¿Cuáles son las razones que llevan a enojarnos? ¿Podemos hacer algo al respecto?
En ocasiones el enojo es un mecanismo de defensa, una máscara que oculta debilidad. Muchos gesticulan o agreden intentando disimular su incapacidad para afrontar determinadas situaciones.
Otras veces está relacionado a la educación recibida. Las personas que se enojan fácilmente suelen provenir de familias caóticas o sumamente estructuradas. En ambos casos no son familias hábiles en la comunicación emocional.
Más allá de estas causas, existen situaciones específicas que resultan fuentes de enojo. Y a cada persona le afectan de manera particular. Por ejemplo las frustraciones, no alcanzar metas propuestas. Pequeños incidentes como perder una llave. Sufrir provocaciones, verbales o no. Padecer o presenciar injusticias. Recibir amenazas, no sólo a nuestra persona o familia sino a nuestro status.
Ser estafados en nuestra confianza y honradez. Sentir culpa, enojarnos con nosotros por haber obrado mal; o bien tener arrebatos de enojo para distraer la atención.
Para evitar situaciones incómodas o dañinas es importante analizar las circunstancias que nos hacen enojar. Buscar un patrón de enojo. Quizá sea presenciar una injusticia, la incomprensión, falta de afecto o que alguien quiera aventajarse. Identificar las situaciones disparadoras de enojo permite anticipar comportamientos diferentes para esas circunstancias. Por ejemplo, llamarse a silencio, retirarse en busca de calma, detener y analizar los pensamientos, practicar ejercicios de relajación.
La Biblia dice: "La prudencia consiste en refrenar el enojo".
Dios no habla de tener una postura sumisa o callar los desacuerdos, sino de mejorar las expresiones de enojo. Ello mejora nuestra salud, nuestras relaciones y el bienestar general de la vida.
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