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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 29/jun/2003 de La Auténtica Defensa.

Cara o Ceca: 
Envejecer es obligatorio, crecer es opcional  
Por: Lic. Patricia Katz. Lic. Sebastián Terrizzano




Hace un par de semanas recibimos esta historia que nos mandara un lector, con un pedido; que la publicáramos si nos era de utilidad. Nos encantó. Por eso aquí va. Gracias "D": "El primer día de clase nuestro profesor se presentó a los alumnos y nos desafió a que nos presentásemos a alguien que no conociésemos todavía. Me quedé de pie para mirar alrededor cuando una mano suave tocó mi hombro. Miré para atrás y vi a una señora, viejecita y arrugada, sonriéndome radiante, con una sonrisa que iluminaba todo su ser.

Dijo: - «Hey, bonitazo, mi nombre es Rosa. Tengo ochenta y siete años... ¿Puedo darte un abrazo?». Me reí y respondí: - «¡Claro que puede!"...... y ella me dio un gigantesco apretón. -»¿Por qué está usted en la facultad en tan tierna e inocente edad?», pregunté. Respondió juguetona: - «Estoy aquí para encontrar un marido rico, casarme, tener un casal de hijos y entonces jubilarme y viajar». - «Está bromeando», le dije. Yo estaba curioso por saber la causa que la había motivado a entrar en este desafío con su edad, y ella dijo: - «Siempre soñé con tener estudios universitarios, ¡y ahora estoy teniendo uno!» . Después de clase caminamos hasta el edificio de la unión de estudiantes, y dividimos un «milkshake» de chocolate. Nos hicimos amigos instantáneamente. Todos los días en los siguientes tres meses teníamos clase juntos y hablábamos sin parar. Yo me quedaba en éxtasis oyendo aquella «máquina del tiempo» compartir su experiencia y sabiduría conmigo. En el curso de un año, Rosa se volvió un ícono en el campus universitario y hacía amigos fácilmente dondequiera que fuera. Adoraba vestirse bien, y se reflejaba en la atención que le daban los otros estudiantes. Estaba disfrutando la vida... Al fin del semestre invitamos a Rosa a hablar en nuestro banquete de fútbol. Fue presentada y se aproximó al podium. Cuando comenzó a leer su charla preparada, dejó caer tres de las cinco hojas al suelo. Frustrada y un poco embarazada, tomó el micrófono y dijo simplemente: - «Discúlpenme, ¡estoy tan nerviosa! ... «Nunca conseguiré colocar mis papeles en orden de nuevo, así que déjenme apenas hablarles sobre aquello que sé». Mientras reíamos, ella despejó su garganta y comenzó: - «No dejamos de jugar porque envejecemos, envejecemos porque dejamos de jugar».

Existen solamente cuatro secretos para que continuemos jóvenes, felices y obteniendo éxito: Se necesita reír y encontrar humor en cada día. Se necesita tener un sueño, pues cuando se pierden, uno se muere... ¡Hay tantas personas caminando por ahí que están muertas y ni siquiera lo sospechan!. Hay una enorme diferencia entre envejecer y crecer... Si usted tiene diecinueve años y se queda tirado en la cama por un año entero, sin hacer algo productivo, terminará con veinte años... Si yo tengo ochenta y siete años y me quedo en la cama por un año y no hago cosa alguna, quedaré con ochenta y ocho años... Cualquiera consigue quedar más viejo.

Eso no exige talento ni habilidad... La idea es crecer a través de la vida y encontrar siempre oportunidad en la novedad. Los viejos generalmente no se arrepienten por aquello que hicieron, sino por aquellas cosas que dejaron de hacer. Las únicas personas que tienen miedo de la muerte son aquellas que tienen «remordimientos»... Al fin de ese año, Rosa terminó el último año de la facultad que comenzó tantos años atrás. Una semana después de recibirse, Rosa murió tranquilamente durante el sueño. Más de dos mil alumnos de la facultad fueron a su funeral en tributo a la maravillosa mujer que enseñó, a través del ejemplo, que «nunca es demasiado tarde para ser todo aquello que uno puede probablemente ser».

Para comentarios y sugerencias escribir al e- mail: caraoceca@hotmail.com


 
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