Jóvenes, ancianos y niños, todos hemos sentido, en algún período de nuestras vidas, momentos de soledad. La mayor parte de éstos, son transitorios. Es fácil sentirse solo tras la ruptura de una relación amorosa, o una pelea con alguien a quien queremos; cuando una mudanza nos arroja a lugares totalmente nuevos para nosotros, o cuando nuestros amigos /as se van de vacaciones y nos quedamos solos. No obstante, es poco probable estar y sentirse solo siempre. La vida, suele ser más generosa. La falta de confianza en nuestras posibilidades, es lo que disminuye las esperanzas de salir de la soledad y aumenta nuestra tristeza.
A veces, uno pasa mucho tiempo pensando en qué pensarán los demás, en no molestar al otro, en no hacerse pesado / a. Pero tenemos derecho a buscar lo que necesitamos. Si nos apetece ir al cine acompañados una tarde, tenemos derecho a hacer lo necesario para conseguirlo, como llamar a diferentes personas hasta que una diga que sí, en vez de esperar sentados /as para ver si alguien también tiene ganas, y se le ocurre llamarnos. Esto es preferible a decirnos "¿Qué pensará el otro si lo hago?" O "¿Cómo me sentiré si me dice que no?".
Ahora bien, les propongo que ha este mal llamado soledad, el cual quien más quien menos lo ha sufrido o sufre a lo largo de su vida, le suma el peso de una enfermedad crónica, en ocasiones, severa y en algunos casos terminal. ¿Cuánto más se potencian estos temores? ¿Cuánta influencia tiene la imagen, que responde a la mirada del afuera?. No es novedad para nadie, que vivimos en un mundo donde el éxito esta puesto en el dinero y el lugar que se ocupa en la escala social. Donde la estética llevada a una perfección enfermiza, discrimina a cualquier diferencia, detalle o síntoma de imperfección. Pensemos cuan profunda es la ruptura que nace entre el sentir, el pensar y el hacer. Y por último, limitemos esta soledad a la sublime necesidad de amor de pareja.
Hay enfermedades que son "invisibles" en una primera mirada. Pero esto, muchas veces lejos de ser una ventaja se convierte en una carga. ¿Qué pasará cuando se entere?. Sumándose, la infaltable sugerencia de alguien que nos quiere, quien con toda buena intención nos dice: "¿Y porque le tenés que contar ahora?... esperá a ver que pasa". Y uno siente, que debe ser quien no es, para que lo acepten... ¿y después?. Pero, en este pensamiento se advierte, como nuestros propios fantasmas no sabotean todo el tiempo... Porque en realidad nosotros no somos nuestra enfermedad, somos individuos plenos con mucho para dar... ¿entonces porque creemos que mentimos sino lo contamos de entrada?.
En los otros casos, cuando la enfermedad es evidente, ya sea por el medio mecánico que nos asiste (silla de ruedas, prótesis, mochila de oxigeno, bastón, etc.) o las limitaciones imposibles de superar, se duda todo el tiempo de la mirada y el encuentro con el otro: ¿Me mira a mí o a la prótesis?... La respuesta siempre nos parece obvia: "Seguro, que no es a nosotros..."
Y la verdad es... que aunque esta sociedad exitista y frívola nos hundió en este mar de dudas y desvalorización, nosotros solitos nos acercamos a la orilla para que la ola nos empujara. ¿Por qué? ¡Por tanto y tan poco! Por nuestra historia, nuestra baja autoestima, nuestra seudo aceptación de la enfermedad, etc.
También tenemos el caso de los superados: ¡Yo soy así y al que le gusta bien y no también! "Lindo muro de Berlín", diría una psicóloga amiga. Esto es simple y llana protección, es autoconvencernos: "No me importa, no podés herirme"... cuando en realidad la herida ya es tan profunda, que no advertimos que vivimos dentro de ella.
El amor puede ser un intricado camino a la gloria o al fracaso, pero indudablemente creemos que vale la pena transitarlo, por que volvemos una y otra vez por ese camino, aunque nos prometamos, no volverlo a intentar. ¿Que secreta fuerza lo convoca?. Tendrá que ver con alegría, pasión o compañía. Quizás, no debamos olvidar que el amor y sobre todo la pasión, nunca son estados fijos. Son verbos, no sustantivos, cosas que van sucediendo y nunca están aseguradas. Siempre, podemos aprender y mejorar. Tampoco podemos desear actuar todo el tiempo sobre seguro, la mayor parte de los intentos, ensayos y esfuerzos para conseguir relaciones interesantes no aseguran nada, pero aumentan mucho la probabilidad de conseguir lo que queremos. El decirnos: "¿Para qué intentarlo si no lo voy a conseguir?" es la mejor manera de no sufrir un revés, pero también de no conseguir nada.
O tal vez, tan solo para no lamentarnos después, como Isabel Allende en su libro Afrodita: "Me arrepiento de las dietas, de los platos deliciosos rechazados por vanidad, tanto como lamento las ocasiones de hacer el amor que he dejado pasar por ocuparme de tareas pendientes o por virtud puritana." Además de no olvidar la frase de Gabriel García Márquez, en "La Marioneta": He aprendido que un hombre únicamente tiene derecho de mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarlo a levantarse."
Así que queridos lectores (y aunque vendo consejos y para mí no tengo) según dicen... el verdadero amor no es otra cosa, que el deseo inevitable de ayudar a otro para que sea quien es. Y esa persona quizás nos esté esperando a la vuelta de la esquina porque como decía mi abuela: "¡ Siempre hay un roto para un descosido!"
NANCY GONZALEZ
nanalmendra@hotmail.com



