Como lo expresábamos en el artículo anterior, los seres humanos hemos disfrutado de la compañía de los animales desde tiempos prehistóricos. La pregunta que surge es ¿Por qué compartimos nuestra vida con ellos? Hoy en día, optamos por incluir a los animales en nuestras familias por distintos motivos, entre ellos, porque aplacan un sentimiento de soledad, porque brindan cariño incondicional, porque son seres a quienes hay que cuidar y por lo tanto nos hacen sentir que somos necesitados. Para muchas personas, incluso, la tenencia de una mascota tiene un valor terapéutico.
Con el tiempo, los animales se han convertido en miembros de la comunidad social humana, en compañeros cazadores, recolectores del ganado, guardianes y confidentes.
El vínculo que ha existido durante siglos entre las personas y los animales ha satisfecho una gran variedad de necesidades humanas. En un primer momento, como lo hemos mencionado, la relación se describía en la frase "tú me alimentas de día, yo te cuido de noche". Más tarde la relación humano-animal evolucionó para satisfacer necesidades psicológicas más elevadas de seguridad y compañía, además del mutuo afecto. Este pasaje se ha llevado a cabo debido a los grandes cambios culturales ocurridos en nuestro estilo de vida, donde ha aumentado la importancia del animal como compañero.
Históricamente, tener animales domésticos ha sido un fenómeno universal. Tener animales fue común entre las clases que ostentaban el poder en la Antigua Grecia y Roma, en realidad en casi toda Europa, China, Japón y África. Durante el Siglo XIX la tenencia de mascotas se expandió a otras clases sociales, aunque es posible que antes de ese tiempo, las clases más pobres ya hubieran compartido sus hogares con los animales. Cierta anécdota cuenta que Napoleón dos Mastínes Napolitanos a los cual es apreciaba muchísimo. Napoleón decía que los perros de esa raza tenían una conciencia innata y sensible para reconocer amigos de enemigos. Así fue como Napoleón, cada vez que recibía personas en su palacio se presentaba con sus perros, los enormes canes le mostraban a su dueño quienes estaban allí para hacerle daño. Dicen que aquellos Mastínes jamás se equivocaron, salvando al Emperador de aquellos que querían matarlo. Como esta anécdota encontramos muchas más a lo largo de la historia, animales domésticos cumpliendo un papel más que importante en la vida de sus dueños.
Se piensa que el perro es el más antiguo de los animales domésticos. El Psicólogo Gunter Barrie en su libro, "Animales domésticos, Psicología de sus dueños", señala que existen restos fósiles de 500.000 años de antigüedad que prueban que el Homo Erectus se asociaba con un animal similar al lobo. Los indicios de la domesticación del perro se remontan a más de 12.000 años. Se han descrito hallazgos arqueológicos de 12.000 años de antigüedad procedentes de una tribu de cazadores-recolectores en Israel, entre los que se descubrió un cachorro enterrado con los restos de un humano que tenía la mano alrededor del perro. Esto indica que en este caso existía una relación afectiva entre el humano y el animal. Posteriormente, han salido a la luz descubrimientos de 10.000 años de antigüedad en Estados Unidos, de 9.000 años en Dinamarca y el Reino Unido y de 7.000 años en China.
Actualmente nuestras vidas se ven aceleradas, vivimos en un mundo donde el estrés es un denominador común, estamos inmersos en la era de Internet. En este contexto, la importancia que hoy adquieren los animales, podría estar relacionada con el hecho de que nos recuerdan a nuestros propios orígenes animales, volviéndonos a poner en contacto con la naturaleza, debido a que en los tiempos que corren, a veces olvidamos nuestras raíces biológicas. Estar en contacto con un animal, en un marco natural, reduce los niveles de estrés e hipertensión, entre otros beneficios. Los que trabajamos con Zooterapia lo sabemos y lo vivimos constantemente a través de nuestros pacientes, y por qué no en nosotros mismos.
(*) Médico Veterinario y Asesor Psicóloga y Zooterapeuta



