La Cámara de Apelaciones Zárate-Campana, integrada por los jueces subrrogantes Darío Porta, Daniel Ropolo y Angeles Andreini condenó ayer al ex policía Ramón Medina a la pena de prisión perpetua por el delito de homicidio calificado por alevosía. Además, ordenó investigar por el encubrimiento del hecho, ocurrido en Escobar, a un grupo de peritos que intervinieron en la instrucción del caso.
El tribunal consideró que en el hecho Medina había actuado con alevosía, ya que le disparo a un Martinoli indefenso en su cabeza, cuando este estaba en el piso.
Al conocer el fallo, Cristina Colazzo la madre de Martinoli, rompió en lágrimas, al cerrar una lucha de 10 años en la que debió luchar contra una gran serie de hechos de impunidad que empañaron la investigación del hecho, y que quedaron al descubierto también en el fallo de los jueces. "Existió un encubrimiento policial para ocultar las pruebas", aseguró el doctor Porta en uno de los puntos en que se basó el unánime fallo, en donde principalmente se apunta al accionar del perito que confeccionó la primera autopsia.
En sus alegatos, el fiscal Humberto Bottini, y el abogado querellante Adolfo Tournier habían reclamado que se condene a Medina a reclusión perpetua. La defensa, en tanto, solicitó la absolución del acusado al considerar que actuó en defensa propia. "La idea de la legitima defensa queda totalmente descartada", aseguró el fallo, al indicar que Medina persiguió a Martinoli, deliberadamente, aun después de recuperar el auto que el joven al parecer había sustraído.
El ex suboficial principal Medina y su hijo Pablo, quien había sido exonerado de la Bonaerense tiempo antes y que también participó de la persecución, acusaban a Pablo y a su amigo Alejandro Malvido de haberles robado un auto.
El imputado dijo que disparó porque fue atacado a balazos, pero el fiscal sostiene que eso es mentira. Medina estuvo seis años prófugo. El fiscal consideró eso un agravante, y además solicitó que se investigue a seis peritos policiales que participaron de la investigación por "encubrimiento". Esto también fue aceptado, y el falló ordenó además que se remitan copias al ministerio de Seguridad y a la Fiscalía General.
Cómo empezó todo es lo más oscuro del caso. Según los testigos, aquella tarde, Pablo y su amigo llegaron a Otamendi -partido de Campana- hablaron con Medina hijo y se llevaron su Fiat Duna blanco.
Medina hijo fue hasta lo de su padre y ambos salieron en un Renault 9 del policía a correr al Fiat Duna por Panamericana. Nunca pudieron explicar cómo "adivinaron" para dónde ir.
El Duna iba por la colectora, lo que permitió a padre e hijo adelantársele y cortarle el camino. Según consta en la causa, los Medina bajaron de su auto, esperaron al otro e intentaron persuadirlo a los tiros de que frenara.
Un balazo dio en el capot. Pero el Duna igual siguió adelante. Llegó hasta la entrada de Escobar; allí salió de Panamericana y en la avenida de los Inmigrantes frenó ante un portón. El auto de los Medina llegó unos instantes después.
Padre e hijo vieron cómo Pablo y su amigo corrían por un descampado -la zona está llena de viveros y calles de tierra- y los persiguieron en su coche. En cuanto pudieron, les dispararon. Malvido recibió un balazo en la panza y cayó.
Desde el piso, vio cómo a Pablo lo alcanzaba un tiro en el glúteo derecho y lo tiraba en la zanja. También fue testigo del segundo disparo, el letal. La investigación que siguió fue sospechosa: en sólo nueve días, la justicia liberó a Medina por "falta de mérito" y el policía volvió a trabajar.
"Todo había sido fraguado: la autopsia, hecha por los peritos de Policía, decía que los dos disparos que mataron a Pablo le llegaron por detrás, desde lejos.
Eso coincidía con lo dicho por Medina: que había disparado con su 9 milímetros desde su auto", apunta la querella. Según el abogado, a Pablo y a Malvido "les plantaron armas" para sustentar esa idea. "Además, desaparecieron la ropa de Pablo, las fotos de la escena del crimen y otras pruebas".
La causa parecía condenada a la nada. Pero en 2000, el expediente pasó a manos de la jueza Raquel Slotolow. Con una nueva autopsia, se determinó que el último balazo contra el joven le había sido disparado de frente y de arriba hacia abajo, como en una ejecución.
También se descubrió que le habrían tapado la cara con una remera y un buzo. El 22 de julio de 2000, Slotolow procesó a Ramón Medina y ordenó su detención. El policía se fugó.



