.

Sucede que la Argentina ha tomado ciertas decisiones que no son necesariamente convergentes con lo que se pide en los Estados Unidos. Una de ellas luce casi fundacional: al estrecharse con Brasil sin discutir inútilmente su obvio liderazgo, Buenos Aires logra masa crítica para colocarse de manera más autónoma en su legítima pretensión de insertarse en el mundo sin someterse a una jibarización estéril y, además, ingrata. Ha terminado por ahora en esta parte del mundo el ciclo de las adhesiones estratégicas plasmadas con dogmatismo.

La señora Krueguer quiere que los bancos puedan ejecutar a sus deudores morosos. Tiene razón, las deudas hay que pagarlas y si los que las tomaron no pagan, los acreedores deben tener manera de cobrar. Pero esa es una verdad acotada en la propia vida cotidiana de las empresas en el sistema capitalista.

El default de la Argentina es una presentación ante los acreedores. ÉStos saben que habrá quita, que habrá período de gracia y que habrá intereses accesibles. Entre otras razones de peso, el argumento central del default, una medida de enorme gravedad que, sin embargo, debe ser desacralizada, es que fue el resultado de una implosión imparable. La Argentina estalló y las proclamas de virtud financiera monacal que los Estados Unidos y la Unión Europea formulan mucho tienen de propaganda.

Para un planeta con la cancha tan inclinada, parece hasta natural exigir e imponer a los vasallos de quienes tienen poder unas cláusulas y unas exigencias que son prolijamente desatendidas por ellos en lo tocante a los intereses domésticos de los hegemónicos.

La Argentina tal vez haya comprendido que en su debilidad está su salida. Esto no implica desafiar al mundo desde la vacuidad de la pura proclama de barricada, sino cumplir todo lo que se pueda para recuperar la normalidad, pero sin que tamaña empresa implique una carnicería social intolerable y, además, sangrienta.

Pero esto sólo tendrá sentido si la Argentina, sus acreedores y los representantes de los acreedores (el Fondo) negocian y suscriben un acuerdo largo, que liquide el inmediatismo asfixiante con el que vive la Argentina desde hace años.

De todo esto ha hablado Roberto Lavagna en Washington con el subsecretario del Tesoro, John Taylor. El secretario Powell estuvo civilizado y tranquilo en su escapada a la Argentina, a la que definió como "un servicio de jardinería diplomático".

¿Regar? ¿Podar? ¿Fertilizar? Tal vez quiso decir que vino a atender un poco la quinta. Los norteamericanos, en verdad, están bastante asombrados de la pronta recuperación que parece vivir la Argentina y no les cae tan mal el pragmatismo tangible y directo del presidente Kirchner. En una de ésas, la Argentina como conjunto tiene mejor química con sus rivales financieros internacionales que la que puede desarrollar el Gobierno con sus toscos y brutales adversarios políticos domésticos.

En esa perspectiva, la Corte Suprema y la obra social de los jubilados son campos de batalla fieros y sucios. En ellos hay intereses conjugados, donde el poder bruto, deleznables canonjías económicas y rupestres sistemas de acumulación feudal pueden ser más temibles que los mandobles ominosos de la señora Krueguer.

En el gran teatro del conflicto, un Gobierno joven con un pragmático en constante movimiento asegura un invierno divertido y alentador, mucho menos frío que los vientos que soplan en la Patagonia.


 
P U B L I C I D A D






Av. Ing. Rocca 161 (2804) Campana - Provincia de Buenos Aires
Tel: 03489-290721 - E-mail: info@laautenticadefensa.com.ar
WhatsApp: +54 9 3489 488321.-