Sin "rasguñar paredes" llegamos a cumplir nuestro primer mes junto al nuevo presidente de la nación: Néstor Kirchner. Aunque es un poco apresurado sacar conclusiones del actual gobierno teniendo en cuenta el poco tiempo de su mandato, nadie hubiera pensado nunca el contraste que éste tendría con la presidencia anterior. Hasta me atrevería a calificarlo como un hombre hiperactivo -claro, siempre comparado con el último representante de la Argentina-.
Desde sus primeros días en Casa de Gobierno, se diferenció drásticamente de De la Rúa con su postura de "funcionario activo" y su actitud de principio de cambios. Reúne casi todas las cualidades que necesita poseer un "buen presidente". Maneja bien su imagen pública, prensa, sabe cómo exponerse; en definitiva, da una imagen acertada a los miles de argentinos que esperan que se tropiece una vez para empezar a tildarlo de corrupto, ladrón, u otras, que tiñen a la mayoría de las personas que alguna vez ocuparon un puesto de poder en este país.
Estoy segura que una de las decisiones gubernamentales que más nos movilizó y nos empuja a creer que existe algún tipo de esperanza de "limpiar" Argentina de toda la basura que nos asfixia, fue la "vuelta a la carga" en el oscuro tema de la Corte Suprema de Justicia. Y el milagro se transformó en una esperada renuncia. Día viernes, la noticia se hizo sentir como el ansiado paraguas en uno de estos últimos días tormentosos. Y según datos oficiales "van por más", no se quedarán con la única deserción del presidente de la Corte, ahora su sed de justicia se agravó mucho más; eso, o desean seguir con el plan de "hacer buena letra" frente a los revoltosos ciudadanos -que somos todos los que creemos que nuestros derechos no se reflejan en los actos-.
Claro, en este momento Nazarero es sinónimo de mala palabra -en realidad hace mucho tiempo que este hombre no significa transmisión de buenas ondas-, y el nuevo jefe de estado de ha convertido en un hada madrina que todo lo toca con su varita, bañándonos de una dulce ilusión. Está en cada uno de nosotros creernos el cuentito, meternos a la boca del lobo, o tirarnos a la pileta sin salvavidas.
No quiero dar la sensación de ser una persona "amarga", pesimista; me sentiría satisfactoriamente al saber que todos nosotros no olvidamos los malos augurios que nos hicieron pasar durante décadas la gran mayoría de los desgraciados que se hacían pasar por gente honesta. Por otro lado, doy mis más sentidas felicitaciones al nuevo jefe de gobierno, que al hacer su trabajo tal y como corresponde, dibuja en el pueblo una estela de confianza, que vale recalcar. Así que le doy un par de puntos a Néstor, acordándome siempre que no es nada extraordinario lo que hace, sino que es lo que hace mucho que este país no ve: un poquitito de responsabilidad -ya sea por sincero ciudadano, o por mero interés personal-.
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