Nota 2.
Escribe Lic Adriana Arcos.
¿Cómo podía imaginarme yo lo que esta columna de homenaje a los que yo recuerdo como mis maestros, iba a disparar y muchas otras personas cosas tan hermosas! Pues desde que se inició, sólo recibo manifestaciones de agradecimiento e inmerecidos halagos!.
Seguimos? Me acompañan?
Ya hablamos del Jardín de Infantes. Aquella nena fue creciendo. Llegó la primaria, que curse en la Escuela Nro. 1 Hipólito Boechat. Y por supuesto quién no recuerda su maestra de primer grado. Aquella que nos abrió la puerta del aula y nos enseñó el A,B,C. La que nos tomó en sus brazos cuando mamá o papá saludaba desde afuera, dándonos confianza y seguridad. La del guardapolvo blanco impecable, la sonrisa que nos recibe, la sonrisa que nos despide. La que nos mostro paso a paso todo lo que vida traería, aprender. Primero fueron letras, después palabras, y aprendimos a leer de corrido, y a hacer preguntas. Una compañera de banco y amiga que recuerdo con el más lindo cariño, Anita Gallo.
Mi maestra de primer grado era alta,delgada, de hermosos ojos celestes. La sonrisa amplia, el andar tranquilo, sereno. Ella me decía que yo era muy tímida, y años más tarde se asombró yo me dedicara al teatro. Tengo un recuerdo imborrable. El día que cumplí siete años, festejo, torta, globos, una sorpresa irrumpió en plena fiesta. Mi maestra había venido a mi casa, a mi cumple a traerme un regalo. Un libro enorme de cuentos, que guardé mucho tiempo y que leí mil veces. Mi maestra había venido a mi cumple!, que honor, que orgullo, que felicidad. Me encantó.
Mi maestra de primer grado fue Nidia Sténico de Gentilini. Puedo estar adivinando la sonrisa de uds. al leerlo, o el movimiento de cabeza asintiendo que la tuya también, o del recuerdo.
A Nidia volví a encontrarla en el secundario, junto a mis primeros pasos en el teatro. Igual de dulce. Igual de calma. Registro una frase de ella que me quedo grabada, que a veces aplico: todos somos buenos hasta que dejamos de serlo!. Gracias Nidia, te recordamos desde el corazón.
La escuela primaria trajo sorpresas. Todo nuevo. Los números, las letras, pero ya más complicados. El desafío. No me acuerdo cada maestra de cada grado, pero si a dos que yo queria mucho. Por ejemplo, mi maestra de lengua. Tenia una voz profunda, modulaba muy bien, leia como nadie y yo la escuchaba embobada. Le daba a los textos magia, matices, cadencia. Ella fue Susana Lagares. En su boca los cuentos eran películas, y los actos escolares daban un marco teatral a cada conmemoración. Recuerdo su voz claramente. Estoy segura a ella le gustaba mucho hacerlo, quiero decir leer para nosotros, porque lo hacia con mucho entusiasmo y arte. Gracias, maestra de lengua ( en aquel entonces se llamaba lenguaje).
Una lengua o un lenguaje que no me abandonaron, soy escritora y con ellos convivo, disfruto y creo. Gracias Maestra.
La primaria planteó también por primera y vez y para siempre mi dificultad con los números. Las Matemáticas. Otra maestra que recuerdo con mucho cariño, con mucha paciencia y empeño cumplió su labor de enseñarme esa complicada Ciencia. Le puso ternura, dedicación, predisposición, paciencia, y lo logró. Mi maestra de matemáticas de la primaria fue Susana Emonet. La recuerdo lata, de porte imponente, contextura grande, o a mi me parecía a esa edad, un andar rápido, seguro, fuerte. Su risa era maravillosa, contagiaba a todos. Espero siga siéndolo, Maestra, porque tu alegría nos hizo aprender a muchos que la complicada Matemáticas solo era un par de ejercicios a resolver. Que la complicada vida SE SOLUCIONA CON UN PAR DE EJERCICIOS A RESOLVER; QUE ENSEÑANZA LA TUYA! Gracias Susana Emonet.
La seguimos?
Se viene el secundario en la
Escuela Normal Mixta…
Hasta la próxima. Lic Adriana Arcos
adriana_arcos@hotmail.com



