Buenos Aires, (Especial para NA por Luis A. Gramuglia)- La reunión de presidentes de países que conforman el Mercosur se transformó en un ámbito más que importante para avanzar en la integración del bloque para que en un futuro sea algo más que lo que representa en el presente.
Tanto los mandatarios de la Argentina y de Brasil, Néstor Kirchner y Lula da Silva, respectivamente, han sido explícitos en señalar su disposición a reforzar el Mercosur que, además, integran Paraguay y Uruguay y como observadores Chile y Bolivia.
Existe un cierto consenso en fortalecer el Mercosur para luego negociar con EE.UU. El ALCA, una asociación que Washington entiende como un mercado común de todo el continente americano y que pretende que entre en funcionamiento en el 2005.
Resulta llamativo que se aspire a conformar un ámbito de esa naturaleza en tan poco tiempo cuando a Chile le llevó más de 10 años acordar con EE.UU. Un tratado comercial y que la Unión Europea llega a esta instancia de integración tras más de 40 años de negociaciones.
Los tiempos de unos y otros no son los mismos. Los países en vías de desarrollo quieren discutir primero los subsidios a la producción y a la exportación que realizan tanto EE.UU. Como la U.E. Y Japón que insumen fortunas y que provocan, ciertamente, serios desajustes en el comercio internacional.
Los mercados de agroalimentos constituyen una joya preciada. Millones de personas padecen hambre en el mundo y aspiran a recibir alimentos en calidad y cantidad.
La Argentina es una nación cualificada para producir teniendo en cuenta esos parámetros, pero mientras los subsidios y otras barreras paraarancelarias sigan vigentes tendrá dificultades para colocar a precios competitivos sus mercaderías, tanto commodities como manufacturas de origen agropecuario.
La política de Estado que debería prevalecer debería contener dos ejes: una producción sustentable y la incorporación de alto valor agregado en la cadena agroalimentaria. Esto supone, a priori, abrir fábricas y ampliar la captación de mano de obra. Alguna vez lo hemos señalado aquí.
El campo tiene enorme influencia a la hora de ampliar la base de sustentación económica de una región. Pensemos en lo que hay detrás de la producción de una tonelada de grano o de un kilo de carne. Hay insumos, comercios que los venden, transporte que moviliza la producción, gente que trabaja, productores que incorporan tecnología y herramientas.
Hay una enorme movilización de recursos que se nota en la actividad económica de pueblos y ciudades del interior. Los municipios perciben más impuestos que pueden derivar en obras y en la atención a sus respectivas comunidades.
La Argentina debe demandar, en un acción unívoca con el Mercosur, la supresión de los subsidios y que el comercio se realice sin trabas, cuotas o cupos. Cuánto más se podría exportar si tales obstáculos fueran removidos? Hasta que punto esos mejores ingresos ayudarían a aliviar las penurias de quienes menos tienen? De todos modos, no es una confrontación simétrica.
Por el contrario, los países centrales son remisos a avanzar en las reformas que se vienen pidiendo desde hace mucho tiempo atrás. A veces introducen cambios menores en sus políticas para el campo, pero, en definitiva, reniegan de los principios que dicen sostener en cuanto foro internacional se realiza.
El libre mercado, el intercambio de bienes y servicios está plagado de trampas en las que inevitablemente caen las naciones más desprotegidas que son las que, paradójicamente, tienen abultadas deudas externas.
En otro orden de cosas, el INTA Junín y productores de la región no esperan una cosecha fina abundante, como ocurriera en otras épocas.
Problemas climáticos y el avance de la soja como cultivo predominante se tradujeron en una menor disposición del agricultor a sembrar trigo y cebada.
A esto se sumó los costos de implantación que hacen de la soja un cultivo imbatible.
De todos modos, se espera que la superficie con trigo en este distrito no diferirá de la que se sembró en el ciclo 2002/2003.



