LA PLATA, (Especial de AIBA). Las políticas, inobjetablemente progresistas, que lleva adelante el presidente Néstor Kirchner, parecen haber confundido a la dirigencia argentina. En especial a algunos de los ´kirchneristas´ de la primera hora, que creen estar viviendo un revival setentista, soñando con concretar aquello que popularizó la chilena Violeta Parra cuando cantaba ´volver a los 17´.
Con premura casi adolescente y con cierta ingenuidad, procuran forzar decisiones políticas alejadas de una lectura adecuada de la realidad. ´No te preocupes, es sólo acné juvenil´, afirmó un veterano y avezado analista de la política y sus actores. Con lo cual estaba dando un dato que es compartido por gran parte de los dirigentes justicialistas, esto es que si bien algunos de estos ´adolescentes´ gozan de la confianza del Presidente, de ninguna manera éste va a ´comprar´ conflictos apresurados.
Mucho menos si esos conflictos le pueden complicar prematuramente la relación con los legisladores, con los gobernadores o con la influyente dirigencia del PJ bonaerense. Es claro –y lógico- que él intentará incluir en las listas de candidatos a hombres de su entera confianza, pero no forzará esas inclusiones si ellas conllevan rispideces ostensibles.
A pesar de ello, algunos de los ´kirchneristas de paladar negro´ –los que apostaron por el santacruceño desde que lanzara su candidatura presidencial-, como el bonaerense Eduardo
Sigal, insisten en la vieja estrategia de anotarse para ´lo máximo´ –para Gobernador, en el caso del ex senador provincial— para ´aumentar su precio´ y así negociar algún lugar expectante en las listas de candidatos a legisladores.
Esta situación se reproduce en diversas provincias y tiene su epicentro mediático en el neto desacuerdo que existe entre el Presidente y el oficialismo del PJ en torno de la candidatura a Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Kirchner apoya sin demasiada reserva a Aníbal Ibarra –también fue de los primeros en respaldar al actual Presidente-, mientras que el Justicialismo porteño –¿y el bonaerense?— apuesta por Mauricio Macri.
Aquellos que viven presagiando la fractura definitiva del peronismo, los que apostaban, incluso, a que la derrota de Carlos Menem representara un quiebre tal que dividiera al PJ en menemistas y no menemistas, ahora creen que existen todos los ingredientes para que se produzca ´la gran batalla´ entre Kirchner y Duhalde. Batalla que –sueñan- haría saltar al Justicialismo por los aires. Sin embargo el propio Duhalde, desde el exterior, ha dejado trascender que de ninguna manera generará enfrentamientos con el Presidente.
En una muestra de madurez política que pocos le reconocían, el ex Presidente tomó distancia del país en los primeros días de la nueva gestión, autoexcluyéndose de constituir un polo referencial en Lomas de Zamora, especialmente de aquellos duhaldistas que ven con preocupación ´el ataque de acné juvenil´ que sufren algunos kirchneristas nostálgicos de los años ´70 y de las utopías de aquella época.
Duhalde sabe, como nadie, que más allá de su propósito o vocación, es un referente del PJ y que sigue siendo –para la mayoría— el líder del peronismo bonaerense. Y que el único modo de evitar instalarse como el receptor de las quejas y reclamos de quienes quieren situarlo como árbitro de las decisiones políticas y partidarias, es mantener cierta distancia física de los acontecimientos.
Todos los datos indican que esa será una conducta que mantendrá férreamente. A la vez, como contrapartida, el presidente Kirchner da señales en el mismo sentido. Legítimamente intentará poner a hombres de su confianza en todos los lugares que sea posible, para consolidar un polo partidario propio. Pero lo hará poniéndose ciertos límites, como el de evitar enfrentamientos desgastantes o el de no volver a poner al PJ al borde de la ruptura.
Es decir, continuará intentando fortalecerse pero evitará abocarse por entero a esa cuestión –que en algunas situaciones se torna ríspida-, porque sabe que el eje de ese fortalecimiento y consolidación es la gestión de gobierno.
Si los trascendidos sobre las posturas del Presidente y de su antecesor –que fue quien con su apoyo resultó decisivo para que Kirchner ocupara la Primera Magistratura del país- son ciertos, la relación política será adulta y transcurrirá por los carriles normales que la mayoría de la población desea. Y no hay nada en ellos que deje entrever lo contrario. Sólo en aquellos del ´acné juvenil´ y de los quejosos del duhaldismo. Que no son mayoría.
Las elecciones locales, que comenzaron con el importante triunfo de De la Sota en Córdoba y continuaron con la victoria de Alperovich en Tucumán y la derrota de Manfredotti en Tierra del Fuego, se seguirán sucediendo y van a ir determinando nuevos liderazgos regionales o vigorizando los que estaban vigentes. La definición de la ya mencionada pulseada Ibarra-Macri dará una señal claro del rumbo que toma el singular electorado capitalino.
En tanto que la resolución de la cuestión electoral en Santa Fe, con un posible candidato del riñón del gobernador Reutemann (Hammerich), otro que tiene más afinidad con el
Presidente (Obeid) y un tercero en discordia (el socialista Binner) que procura dar señales del presunto apoyo presidencial, dará para la lectura de cómo habrá de continuar la confusa relación Kirchner-Reutemann.
En la importantísima elección bonaerense es claro favorito el gobernador Felipe Solá, a pesar de algunos hechos relacionados con la seguridad sospechosamente cercanos a ciertas fechas (el aniversario del asesinato de los piqueteros, por ejemplo) o a la campaña electoral, mientras que se advierte un fuerte bajón en la intención de voto de Aldo Rico, cuya presunta alianza con Luis Patti parece ser sólo fruto de una elucubración gratuita y no de un serio análisis del nada cordial trato entre ambos ex uniformados.
La previsible renuncia de Julio Nazareno ha marcado un quiebre en la crucial relación Poder Ejecutivo-Poder Judicial. Y ha representado un significativo éxito presidencial. Que lo alienta para seguir en su cruzada renovadora en otros ámbitos, como el PAMI y la SIDE.
La expectativa popular es ampliamente positiva. Los próximos meses dirán si el Presidente responde con hechos a esa esperanza, porque la población confía en que produzca medidas que impulsen el crecimiento y generen fuente de trabajo. Es de esperar que ´el acné juvenil´ no frustre esa confianza.



