Cada 17 de agosto, los argentinos honran la memoria del "Libertador de América", del "Padre de la Patria", del "Héroe de los Andes", del "Santo de la Espada".
Sin duda, el elogio que más se ajusta a las virtudes morales de San Martín fue el que le tributó el historiador Ricardo Rojas al llamarlo "El santo de la espada". (...)
San Martín murió el 17 de agosto de 1850, en Boulogne-sur-Mer, Francia.
Si cada 17 de agosto San Martín pudiera responder a tantos elogios que no pueden escuchar sus estatuas de bronce, sin duda les diría estas cosas a los argentinos:
No me recuerden por mis triunfos en los campos de batalla, por gloriosos que hayan sido.
Recuérdenme más bien por mi conducta intachable y por mis convicciones morales.
Les repetirá, sin duda, su máxima preferida:
"Serás lo que debes ser, o serás nada".
Les enseñará la virtud del desprendimiento de toda ambición personal.
Les dirá que el dinero es un medio y no el fin de la vida humana.
Les repetirá las máximas que le dejó a su hija Mercedes.
Les inspirará amor a la verdad y odio a la mentira.
Sobre todo, les exigirá el respeto sobre la propiedad ajena.
En esta hora crítica que vive el país que San Martín contribuyó a liberar, se ha lanzado ya "el tercer desafío", o sea la lucha contra la corrupción.
San Martín, quien donó los diez mil pesos que le dio el gobierno de Santiago de Chile para crear una biblioteca, les dirá a todos los argentinos, en especial a los dirigentes de la nación "acepten el salario que les paga el país y no roben jamás el dinero del pueblo".
Si cada argentino escuchara la voz de San Martín y se decidiera a seguir su ejemplo de honestidad, de amor a la verdad, de respeto hacia la propiedad, de afecto a la patria y a la libertad, entonces el 17 de agosto sería una fecha trascendental para la patria.
El ejemplo del "Padre de la patria" y la inspiración del "Santo de la espada" podrían crear la esperanza de que nuestro país tiene futuro si cada argentino se compromete a honrar a San Martín imitando sus virtudes morales.



