Cuando se habla de drogadicto generalmente se asocia a violencia, acción escandalosa o muy por el contrario a un pobre pibe/a que terminó así a causa de malas influencias o por padres incontinentes que no han sabido darles su amor cuando lo necesitaban.
Ante los que sostienen la primer postura es muy frecuente escuchar indicaciones tipo recetas, al estilo: "ese chico/a necesita que le pongan límites", "los adictos no tuvieron límites y hay que ponérselos de cualquier forma", "que conozcan los límites de la reja, así aprenden".
Otros más suaves, suelen decir "límites y afecto, es la mejor terapia", o incluso reducen todo a la falta de amor y suponen que brindándoselo, pueden lograr cortar con la adicción de su ser querido.
Esto es desde el sentido común, desde lo que se ve, desde lo que es mostrado. En cambio, desde el saber psicoanalítico, detrás de "esa falta de límites", de ese "actuar impulsivo", de ese "no respeto a la autoridad", hay muchas cosas para escuchar.
En principio es necesario escuchar el caso particular, lo singular que hay en quien consulta. Pero de esas singularidades se pueden extraer factores o aspectos comunes, uno de ellos, es los límites ¿pero de qué límites hablamos?
No hay dudas que los límites los pone la autoridad y son necesarios para vivir. Es necesaria la intervención del padre, que surge como autoridad ante la díada madre-hijo, para que ambos se ubiquen en un lugar distinto: la madre pueda seguir siendo mujer y el hijo sea de los dos, para que de esta manera pueda ir teniendo un lugar propio.
Esto, planteado así parece muy sencillo, pero escuchar como fue vivido, sus vicisitudes, sus consecuencias, es algo que requiere de un saber y lleva su tiempo.
Freud, en "El malestar en la cultura"dice: "No hay dudas que la búsqueda del hombre en la vida es la felicidad, y este objetivo tiene dos fases: por un lado evitar el dolor y el displacer, y por el otro experimentar intensas sensaciones placenteras. En sentido estricto el término felicidad solo se aplica al segundo fin"
Más adelante continúa: "el sufrimiento nos amenaza por tres lados: desde el propio cuerpo, que condenado a la decadencia y a la aniquilación, ni siquiera puede prescindir de los signos de alarma que representan el dolor y la angustia; del mundo exterior, capaz de encarnizarse en nosotros con fuerzas destructoras omnipotentes e implacables; por fin de las relaciones con otros seres humanos. El sufrimiento que emana de esta última fuente quizás nos sea más doloroso que cualquier otro"
De lo que se trata aquí, es de esos primeros otros seres humanos en la vida de todos - que marcan más allá de toda intencionalidad, porque ellos también tuvieron sus "otros" - las maneras de relacionarse con sus semejantes. Esta marca está relacionada con quien tuvo la autoridad y como fue el poner límites.
En los casos de drogadicción, lo que prevaleció, en general, fue la inconsistencia de la autoridad y por consiguiente los límites fueron difusos, nada claros. Llevando a que en el acceso al mundo predomine la acción y no la palabra, y que frente a un estado de angustia se busque salir a través del actuar; transfiriéndolo de esta manera a un otro indiscriminado.
Cuando se produce el encuentro con la droga comienza una relación, que toma las características de un objeto capaz de hacer sentir sensaciones tan fuertes como ninguna otra relación produjo. Parece que eso sí es un más allá del placer y sin necesidad de otro, un semejante. Será a través del propio cuerpo. Esto si que calma, pero la calma será momentánea, fugaz, por eso la necesidad de repetirla y buscar una sustancia más fuerte, más potente, que pueda provocar ese efecto de la primera vez.
Aquí es cuando el adicto hace interrupción en la trama social, y en donde por alguna de sus actuaciones será necesario el límite que pone la autoridad social. Es frecuente escuchar, que ese límite fue buscado para provocar el efecto de la calma, a través de que alguien, no importa quien, se haga cargo de manera efectiva de él.
Pero cuando la búsqueda puede tomar otra característica, es decir pedir ayuda especializada para salir del sufrimiento, entonces podrá estar el encuentro con otro, con cuyo saber surgirá una significación que advendrá de haber escuchado a ese sujeto en su singularidad.
Es un trabajo en el que intervienen dos (en el caso de una psicoterapia) terapeuta-paciente o analista- analizante.
Sobre esta base, donde antes estaban los actos como única posibilidad de salir de la angustia, surgirán las palabras. Señal de un trabajo en conjunto y donde no habrá una técnica del psicoanálisis, si habrá una para cada caso en particular.
Como dijo el poeta: "caminante no hay camino, se hace camino al andar"
Esto transcurre en el ámbito de un tratamiento, pero como no podemos dejar de escuchar lo que se dice afuera, dado que es un tema que está irremediablemente metido en la trama social, del que se ocupan todos o mejor dicho del que todos hablan, me pareció interesante hablar sobre algunas de las respuestas disímiles que da la sociedad sobre dicha problemática, para luego poder pensarlas desde otra perspectiva.
Es así como las frases anteriormente mencionadas "ese chico/a necesita que le pongan límites", "los adictos no tuvieron límites y hay que ponérselos de cualquier forma", "que conozcan los límites de la reja, así aprenden" o necesitan mucho amor" cobran otro significado.
Si bien puede ser que estas frases tengan algo de cierto para algunos casos, no alcanza con que se le pongan límites o se les de amor, ya que sería un actuar precipitado, para dar respuesta a lo que se cree que es el problema, a saber la necesidad. Se actuaría de la misma manera que si el bebé llorara y se le pusiera la teta, cuando en realidad se trata de un dolor que la teta solo calma por un instante y donde el dolor estallaría más tarde con mayor prominencia.
Se trata entonces de un cambio de registro, avanzando más allá de lo que supuestamente necesita la persona adicta, sosteniendo su carencia, alentándolo a hablar de su desnudez, de su historia de vida, lejos de esa papilla asfixiante que impide vocificar lo que se padece, que no es solamente necesidades básicas, límites o amor.
Se hace necesario que la historia sea elaborada porque de lo contrario retornará incesantemente, se repetirá. Permanecer en el mismo lugar o invertirlo, es más de lo mismo, para producir algo diferente, hay que poner la historia a trabajar, percibir como se llegó a ese lugar.
Cabe señalar que la problemática de las adicciones no se reduce a los límites difusos, sino que es mucho más compleja por lo que requiere de sitios especializados para su abordaje.
Lic. Alejandra Bosco
Psicóloga- A.D.U.M.
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