Buenos Aires (Especial de NA, por Daniel Casal) -- Cristina Kirchner ha aparecido poco y nada desde que las urnas la ungieron como presidenta de los argentinos por algo más del 45 por ciento de los votos, y, según dicen cerca de ella, diseña los pasos a seguir durante los primeros cien días de gobierno.
Lo hace en compañía de su pequeño círculo íntimo que encabeza, por supuesto, el presidente Néstor Kirchner, más el secretario Legal y Técnico Carlos Zannini, y a quienes se sumó de nuevo el jefe de Gabinete, Alberto Fernández.
Como una forma de demostrar que el movimiento se demuestra andando ya fue anunciado, más temprano que tarde, su equipo de primera línea de gobierno.
Y fue más temprano que tarde porque la internas abiertas en el seno del gobierno ya amenazaban con rozar su propia imagen antes de asumir.
La repercusión pública que tuvo la designación de Martín Lousteau en el Palacio de Hacienda demostró el espinoso camino por venir en economía a partir del 10 de diciembre.
No se le da tanta trascendencia a que Aníbal Fernández dejará Interior para ocupar el sillón de Justicia, pero ahora con el área de seguridad a su cargo. Todo un premio para un hombre que le ha sido fiel al matrimonio presidencial.
Florencio Randazzo, el nuevo ministro del Interior, tendrá a su cargo, entonces, la relación con las provincias y con los partidos políticos, algo que huele a poco para esa cartera.
Un dato alentador resultó la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, porque supone pensar un país en el largo plazo, algo novedoso para la Argentina, donde siempre se proyectó a Cuatro o seis años vista, es decir, lo que puede durar un gobierno.
Con los 450 millones de pesos que dispondrá esa cartera, lejos puede quedar aquella célebre frase de que los científicos "vayan a lavar los platos", acuñada hace una década por Domingo Cavallo. El nombramiento de Lino Barañao se convirtió en todo un dato, ya que fue sugerido por la propia comunidad científica.
En Salud asumirá Graciela Ocaña, quien pudo ganarse la fama de buena administradora gracias a su actividad en el PAMI y a su intenvención en el salvataje en el Hospital Francés.
No dejó de sorprender la confirmación de Nilda Garré en Defensa, si se tienen en cuenta las críticas que recibió en los últimos tiempos, tanto de adentro como por fuera de las Fuerzas Armadas, por la mora en la radarización de espacio aéreo, los controles en Ezeiza y la supuesta falta de mantenimiento de buques y aviones.
Pesó quizá aquí jugó un papel importante el aprecio histórico que guarda hacia ella el jefe de Estado.
Jorge Taiana sigue en la Cancillería ante el reconocimiento a su prolijo trabajo, que no estuvo exento de términos duros, como siempre fue en el tumultuoso conflicto con Uruguay por las papeleras.
También Carlos Tomada, en Trabajo, a pesar de que todos lo daban afuera por cuestiones personales.
Es que su continuidad --aplaudida por la CGT-- puede resultar importante para encarar la primera parte del pacto social anticipado por la presidenta electa.
Después sí, según dicen en los gremios, puede encontrar "el destino dorado" de ir a la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en Ginebra.
Voceros de gobierno no se cansan de repetir que al gabinete de Cristina hay que pensarlo "en dos tiempos". Quieren decir que en marzo puede haber recambios en el elenco ministerial.
De ser así, alcanzará a aquellos que ya tiene un desgaste sobre sus espaldas tras batallar con el actual gobierno en terrenos áridos.
Puede ser el caso de Julio de Vido, quien fue ratificado en su cargo a pesar, según dicen, de que no haya una comunión con Cristina como si la tiene con Néstor Kirchner.
Haber cambiado a este funcionario justo en diciembre hubiera significado todo un riesgo ante la llegada de los calores intensos y los nuevos riesgos de cortes de energía.
De Vido supo diseñar una red de contactos y de alertas tempranas que le permitió capear los picos de problemas energéticos.
Pudo ganar también diferentes apoyos, como el que le brindaron Hugo Moyano y otros dirigentes cegetistas.
