"El carácter, no digo de la poesía, sino de la fábula mítica es la consagración de los lugares únicos, ligados a un hecho, a una gesta, a un acontecimiento.
"A un lugar entre todos se le asigna un significado absoluto, aislándolo en el mundo (...) Así retornan a la memoria de cado uno los lugares de la infancia; en ellos ocurrieron cosas que los hicieron únicos y los entresacan del resto del mundo con ese sello mítico", esto dicho por Césare Pavese.
Y es en ese lugar precioso e inquietante ubicada en la infancia-pubertad es donde brotan estos poemas de Oscar Alberto Serrano (...), un espacio donde junto a los campos de girasoles podemos registrar hierbas de potente aroma, insectos pertinaces, animales muertos, tallos que se pudren para que la vida siga... Y en medio de este eterno retorno de la naturaleza, nos encontramos con ese niño frente a la inminencia de algo nuevo y desconocido, adivinando quizás lo que se agita dentro de él y lo confunde, al tiempo que le advierte que es uno más dentro de esa fuerza natural y potente.
En el interior del campo de girasoles
el aire caliente se cuela como un intruso
y denuncia el extraño complot de las cosas aguardando al [acecho su pubertad...
y no lejos, la casa de la abuela "como el extremo de un dolmen tranquilizador y siniestro". Síntesis entre la acuciante demanda puberal y la normativa con que los adultos la sujetan. Y así, entre asustado y gozoso, fluctúa de un mundo a otro, guiado a veces por preceptivas familiares: "este muchacho virgen que teme las reconvenciones de su abuela" o impulsado por las múltiples fuerzas naturales que tienen sus propias normas:
"me lo advirtieron esa vez las moscas ángeles aprovechados con sus huevos aciagos sobre la liebre muerta por el tren.
Hubo también otros avisos y yo, con desazón, tomaba nota, sin poder eludir, ni abjurar de mi destino...
En medio del susurro de la luminosidad era observado, revisado y probado mi valor.
Los jueces fueron los múltiples ojos en el pasto o en los agrisados muros de los graneros con sus nidos de gorriones y búhos.
Ellos y sólo ellos consintieron mi impavidez más allá del universo de la abuela.
Por lo que sé, me consta, luego de aquel dictamen favorable, sumieron al pueblo en el sopor de la siesta, y lo dejaron así dormido por cien años.
Los lugares cobran una significación mítica dentro del mundo poético de Serrano; es que "en ellos --citamos a Cesare Pavese-- ocurrieron cosas que los hicieron únicos y los entresacan del resto del mundo con ese sello mítico. (...) Y luego estas formas primordiales se enriquecieron aún más con los sedimentos sucesivos del recuerdo... "
Así, ese lugar y ese momento se cargan de un fuerte contenido simbólico, que lleva a ese manifestarse de las cosas a una categoría de único y absoluto, en el cual se instalarán luego las sucesivas impresiones y redescubrimientos afectivos. Y este libro es el trabajo del autor por reflotar ese fondo oscuro y apropiárselo desde el poema.



