Creo que "fantástico" es el adjetivo que se merece el nuevo gobierno que estamos viviendo desde el cambio del presidente de la nación. Porque hace ya bastante tiempo que no absorbíamos ni siquiera lo que nos corresponde como ciudadanos de este país. Nos malacostumbraron todos estos años a no recibir más que malas noticias, y ahora nos asombramos ante lo que tendrían que ser actos reflejos de los gobernantes.
Es bastante "groso" que nos alegremos ante algunas noticias, se nos dibuja una sonrisa de esperanza al ver al presidente encabezando un lanzamiento de obras públicas y alegando en el mismo "... no voy a pactar con la corrupción ni con los corruptos..."; palabras textuales que emitió en su discurso en la universidad de La Matanza.
Y no quiero ni pensar en las reacciones de todos cuando se supo que el mismísimo gobierno nacional otorgará a la provincia de Santa Fe, en concepto de subsidio directo, la suma de 50 millones de dólares, con el objeto de paliar la grave situación que viven sus habitantes debido a las inundaciones. Plan de ayuda que entre los gobiernos nacional y provincial, decidieron poner en marcha el viernes 13.
Si nos ponemos a pensar "en frío", noticias como éstas no tienen porqué prestarnos la menor atención, pero claro, no podemos pensar con la cabeza fuera de contexto. Es imposible que no se nos pasen por la mente todos los corruptos que nos afanaron siempre, y es normal que pensemos que perpetuamente será así, porque nos lo impusieron un grupo de personas a las que les convenía que el pueblo creyera que es inevitable cualquier cambio de la "eterna dualidad". Esto último no tiene la menor intención de ser discutido -la separación de una misma población entre los que viven una vida bien, a costa de otros que viven como pueden para sobrevivir y para mantener el gran aparato socio-económico del país-; lo que pongo aquí en tela de juicio es el impacto que causan actitudes "honestas", "correctas" (en realidad no sé muy bien cómo calificarlas).
El mismo Kirchner se califica como "no corrupto", y según su accionar frente a los problemas que inundan a nuestro país -por ahora-, podríamos llegar a pensar que a lo mejor este sureño ha venido con ganas de hacer, o por lo menos, de dejar impreso en todos los argentinos que realmente "no es como los demás dirigentes", ya retirados por supuesto.
Para finalizar aquí, me interesa sobresaltar que en Argentina nadie hace nada por más "bueno" que sea; todos buscan alcanzar algún fin, y muchos lo han conseguido a costa de un pueblo que quedó pobre de esperanzas. Me interesaría descubrir las intenciones de este hombre y saber cuáles serán sus métodos para llegar a sus objetivos. Por el momento, piano, piano, y esperar que el actual inquilino del sillón siga con sus actividades, normales, justas, como tiene que ser, ni más, ni menos.
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