Sr. Director: Agradezco la publicación de la presente en el espacio de Correo de Lectores.
NADIE TIENE TODA LA VERDAD
Hace unos años participé, mediante la publicación de una carta de lectores en este diario, de una polémica entre dos sectores políticos afines en su ideología pero enfrentados. Opiné sobre el tema en cuestión, tema que, en mayor o menor grado, según como se lo mirara, era de interés para los habitantes de nuestra ciudad. Días después me encontré, de casualidad, con un reconocido y muy querido artista campanense (hoy fallecido) quien me dijo (textual), "Leí su publicación, Hugolina, no gaste pólvora en chimangos".
Pero como soy cabeza dura no le hice caso. Seguí escribiendo (gastando pólvora) cada vez (aunque no siempre) que un tema despertó mi interés, haciendo uso del Art. 14 de la Constitución Nacional que garantiza "mi libertad de expresión y la publicación de mis ideas".
Lamentablemente hay autoritarios que creen que esos derechos son exclusivos para sólo una parte de los ciudadanos (ellos) y son tan soberbios que se creen jueces y condenan a todo aquel que opine distinto (de ellos). Además se toman la atribución de agredir verbalmente y calificar a los demás llegando hasta la calumnia y la amenaza. Me parece que están totalmente confundidos. Adjudican a otros las actitudes, comportamientos y expresiones propios de ellos.
Sus conductas y dichos no me hacen mella, si eso pretenden, ya que mi historia personal y profesional es transparente y bien conocida en Campana. Mi historia anterior no es menos clara. Viví mi niñez y mi adolescencia, junto con mi familia, abocada a la ruda tarea del campo. Así hacíamos patria los chacareros, hoy la siguen haciendo.
Ya adulta, con un título obtenido con mucho sacrificio, honré a mi patria en otra actividad. Me dediqué a la no menos dura pero apasionante tarea de instruir a los futuros ciudadanos, afirmar y acrecentar los valores inculcados en los hogares (hoy no se dan). Recibíamos, a cambio, magros sueldos. Fue siempre así, hasta hoy. Nunca vimos a un "trabajador social" solidarizándose con nuestros reclamos y menos a sindicalistas, siempre comprados, siempre vendidos. Pero recogíamos algo más valioso que el dinero: el afecto de los niños, el reconocimiento de los padres y de la sociedad toda. En mi caso particular tuve un premio extra que me colmó de orgullo. En el año 1998 la Filial Campana de una prestigiosa institución internacional me otorgó una distinción por "mi servicio a la comunidad a través de mi ocupación".
Este gran esfuerzo que vivimos haciendo los profesionales de la docencia, desde Sarmiento para acá, nos permitió lograr una educación de excelencia que fue destruida en los últimos 30 años por gobiernos saqueadores, políticos corruptos, militares golpistas, funcionarios ineptos, sindicalistas traidores.
Así estamos hoy con la peor educación de toda la historia argentina. Muchos creen que hay quienes se benefician con la ignorancia de la gente. Yo también lo creo.
La realidad es que hoy, mientras millones de argentinos esperan un país mejor, con gobernantes cumpliendo con lo que le manda nuestra Constitución (dar educación de calidad, salud, seguridad, justicia independiente para todos, etc), yo estoy gastando pólvora en chimangos.
Creo que necesitamos ¡urgente! unas cuantas clases de cultura cívica. En ninguna cabeza puede caber que todos tenemos que sentir, hacer y decir lo mismo, si no te odio. El odio, compañero inseparable de la intolerancia, es una enfermedad que degrada, corroe y destruye, no nos permite razonar ni escuchar razones.
En cambio el enojo es propio de los que no tienen argumentos válidos para sostener sus posiciones, no permite el diálogo, que no tiene porqué llevar a un acuerdo, pero es más civilizado y muestra que nadie es dueño de la verdad.
Con respecto a una publicación del 25/11 se vertieron allí expresiones que no merecen siquiera ser consideradas, por ridículas y groseras. Igualmente pregunto, ¿Quién decretó que mientras unos pueden expresarse libremente los que disentimos tenemos que cerrar el "hocico"?.
Debo reconocer que me asombra la extraordinaria habilidad que tiene cierta gente para hacer decir a otros lo que no dijeron, hacerlos aparecer como lo que no son y aparecer ellos como que no dijeron lo que sí dijeron y que sí dijeron lo que no dijeron. Parece un destraba lengua pero es así de confuso. También es notable que lo dicen utilizando el discurso de siempre sin cambiar siquiera una coma de su lugar.
Recordé ahora, y para que lo sepan lo cuento. Cuando vivía en el campo era frecuente utilizar este dicho en ciertas ocasiones. Decía "A mí no me asustan tigres ni sombras que se menean".
Para el lugar tenía su significado. Nada importante.
Hugolina Viola
C.I. 9.201.632
Castelli 212
P.D.: Formo parte de la Comisión Directiva de una institución sin fines de lucro. Considero que sería una grave falta de ética y de respeto hacia mis colegas y asociados, que pueden no estar de acuerdo con lo que expreso, firmar mis notas y ampararme bajo nombre de la institución.
Por lo tanto, como me sobra autoridad moral, firmo como simple ciudadana, como lo que soy.



