Los primeros relatos de una enfermedad misteriosa que transforma a la persona que la padece y que se caracteriza por una gran pérdida de peso, datan de la Edad Media. Donde las religiosas desafiaban las reglas de la Iglesia y a través del ayuno se comunicaban con Dios salteando los mediadores - sacerdotes - y alcanzando a través de sus privaciones autonomía y autoridad.
Santa Catalina decía ser la esposa mística de Dios y desde allí señalaba a los papas y a los reyes lo que debían hacer. La lucha contra el deseo, la fatiga, el dolor y el hambre les daba poder y omnipotencia. Cancelar todas las sensaciones humanas era ser dueñas de sí mismas hasta un punto inconcebible.
Muchas de estas santas querían reformar las costumbres de la iglesia, desafiaban a la jerarquía masculina y recibían su castigo; por ello muchas veces eran consideradas herejes e iban a la hoguera.
El ayuno como desafío también es patrimonio de las adolescentes anoréxicas, el no comer es la forma que toma la rebeldía. Atrapadas en la relación de madres fascinantes, poderosas, se rebelan inconscientemente contra un sistema de explotación materno; pero es una relación frustra ya que caen en una relación de mayor dependencia. Poco a poco, el ir dejando de comer va creando una adicción que se procura a las sensaciones y al estado fisiológico del hambre.
Así como en las toxicomanías el objeto-droga pasa a ocupar un lugar primordial en la vida del sujeto, el control de la comida en personas que padecen Bulimia y Anorexia pasa a un primer plano alterando tanto su vida familiar como social.
En ambos casos, se trataría de un pasaje al acto mediante el cual se buscaría una tentativa de curación, por la vía de un "objeto sensación" para calmar el dolor psíquico terrible que los aqueja.
Los conflictos y angustias no logran ser expresados con palabras, por lo que encuentran una vía en el cuerpo y en los actos. Esta dificultad no está porque estos sujetos carezcan de lenguaje, sino porque, al desconocer los motivos de su sufrimiento no pueden pensar ni decirlo.
El modo de abordar estas patologías es a través de una terapia destinada a escuchar al sujeto, a lo único y distinto que hay en él, la cual posibilite poner en palabras los motivos de su sufrimiento.
Lic. Cecilia Luraschi
Psicóloga
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