Buenos Aires (Especial de NA por José Calero) -- La decisión del jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, de meter el dedo en una de las llagas más grandes de la Ciudad de Buenos Aires, los hasta ahora intocables cargos partidarios, representó la primera "bomba política" del 2008, y genera incertidumbre en 3 millones de ciudadanos rehenes de un conflicto que promete ser de largo aliento.
Macri asegura haber interpretado el voto popular que lo erigió como jefe de Gobierno hace ya demasiados meses, al no renovar contratos de unas 2.000 personas que desarrollaban tareas dudosas en la órbita de la Ciudad.
La movida, de alto impacto, encontró rápido rechazo entre el aparato sindical, que reaccionó con virulencia aún mayor cuando el líder de PRO subió la apuesta y decidió intervenir la obra social de los municipales, una "caja" sensible en la que el macrismo intentará recalar esta semana, ya que el viernes último se lo impidieron a puro topetazo sindical.
El gobierno, a través del kirchnerismo porteño que regentea el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y el líder de la CGT, Hugo Moyano, enseguida hicieron causa común con las huestes municipales al mando del "histórico" Amadeo Genta, en una jugada a dos puntas. Moyano dio una fuerte señal de lo que es capaz de movilizar un sindicalismo enojado y paralizó el centro porteño con su acto en la Plaza de Mayo en el que denunció un intento de "genocidio laboral", mientras que los diputados kirchneristas ya se preparan para no dar quórum al intento oficialista de tratar la intervención de la obra social municipal en la Legislatura.
Curiosa imagen dio el líder camionero en la histórica Plaza, ya que algunos comentaban con acidez que si bien fue una señal hacia Macri, bastaría con dar vuelta el palco para llevar esa protesta a las propias narices de la Rosada, si el diluido Pacto Social no se traduce en aumentos salariales satisfactorios a partir de marzo.
Pero el jefe de la CGT deberá tener también un oído en la ciudadanía, que viene manteniendo un juicio duro sobre el sindicalismo y cuestiona sus metodologías de protesta, como le tocó padecer en carne propia a Gerardo Martínez, el líder de los obreros de la construcción que debió disculparse por los trastornos provocados por sus protestas hace algunos días.
Con el fenómeno piquetero en retroceso, la protesta callejera sistemática empieza a dar algunos signos de fatiga, que tal vez permitan ingresar en un nuevo tipo de construcción política, más basado en la propuesta que únicamente en el reclamo.
El acto de Moyano contra Macri no hizo olvidar a Cristina que casi el mismo día en que asumió el camionero le buscó marcar la cancha, llegando a mencionar, incluso, la posibilidad de ubicarse en la vereda de enfrente si las exigencias salariales no eran atendidas.
Igual, la movilización gremial sirvió para que las peores pesadillas de la novata dirigencia del PRO -una oposición con apoyo presidencial haciendo la vida imposible a Macri para que no pueda gobernar- reaparecieran en estos calurosos días de inicio de año, donde por unas horas la Casa Rosada pareció correrse del centro de la escena política, para dejarlo aún más en evidencia al ex presidente de Boca.
"No somos futbolistas", bramó desde la Plaza de Mayo el cacique municipal Amadeo Genta, en un discurso que reflejó que la oposición aprovechará discursivamente hasta donde pueda el reciente pasado de Macri como presidente de Boca.
Parece asistirle razón al jefe de Gobierno cuando pretende reordenar el heterogéneo tejido de empleados públicos que tiene la Ciudad, porque apunta a atender el reclamo de la ciudadanía porteña de terminar con los "ñoquis" que durante décadas vinieron engrosando la plantilla comunal y esquilmando los bolsillos de los habitantes de la Ciudad.
Pero la duda es si Macri cuenta con la suficiente "espalda" para sostener semejante audacia, o deberá retroceder algunos pasos y sentarse a "discutir" la medida con el gremio, lo cual podría desgastar en forma prematura su capital político. Mientras las calles porteñas hervían a pocos metros de su despacho, la presidenta Cristina Fernández inició un descanso enEl Calafate, durante el cual buscó mostrarse relajada e incluso sorprendió dedicándose a la jardinería, tal vez para confirmar que la Argentina atraviesa uno de los veranos más tranquilos para el Poder Ejecutivo Nacional de que se tenga memoria.
Con la economía creciendo a pleno y una oposición reducida a su mínima expresión, Cristina parece tener todo bajo control, al menos en esta primera mitad del año, donde seguramente buscará mantener a raya la inflación y, tal vez, avanzar en el frente externo sellando un acuerdo de renegociación de deuda con el Club de París para cuando llegue el invierno.
Casi saltan los tapones
Pero aunque el gobierno se empecine en simular tranquilidad y refleje que no se hace cargo de los desvelos macristas, los temores por la endeble situación energética hacen recordar los severos problemas que padece el país con cada corte de electricidad que se produce a diario en distintos lugares de la geografía.
Ocurrieron durante la misma noche de fin de año -combinados con la inoportuna interrupción del servicio de agua en medio de temperaturas sofocantes- y se repitieron en distintas ciudades, sin llegar a transformarse en apagones pero dejando a miles de argentinos a oscuras durante varias horas.
Incluso, especialistas alertaron que el 2 de enero, cuando la sensación térmica superó los 40 grados, el sistema estuvo a punto de colapsar porque la demanda se ubicó a centímetros de doblegar a la oferta energética, que ronda los 17.500 megavatios.
El hecho de que una buena porción de habitantes de los centros urbanos se hayan ido de vacaciones desempeñó un rol clave para evitar el colapso, y la lluvia y algunas fluctuaciones en la temperatura contribuyeron con el resto.