El problema para él es que puede perder peso específico, ante la cesión de territorios que tomó como propios.
De hecho, no pudo meter bocado en la conformación del Gabinete y se da por hecho el alejamiento de su hombre de confianza Guillermo Moreno, de la Secretaría de Comercio Interior.
De esta forma, De Vido y Moreno podrían perder los manejos que tienen hasta ahora en el INDEC y en todo lo que se refiere a precios.
Esta fue una los condiciones que puso Lousteau para aceptar el cargo en Economía, ya que no quería ver desde el vamos recortado su poder de acción.
También rechazó el nombramiento de Juan Carlos Pezoa al frente de la estratégica Secretaría de Hacienda, en reemplazo de Carlos Mosse, quien asumirá como senador provincial.
Mosse guarda la extrema confianza de los Kirchner como para haber continuado en el cargo, pero optó por trabajar en La Legislatura en La Plata, su lugar de residencia.
Lousteau entendió que tener cerca a alguien muy reconocido como Pezoa para que maneje las cuentas públicas y a Moreno metido en los precios y el INDEC, hubiera significado para él un claro acotamiento de su margen de maniobra.
Pertenece a una nueva generación de dirigentes que no sólo se desarrolló en lo profesional, sino que tiene una clara vocación por la política como una forma de cambiar lo público.
Esa nueva generación se mostró bastante en la última elección y acompañó tanto a la presidenta electa, como a Elisa Carrió y a Roberto Lavagna.
Apuesta, sobre todo, a cambiar la política para que la integren más profesionales, e ir desplazando a la viejas estructuras partidarias, basadas en la militancia y el clientelismo.
Cristina Kirchner parece esta atenta a este cambio generacional, si se tiene en cuenta no sólo a Lousteau, sino también a Eric Calcagno, Héctor Timmerman y el gobernador electo de Salta, Juan Manuel Urtubey, entre tantos otros que crecieron bajo su amparo político.
El designado ministro de Economía sabe de sobra que deberá contar con las fortalezas suficientes como para enfrentar la etapa que se viene, con varios frentes por atender.
Sobre todo deberá romper ese círculo para nada virtuoso que se generó con los desmanejos en el INDEC y la manipulación de los índices.
Esto provocó, por ejemplo, que se hayan roto los parámetrospara medir precios y salarios, y que todos los cálculos se realicen con números ficticios.
Levantó una ola de desconfianza que en forma paulatina se va trasladando a todos los sectores de la economía.Los bancos y el precio de los bonos también pueden verse afectados por esta situación, si la nueva gestión de Economía no la corta de raíz.
Políticamente, esto contribuyó a la fuerte pérdida de imagen que el gobierno soportó en ciudades de importancia de todo el país en la elección del 28.
La semana pasada, en el tradicional Coloquio de IDEA --convertido, a pesar de los deseos de sus organizadores, en un espacio opositor-- se escuchó decir que lo sucedido en esas grandes ciudades constituyó, en realidad, "un cacerolazo silencioso" contra el gobierno.
Cristina Kirchner comenzará también su gestión con una fuerte impronta ideológica que plasmaron los aumentos a las retenciones a las exportaciones de granos y combutibles.
Es que la decisión le quitó buena parte de la renta a los sectores más beneficiados por los altos precios de exportación.
El gobierno optó por meter manos allí para garantizarle a la caja fiscal más de 10.000 millones de pesos extras.
Lo que quedará por ver es para qué se usará semejante excedente.
Como dijo el ex ministro Lavagna, el aumento de las retenciones "no es una medida mala o buena en si mismo, la cuestión será el destino que se le dará a esos fondos". Sólo el tiempo de Cristina Kirchner en el gobierno lo dirá.
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La repercusión pública que tuvo la designación de Martín Lousteau en el Palacio de Hacienda demostró el espinoso camino por venir en economía a partir del 10 de diciembre.
Cristina Kirchner parece esta atenta a este cambio generacional si se tiene en cuenta no sólo a Lousteau, sino también a Eric Calcagno, Héctor Timmerman, y el gobernador electo de Salta, Juan Manuel Urtubey, entre tantos otros que crecieron bajo su amparo político.



