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Llegó, como lo viene haciendo cada dos o tres meses, esta vez antes de las fiestas de la Navidad del año pasado, para compartir recuerdos de instancias vividas juntos a hombres que protagonizaron anécdotas insertas en páginas sociales de nuestra ciudad e intensa y fervorosamente cumplidas en el puerto de Campana, junto a la sede de la Prefectura Naval Argentina, cuando era ineludible la celebración de la Semana del Mar, instituida por la Liga Naval Argentina. Nuestro interlocutor, Reino Santiago Zabala, fue quien precisamente, para fines de la década del ´40, en el siglo anterior, me señala, con un comprensible dejo nostálgico, el avance inexorable del tiempo, en nuestras particulares existencias.
"El tiempo, ese tirano que mata y huye inexorablemente", según Quevedo, nos permitía, tanto a Zabala como a mí, evocar las actividades de Reino Santiago como dependiente de la repartición Campana de la Prefectura, similar de otras tantas dependencias ubicada a lo largo de nuestros extensos ríos y amplio litoral marítimo, vigilante y atenta a la seguridad de sus interminables costas y al cuidado y protección de la vida humana en navegación.
- "De esa época- afirma Zabala- entre tantas personas que trabajaron por la fiesta, recuerdo a mi jefe de entonces, el prefecto principal Salvador Cuomo, al pintor Raúl Russell, al músico Virginio Marziano y a usted mismo, como locutor y periodista ocupado en la organización y difusión de las actividades programadas para el deleite del inmenso público que concurría al muelle fiscal o a las instalaciones del Campana Boat Club".
La voz del relator cobra matices hondamente emotivos, desgranando las trágicas instancias ocurridas el 18 de octubre de 1948, cuando en el puerto explotó el buque Esso Salta: - "Era en las horas del atardecer- dice Zabala- .La tormenta, inclemente en esos momentos, con la furia del viento, había cortado los cables de luz, volteando postes y árboles, no permitiéndose el acceso de cualquier persona extraña a la circunstancia, dada la magnitud de la catástrofe". Asegura, conmovido, nuestro amigo, a quien conocíamos en mérito a nuestras actividades profesionales, con contactos y amistad aún cultivada, fraternalmente, con más de 50 años en un tiempo pletórico de anécdotas que nos permite, aún en los días que corren, añorar juntos muchas horas de nuestra juventud. --"El siniestro dejó un luctuoso saldo de víctimas. Durante las tareas cumplidas en el lugar,- agrega Zabala - tuve la oportunidad de conocer a un oficial de uno de los buques de la misma compañía, don Faustino Garzón, colaborando en el salvataje, a quien pregunté que relación tenía con Ismael, del mismo apellido. La contestación, rápida por cierto, fue escueta, pero firme: Es mi hijo".
-"Yo- continúa nuestro amigo- vivía en la misma cuadra de Ismael, y veía pasar con frecuencia a su señora Elida y su pequeña hijita Graciela, quien con el transcurrir de los años se convirtió en prestigiosa locutora, en Radio El Mundo, participando en uno de mis programas radiales preferidos: "La noche con amigos".Hoy puedo decir con orgullo que todos somos muy amigos".
Dialogando con Zabala cito al periodista y escritor Rodolfo Braceli, uno de mis mejores referentes en el arte de la entrevista, quien recuerda que Gabriel García Márquez le contó que a los 60 años tomó conciencia "de que también se iba a morir". Entonces se me ocurre preguntarle a mi interlocutor: - ¿Usted, mi viejo amigo, que piensa de la vida, la muerte y la amistad?
Zabala, sin hesitaciones, me responde: - "Me paso la vida agradeciendo toda la simpatía y amistad que me brinda la gente que me conoce. Creo que es una riqueza que supe cosechar a lo largo de mi vida. Fueron muchas mis andanzas por casi todo el territorio de nuestra patria. Estuve hasta en los hielos antárticos. Mi familia también siempre me cuidó y supo acompañarme; y entre bromas y recuerdos vivo si temor al más allá. No quiero ver tristes a quienes sé que me quieren.".
"Y cuando me vaya para no regresar-concluye Reino Santiago Zabala - mi alma volará al viento, creo que convertida en copla, para que la canten por las llanuras y los ríos, algo así como una baguala, la que irá trepando hasta la punta de algún cerro y todos entonándola a los cuatro vientos de mi Argentina. Es el sentimiento de un hombre orgulloso de la tierra que lo vio nacer".
El buen amigo se va. Me quedo con un sucesión de imágenes en la que, desdibujados por el tiempo, aparecen los rostros queridos e inolvidables de mi padre marino, don Faustino, Salvador Cuomo, Raúl E. Russell, Virginio Marziano, Pancho Ross, los músicos de la Banda Municipal, y, por supuesto, del suboficial Reino Santiago Zabala, promotor de las anécdotas relatadas.
En la Base Naval Decepción, con el Servicio Nacional de Radiocomunicaciones, como estación de enlace, los integrantes de la repartición cantaron, junto al público ubicado sobre el Muelle Fiscal, luego del anuncio de este locutor, las estrofas del Himno Nacional ejecutado por la Banda Musical de Campana dirigida por don Constantino Medela.
Según pasan los años: …todo ocurrió cuando ya finalizaba la década del ´40.



