Buenos Aires, (Especial para NA por Luis A. Gramuglia)- Cambios parciales e insatisfactorios para el interés nacional decidieron introducir en la política agrícola común (PAC) los ministros de Agricultura de la Unión Europea a instancias del comisario agrícola, Franz Fischler.
Básicamente la reforma propicia dejar de incentivar los aumentos de producción a partir de 2005. No habla, en cambio, de reducir los precios sostén de cereales y oleaginosas.
El acuerdo se alcanzó luego de intensas negociaciones que tuvieron lugar en Luxemburgo. Francia, naturalmente, fue el país que más se opuso a la iniciativa de Fischler, aunque para atenuar su intransigencia recibió algunas concesiones.
El funcionario comunitario dijo que "estamos enviando un mensaje al mundo de que tenemos una política más proclive al comercio".
La U.E. Destina unos 47 mil millones de dólares, la mitad del presupuesto comunitario, a subisidar a sus productores.
De todos modos, aquí el funcionario de la Secretaría de Agricultura, Gustavo Idígoras advirtió que si la UE no hace otras concesiones, "la Argentina no firmará el acuerdo agrícola en la Organización Mundial de Comercio porque queremos condiciones más favorables para nuestros productos".
El tema por su significación no es nuevo. Durante la década del ´90, cuando Felipe Solá era titular de esa Secretaría, fueron insistentes los reclamos argentinos ante los foros internacionales para reducir o, lisa y llanamente, eliminar, los subsidios a la producción y a la exportación que imponen los países industrializados.
A la luz de lo que está ocurriendo, los intentos resultaron vanos pues no se logró un acuerdo consistente para suprimir tales trabas.
Ni siquiera el Grupo Cairns que integran, entre otros, la Argentina, Brasil, Australia y EE.UU., Logró modificar un rumbo que distorsiona claramente el comercio internacional.
Seguramente este punto será uno de los que el presidente Néstor Kirchner incluirá en su agenda cuando realice una gira por Europa el mes próximo.
Kirchner tiene previsto viajar a Londres, París, Madrid y Bruselas (podría incluirse Lisboa) para reunirse con los líderes europeos en esas capitales.
Desde la U.E. Se enviaron mensajes claramente auspiciosos en el sentido que este bloque dará su apoyo a la Argentina en la lucha entablada contra la exclusión social.
El titular de la U.E., Romando Prodi, en diálogo telefónico con Kirchner, destacó el valor estratégico que tienen las negociaciones entre la comunidad y el MERCOSUR y vaticinó un incremento del comercio entre ambas regiones.
La significación del mensaje no puede ser desestimado, en momentos en que el mandatario argentino puso énfasis en su deseo de impulsar la producción nacional.
El complejo agro-industrial constituye uno de los pilares de la economía nacional y tiene inmejorables condiciones para alcanzar niveles de desarrollo superiores.
Si la Argentina se propone dar valor agregado a su producción primaria, ese complejo será una palanca insustituible del crecimiento económico. Entonces, sí, podrá articularse una más justa distribución de la riqueza que termine con la marginación y la pobreza en la que están sumidos millones de argentinos.
Por cierto, no será un proceso fácil. Tras décadas de aplicación de infortunados modelos económicos, ahora estamos pagando las consecuencias.
Afortunadamente, existe una conciencia bastante generalizada en el sentido de que hay cosas que no pueden volver a repetirse aunque, de todas maneras, hay que ser precavidos para no ilusionarse vanamente.
El campo está allí; siempre listo para proveer alimentos en calidad y cantidad. Pero hay que incorporar, insistimos, valor agregado porque esto supone ampliar las fuentes de trabajo y, por consiguiente, bajar los índices de desocupación a través de la creación de empleo legítimo.



