Señor Director:
Cuando usted reciba mi nota, los días transcurridos, le quitarían actualidad al texto, pero creo, usted entenderá, que las cosas de la vida, la nostalgia y el afecto no pierden actualidad nunca, y tal vez, solo tal vez, acepte publicarla, con la convicción de que así sea, es que la escribo con el corazón.
El día 19 de octubre, en el recreo Blandeau, de Canal Além y Río Carabelas, islas de Campana, se festejó, en forma anticipada a la fecha tradicional, el Día de los Isleños.
Cuando hablo de la nostalgia, le cuento que ya pasaron cincuenta y dos años desde el día en que animé por primera vez una fiesta isleña en el recreo Crovetto, que ya no está.
Durante años compartí aquel lugar con infinita cantidad de isleños, y prestigiosas figuras del arte de los argentinos, luego con viento a favor, desplegué alas, que me llevaron a otros cielos, por otros caminos. Por fin, después de muchos años, volví a mi lugar, nací en Campana, pero le debo a mis padres, a la escuela Nº 28, al Canal Além y a su gente, casi todo lo que soy. Aventurero, escritor, a veces periodista, otras cuentista, y otras tantas... lo que pude... viví con intensidad, con apuro la vida. Intenté todo, logré muchas cosas y perdí el doble, y otras tantas, crié mis hijos lo mejor que supe, y en el final, regresé al más amado de los lugares por los que rodó mi vida, me acompañó mi esposa, premio inmerecido, tanta mujer y fantástica compañera, inseparable desde siempre a mi lado, y tenía que disculparme con mis más caros afectos por los años de ausencia y olvido, que no fue tal, solo fue distancia de cuerpos, nunca de sentimientos y recuerdos.
Quería contarles a mis amigos el porque del regreso, mi afecto por todos y nombrar a los viejos queridos, que me vieron crecer como persona, y quizás me acompañan ahora como hombre, desde lo mas profundo de mi corazón.
Pero usted señor director sabe como son los actos públicos, cuando lo que importan son las figuras destacadas, oficiales y de gobierno, ¿y quién puede decir qué extraña telaraña del ceremonial intervino?- Yo no lo sé, pero mí regreso se llenó de abrazos... algunos, muchos lagrimones,, a todos los presentes, y a todos los que me acompañaban, pero que otros no veían, porque y o los miraba con los ojos de mi alma y mi amor, nunca proclamado por ellos, así, no pudo ser, entre los árboles que me vieron jugar y gritar cuando niño no pudo tronar mi voz, mi voz de adulto. La dichosa máquina de impedir, manejada por ¿quién lo dirá? no me permitió que en mi día y mi lugar, cuando por edad, es probable que ya no tenga otra oportunidad, los queridos nombres, los pronuncié en voz baja, y por supuesto, sin micrófono, del que fuera dueño absoluto en otras épocas lejanas, que le diera la fuerza que ya no tiene mi garganta y mi espíritu. El simple acto de donar la tierra para esparcimiento de los niños de la escuela, y lugar para que la balsa cruce el río como puente de amor, trabajo o placer, son anécdota, la tierra donada es el único bien material que me dejaron mis padres, y el homenaje a ellos, a su amor por el lugar, se convirtió en un rezo a su memoria, un jalón para los que vendrán después, lo mío, solo el reencuentro con una parte de mi vida, de mis afectos, de mi niñez y mi juventud.
El resto sin más valor que un acto de papeles, simple orden jurídico.
Pero lo que me alienta, es que quizás, usted me permita, desde las páginas de su prestigioso periódico, contarle a mi gente, que no falté a la cita, y que en el rincón, donde me ubicaron guardé silencio, pero no olvido. Tengo que dar gracias al señor Intendente Municipal, Licenciado Adalberto Tonani, por la invitación a participar del festejo. Al señor Secretario de Gobierno, Doctor Juan Ghione, por todas sus atenciones.
Al señor Director de Islas, de la Municipalidad de Campana, don Ángel González, por compartir el cariño por nuestro Delta.
Al señor Jefe de la Prefectura de Campana, Prefecto Principal Julio Cesar Pereyra, por su generosa solicitud y cordialidad, a los señores Cesar Robina y Julio N. Carreras por su amabilidad en los momentos compartidos.
Y atados los que participaron del reencuentro, un abrazo feliz por ser, por estar, por recordar, y mis viejos que amaron a su Isla como a sí mismos, Carmen y Miguel, ya entendieron, que su amor se quedó para siempre, en el puerto de la balsa, y en el patio de la escuela, para que los chicos jueguen lejos del río, y que los Rocha, sean tan felices como mis padres, dueños ahora, de la casa donde me crié y aprendí a ser agradecido, con la vida, y con la gente.
Y a Usted, por la publicación áe esta carta para mi gente.
Afilio Griffa. DNI Nº 4.732.091.-
Nacido en Campana, ciudadano del mundo, escritor, atrevido a veces. Isleño para la eternidad.