Pero entre las principales distribuidoras de energía hay temor de que los cableados de muchas cámaras de distribución tengan problemas si vuelven las elevadísimas temperaturas y el riesgo de que buena parte de algunos centros urbanos queden a oscuras es uno de los temores que llegaron para quedarse.
Para afrontar semejante escenario, Cristina, a diferencia de su marido Néstor Kirchner, se mostró más proclive a sincerar al menos en parte las deficiencias en materia energética y lanzó un plan de ahorro que comenzó con el adelantamiento de la hora y sigue con un intento claro de reconvertir el parque de luminarias hogareñas, mediante un "plan canje" con pronóstico incierto.
La idea es distribuir millones de lámparas de bajo consumo, a razón de dos por hogar, y retirar bombitas comunes con el objetivo de destruirlas.
La meta es que la población empiece a acostumbrarse a usar lámparas de bajo consumo, aunque la gran barrera para alcanzar ese fin sigue siendo el excesivo costo, ya que cuestan entre cuatro y cinco veces más que las comunes.
El plan incluirá campañas de concientización sobre el ahorro de energía, en una iniciativa de largo aliento que deberá se complementada con mayores inversiones para incrementar en forma sostenida la oferta energética, única herramienta genuina para dar por superado un problema que es mundial.
Una lectura de la actitud asumida por la presidenta respecto de la energía permitiría vislumbrar cierto deseo de "sinceramiento" de algunas problemáticas por parte del nuevo gobierno, que tendría su correlato también en el desprestigiado índice de costo de vida, que poco a poco podría acercarse más a la "sensación térmica" de la gente.
Así, para este lunes se estima que el INDEC podría admitir una inflación superior al 1 por ciento en diciembre, que respondería en buena parte al boom de ventas para las Fiestas de fin de año, que marcaron un récord.
Febres, Emmanuel y la valija
La sospechosa muerte del represor Héctor Febres sigue disparando sinsabores al gobierno, porque demuestra que hay estadíos del poder que todavía son manejados por sectores que responden a la última dictadura militar, a pesar de que cayó en 1983.
La Justicia consideró que a Febres lo asesinaron para que no hablara sobre los violaciones a los derechos humanos cometidas por la dictadura, y responsabilizó por el crimen a los dos prefectos detenidos por el caso.
Los secretos que tenía Febres en su poder se los hicieron llevar a la tumba, y ahora la incertidumbre sobre la posibilidad
de que se haga Justicia es casi total.
No es el único que debería quitarle el sueño a la presidenta, que debería tomar nota sobre ciertos riesgos de encolumnarse ciegamente detrás de las aventuras del venezolano Hugo Chávez.
El fin loable de rescatar rehenes en manos de una guerrilla cada vez más demencial, como las FARC, habló bien de las intensas gestiones lideradas por Kirchner en plena selva colombiana,
aplaudidas por el brasileño Lula Da Silva, pero queda la duda abierta sobre una jugada que encerró grandes riesgos.
Es que tras el fracaso del operativo rescate y el inmediato retorno de Kirchner al país, quedó la sensación de que el ex presidente se expuso demasiado en el peligroso territorio colombiano, y que el gobierno de Alvaro Uribe temió en algún momento hasta un intento alocado de las FARC de secuestrar al argentino, en lo que hubiese sido su golpe de mayor impacto en casi medio siglo de historia escrita a sangre y fuego.
Por ahora la Operación Emmanuel terminó en fracaso, porque fue devastador el golpe asestado por el gobierno de Uribe a las FARC, al lanzar la "bomba" de que el pequeño nacido en cautiverio de la guerrilla se encuentra, en realidad, en manos del Estado colombiano desde hace tiempo.
La propia guerrilla marxista-leninista liderada por Manuel Marulanda Vélez, alias "Tirofijo", renonoció tardíamente el hecho de que no contaba con los tres rehenes prometidos, sino dos, y así perdió un poco más de credibilidad, para mal humor de Chávez.
No es el único sinsabor que la cercanía con Chávez le deja por estas horas al gobierno argentino: la causa por la valija con 800 mil dólares podría tener avances en los próximos días y la Justicia norteamericana parece decidida a no dejar que se le escape la oportunidad de defenestrar al bolivariano denunciando supuestas operaciones venezolanas de inteligencia en territorio de Estados Unidos.
Mientras eso ocurre, la opinión pública sigue esperando que alguien en el gobierno argentino explique cómo fue posible que en un pequeño avión oficial, rentado por la estatal Enarsa, se haya colado la voluminosa figura de un señor de doble apellido, Guido Alejandro Antonini Wilson, portando una valija de tamaño tan visible como él.
jcalero@noticiasargentinas.com
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La duda es si Macri cuenta con la suficiente "espalda" para sostener semejante audacia, o deberá retroceder algunos pasos y sentarse a "discutir" la medida con el gremio, lo cual podría desgastar en forma prematura su capital político.
Con el fenómeno piquetero en retroceso, la protesta callejera sistemática empieza a dar algunos signos de fatiga, que tal vez permitan ingresar en un nuevo tipo de construcción política, más basado en la propuesta que únicamente en el reclamo.
El hecho de que una buena porción de habitantes de los centros urbanos se hayan ido de vacaciones desempeñó un rol clave para evitar el colapso energético.
La convulsión porteña no impidió al gobierno tomar nota sobre ciertos riesgos de encolumnarse ciegamente detrás de las aventuras del venezolano Hugo Chávez.



