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» Este artículo corresponde a la Edición del jueves, 09/ago/2007 de La Auténtica Defensa.

Números mágicos y mentirosos
por Pepe Eliaschev




Buenos Aires (Especial para NA, por Pepe Eliaschev) -- ¿Qué país espera dejarle Néstor Kirchner a Cristina de Kirchner?. Las turbulencias en los mercados internacionales no son una broma. Y el Presidente no tiene razones para taparse los ojos.

El robusto crecimiento nacional de los últimos años no será eterno y las insidiosas sospechas que generan las incertidumbres planetarias podrían encontrar a la Argentina con el paso cambiado. Desde una mirada esperanzada aunque no necia, la Argentina tiene munición y vituallas para conjurar una zozobra fea en el plazo corto. Hay plata en el Banco Central, las cifras del balance fiscal son sanas y desde el Gobierno anuncian que Martín Redrado tiene al día un plan de contingencia para conjurar un ciclo de borrasca severa.

Las complicaciones sin embargo, son oportunistas y, como esas enfermedades agazapadas, puedan dar el zarpazo. ¿Recorre la Argentina un sendero de virtud que la blinde ante contingencias desagradables?.

Para la Casa Rosada, el país tiene herramientas, pero si estos vendavales del verano septentrional se infectan peor, la Argentina podría perturbarse más de lo conveniente. Esto explica por qué el kirchnerismo reverencia a Hugo Chávez y su (aparentemente) inextinguible chequera.

Cuando, como un mercado "emergente" más en un mundo desasosegado, la Argentina tiene dificultades en retener fondos y en colocar bonos a tasas razonables, el teniente coronel venezolano de la camisa roja-rojísima viene a comprar papeles nacionales y los paga "cash".

Según un informe de rutina suscripto en Nueva York por los analistas Juan Pablo Cabrera y Matthew Claeson, y distribuido por la consultora de negocios financieros Santander Investment, la crisis podría extenderse hasta el próximo otoño meridional. ¿Cuándo iría menguando la borrasca? Según los analistas, esta inestabilidad financiera internacional podría cubrir toda la campaña preelectoral de cara al 28 de octubre y derramar a los primeros meses del futuro gobierno.

Gente que, privilegiadamente, tiene acceso al Gobierno, asegura que para dicho diagnóstico oficial, "de mantenerse la incertidumbre, hay otra certeza para Argentina: el clima económico internacional será distinto durante el último tramo de la campaña electoral y podría ser más complicado para el próximo gobierno. La nueva situación se verificará de inmediato en una cuestión: habrá una retracción del crédito y el costo financiero internacional para Argentina será más caro". Son aseveraciones densas y graves.

Todo sugiere que el Gobierno seguirá alentando el consumo, para asegurar que continúe el crecimiento de la economía, pero se conjetura que dio órdenes confidenciales para fijar un límite al incremento del gasto público más allá de la robusta recaudación fiscal: debe terminar el día de las elecciones.

Desde el 29 de octubre, bienvenida la rigidez con los números, pero con la Casa Rosada en manos de tropa propia.

El retorno a la prudencia se produciría tras alguna que otra parranda "non sancta". El país incrementó en 2007 su gasto público en un 42 por ciento, pero la recaudación lo hizo en un 30 por ciento, por lo cual el balance positivo del verdadero superávit primario descendió de 3,5 por ciento a 2,5 por ciento, sin tener en cuenta lo recaudado por las AFJP.

Para el analista Alberto Ades, en su "Economic Outlook and Strategy", la Argentina exhibe fuertes incertidumbres sobre su solidez fiscal.

En tono sombrío, el financista prevé una caída vertical en las tasas "chinas" del crecimiento argentino 2003/2007. ¿Por qué esas visiones oscuras? Sostiene que tal decadencia de las cuentas fiscales va en aumento y ello ayuda a esmerilar la futura cobranza de los bonos.

