"Vivir para hoy" es la filosofía de nuestra cultura. Aunque esa idea no la expresemos muchas veces con palabras, con frecuencia es lo que comunican nuestras decisiones y la conducta con que transitamos por este mundo.
Sin embargo, debemos darnos cuenta, de que la manera como vivamos, afectará mucho más que el simple hoy.
Nuestra manera de pensar, nuestra conducta y nuestras conversaciones, serán nuestro legado que impactará en otros no solo mientras estemos en este mundo, sino también cuando ya no estemos.
¿Qué legado dejaremos a nuestra posteridad?
Contrariamente a lo que se piensa, el número de años que vivimos, es menos importante que la manera como uno invierte su vida.
Lo importante no es la LONGEVIDAD, sino la EFECTIVIDAD con que vivimos.
Nuestra vida después de la muerte: Cuando se reflexiona en la vida después de la muerte, los que creemos en Dios pensamos en lo que sucederá después que lleguemos al cielo. En cambio los que no creen, piensan en que será de ellos.
Pensemos más allá. ¿Qué será de la parte de nuestra vida que seguirá en este mundo, después que nos hayamos marchado?
Lo que seguirá presente, nuestro legado espiritual, tendrá que ver con todo lo que estamos haciendo con nuestra vida ahora mismo, en cada preciso momento de nuestro tiempo.
Lo que hagamos hoy, es decir, las prioridades que demostremos con el uso de nuestro tiempo y nuestros recursos, como también la manera en que manejemos nuestras relaciones, dejará un testimonio para bien o para mal.
¿Cómo esperamos nosotros que nos recuerden las personas después que nos hayamos muerto?
Como ilustración, hago referencia al legado que dejaron algunos protagonistas de las Sagradas Escrituras.
Cuando pienso en Abraham, recuerdo su gran Fe
Cuando pienso en Moisés, recuerdo los diez mandamientos que Dios le dio.
Cuando David, recuerdo los Salmos y su palabra de consuelo y aliento permanente.
El apóstol Pablo fue asediado permanentemente por obstáculos y sufrimientos, pero dejó una cantidad de cartas maravillosas, que dan ánimo, guía y esperanza a millones de personas aún hoy, casi 2000 años después.
Considerando por último el legado de nuestro ejemplo supremo, el de Jesucristo. En los breves 33 años que vivió en la tierra, cambió la historia para siempre.
Gracias a El podemos vivir vidas extraordinarias a pesar de nuestra condición humana.
Cuantas personas han vivido y fallecido en nuestro tiempo, y han hecho obras o descubrimientos que han cambiado nuestras vidas cotidianas (para bien o para mal) y que los lanzó a un reconocimiento popular: científicos, médicos, escritores, políticos, militares, religiosos, estadistas, deportistas, etc. ¿Qué legado nos han dejado?
Finalmente me pregunto ¿Y que hay de las personas comunes y corrientes como nosotros?. Definitivamente, no tenemos una tarea menos importante que ellos para hacer en nuestra vida.
Los padres y abuelos tenemos una grandísima influencia en la vida de nuestros hijos y nietos. Podremos dejar en ellos una valiosísima herencia espiritual, que terminará siendo mucho más importante que cualquier herencia monetaria.
Personalmente me cuestiono. ¿Qué le estoy dejando a mi hijo como herencia espiritual, para cuando me toque partir de este mundo?
¿Le estoy dejando el ejemplo de mi amor incondicional a Dios con toda mi alma, con todo mi corazón, con toda mi mente y con toda mi fuerza, tal como el Señor me pide?.
Le estoy dejando mi ejemplo de amor, respeto y obediencia, por la Palabra de Dios?
Le estoy dejando el legado de la importancia de hablar con Dios cada día, por medio de la oración.
Recordará mañana mi hijo cuando juntos concurríamos a la Iglesia para adorar al Dios vivo.
Lograré dejarle el legado de cómo utilizar su dinero y su tiempo.
Para lograrlo se que no debo escatimar esfuerzos en poner por obra todo lo que digo. No debo perder de vista que el ponen más atención en mis actos, que en mis palabras.
Debo esforzarme cada día en dejarle el ejemplo de mi buen testimonio.
Aunque deba corregir aun errores permanentemente.
Si el ve que pongo mi Fe en Dios, y lo sustento con mí accionar diario, seguramente, él va a hacer lo mismo.
¡Hasta la próxima semana! ¡Dios te bendiga! …………….. Jorge García.
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