Pero, claro, analistas, financistas y dueños de bancos son gente consagrada a hacer el bien. Nunca lo fueron, ¿por qué lo serían ahora? De todos modos, el número uno del Banco Bilbao Vizcaya, Francisco González, la cruzó con dureza a Cristina Kirchner hace dos semanas en España, cuando mentó el patético caso de las cifras adulteradas en el INDEC y le dijo a la candidata que "los economistas del Banco Mundial dicen que la inflación real en Argentina es del 20 por ciento". La respuesta de ella fue furiosa. Sucede que el dictamen del fiscal Carlos Stornelli sobre el caso INDEC debería jaquear en serio al incombustible secretario de Comercio Interior, a la interventora en el Índice de Precios al Consumidor (IPC) y a la actual directora del INDEC, todos ellos asociados, entre otras cosas, en violaciones al secreto estadístico y adulteración del índice. Los funcionarios K salpicados feamente son Guillermo Moreno, Beatriz Paglieri y Ana Edwin.

Para Stornelli, hay "férreas sospechas" de que los comunicados de prensa sobre los índices de enero, febrero, marzo, abril, mayo y junio -a los que considera documentos públicos y oficiales- "contuvieron información falsa". Eso es un delito. Es un dictamen consta de casi 160 páginas, que recopila las declaraciones juradas del ex titular del INDEC, Lelio Mármora, ex altos jerarcas del Instituto, técnicos actuales desplazados de sus cargos y hasta de los mismos encuestadores. Le solicita al juez Rodolfo Canicoba Corral que cite a declarar a Moreno, Paglieri y Edwin.

Las acusaciones del fiscal incluyen la existencia de un "sistema informático paralelo" que antes no existía en el organismo y que permite introducir datos distintos de los que recaban los encuestadores y otros "externos", en funcionamiento desde febrero.

También la colocación de un "parche informático" que permite fijarles topes a los precios: según los meses, se aplicaron a frutas y verduras, a otros productos esenciales y a los autos. Son, finalmente, los que se toman para calcular el índice.

Stornelli detectó que se realizan simulaciones sobre los resultados del IPC, supuestamente para que Paglieri escoja el que más le conviene o el más bajo. También se aplicó un sistema para añadir a los promedios cierto rango de precios y una fórmula que permite bajarlos.

Se borraron precios tomados en el pasado y otros registrados en planillas de los encuestadores que no fueron tomados en cuenta, naturalmente para no dejar pistas. Según Stornelli, "la supresión de datos estadísticos, la inclusión de otros que no revisten esa calidad, la alteración de métodos utilizados (previamente) para la elaboración del IPC redundó (incidió) en los datos finales y en la inclusión de datos falsos".

La lista de groseras irregularidades es formidable: incorporación de variedades de productos que no figuran en la metodología hasta los precios que, arbitrariamente, se les fijan a hoteles y paquetes turísticos. Impresionan los curiosos antecedentes "laborales" de tres incorporaciones de Paglieri: una encargada de diseño gráfico en una librería comercial, una secretaria de consultorio médico y de empresa de construcción y el vendedor y encargado de personal de un hotel de San Juan. ¿Estadísticos?

Ésta no es una crisis "del" INDEC: es producto de la voracidad política del Ejecutivo, y su profundidad se acentuaba al cerrarse esta edición, cuando se supo que había renunciado otro director nacional, designado hace menos de un mes para "normalizar" dos ámbitos decisivos del instituto.

El que se fue es Luis Fara, designado por Kirchner el 6 de julio por decreto 870, como director nacional de Estadísticas de Condiciones de Vida y de la Dirección de Encuesta Permanente de Hogares (EPH), departamentos del organismo que durante varios años fueron dirigidos por Clyde Trabucchi y Cynthia Pok, funcionarias tradicionales del INDEC.

Trabucchi fue sacada en febrero por oponerse a la manipulación de los índices de precios y Pok fue corrida a comienzos de julio por no querer medir pobreza, indigencia y valores de las canastas de alimentos básicos y la canasta total en base a las necesidades electorales del Gobierno.

Ambas ratificaron sus denuncias ante los fiscales Manuel Garrido y Carlos Stornelli.

Estos son los peligros que pueden deflagrar más todavía si los astros se desalinean del todo. Con viento de popa, las groserías más clamorosas son digeribles. Pero con vendavales fuera de control, el paseo podría derivar en calamidad. No es muy probable que acontezca, pero no es imposible.

¿Es necesario desafiar tanto al destino con procedimientos y políticas tan crudamente centradas en quedarse en el poder a toda costa?


 
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